A continuación compartimos la homilía del Arzobispo Metropolitano, Monseñor Edmundo Valenzuela de Nochebueba del sábado 24 de diciembre de 2016.

Hermanos en Cristo Jesús

Esta noche es la conmemoración del Nacimiento del Hijo de Dios y el Hijo María que nos reúne en una única familia festiva y agradecida. Somos hijos e hijas de Dios por el gran Amor misericordioso que Dios Padre tiene con la humanidad enviándonos a su Hijo como nuestro Salvador y nuestro Amigo. Como nos dijo la primera lectura de Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció”. Ese pueblo somos nosotros. Para nosotros la luz del pesebre, del árbol de la navidad, la luz de esta Eucaristía acrecienta nuestra fe y nos dispone a saber amar con solidaridad.

Necesitamos volver nuestra mirada al acontecimiento que celebramos, a partir de nuestra realidad nacional y eclesial. Dejemos que esos ojos limpios y hermosos del Niño Jesús, en el pesebre, nos mire con su cariño entrañable. “Apareció la bondad de Dios en la tierra”. Su cumplió la promesa del “Emanuel” Dios con nosotros.

Como nos cuenta un Padre de la Iglesia de los primeros siglos: “Hoy nos ha nacido el Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida” (San Juan Crisóstomos).

Esta solemnidad nos permite revisar nuestro corazón, lugar donde como un hermoso pesebre vuelve a nacer el Niño Dios. El corazón es nuestra intimidad donde la voz de Dios resuena con fuerza. “Del corazón salen las cosas buenas y las malas”.

En el Evangelio se ha rememorado el acontecimiento mayor de la historia humana, el nacimiento del Salvador. “Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto  y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.

Es verdad que nuestra Madre María Santísima sigue buscando que su Hijo encuentre un pesebre donde nacer nuevamente su Hijo Jesús, el Hijo de Dios Padre. Ella está toda para Dios, cumplir su voluntad, en la obediencia de la fe, nos ayuda a engendrar con su ejemplo a su Hijo en lo más profundo y hermoso de cada uno, en nuestro corazón.

Celebramos con alegría todo lo hecho hacia una parcela de la sociedad, como la de los Bañados. Es admirable la construcción en el Barrio San Francisco, para las familias de la Chacarita y algunas de la zona de Zeballos Cué. Un modelo poblacional en redes y con resultado a la vista como la auténtica solución para los Bañados del norte y del sur, convirtiéndolos en barrios modernos, con sus medios propios en todos los niveles de la vida humana. El Estado tiene que garantizar el futuro de ofrecer a las familias bañadenses lo mejor de un centro poblacional hermoso.

Igualmente los inmensos emprendimientos a nivel social, económico, cultural que surgen de la buena política para mejorar el bien común, la vida de los más pobres y la dignificación de la persona humana y de sus familias. Debemos celebrar agradecidos todo logro realizado a favor de la vida, la salud, la educación, el techo, el trabajo, y la tierra que permita a la familia paraguaya esperanza y paz. Son tan numerosos, por cierto, que los medios de comunicación los deberían  de evidenciar mucho más. Todo lo que ustedes hagan por estos mis hermanos más necesitados, dice Jesús, por mi lo hacen (Mat 25).

Hemos comenzado el tienio dedicado a los jóvenes, y con ellos celebraremos el Congreso Eucarístico arquidiocesano, en memoria de los 80 y 50 años de los Congresos Eucarísticos anteriores y de los 470 años de la creación del Primer Obispado en el Río de la Plata. Indiscutiblemente el Primado de los otros obispados de la región corresponde a Asunción.

Con los jóvenes, recojamos el corazón de quienes con gratitud, libertad y mucho amor hacen nacer a Jesús. Gracias a sus padres, en la familia estos jóvenes son generosos, abiertos, disponibles al sacrificio y a la lucha por la vida, la verdad y la justicia, y en las parroquias se unen en grupos juveniles para testimoniar el Evangelio, con las obras de misericordia hacia otros jóvenes, conduciéndolos a la Buena Nueva de Jesús. Él es el samaritano a los pecadores y marginados, perdonándoles sus pecados y devolviéndoles la dignidad de hijos e hijas de Dios, mediante nuestra conversión y una vida cada vez más santa.

Agradecemos a Dios, en esta Noche Buena porque durante el trienio de la juventud, será una tarea para todos.  Nos ocuparemos para mejorar su educación humano-cristiana y sus vidas, a la luz del amor misericordioso del Padre, que brota de la muerte y resurrección de Jesús.

En la segunda lectura se nos invitaba “a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza”

Por eso, no podemos dejar de mencionar el corazón de quienes buscan las apetencias del mundo, los placeres y las diversiones egoístas, los que adoran el dinero y le rinden culto por encima de la justicia y de la verdad. Los que con el poder y el dinero subyugan a otros según su capricho y su dinero. Los que con el placer del sexo sin responsabilidad, rechazan la vida naciente y practican el horrendo crimen del aborto o la eutanasia. Quienes no buscando el amor fiel y duradero del matrimonio cristiano rompen su alianza, o quienes, desorientados por las ideologías de género, intentan implantar un lobby contra la sexualidad humana de varón y mujer. Quienes trafican con la droga ojalá que no sea con apoyo de las autoridades. No condenemos la vida de los niños y jóvenes a la triste soledad de adicto, salvémosle no sólo en su recuperación de la adicción, sino en la prevención del tráfico de drogas a nivel nacional e internacional.

Por todos ellos, nuestra oración de esta Noche Buena, se dirige al Niño Dios pidiendo por su conversión, para que brille en ellos la luz de la vida, de la verdad y de la justicia en sus corazones.

Es preciso, por tanto, que el nuevo nacimiento de Jesús se realice en el pesebre personal del corazón de cada uno de nosotros. Dejemos que el amor maternal de María quien vio nacer a su hijo en el pesebre, encuentre nuestro corazón disponible y en paz para que en nuestro corazón nazca su Hijo mediante el Sacramento de la Eucaristía y el compromiso de saber amar solidario.

Amén.

¿en esos corazones habrá lugar para el nacimiento de Jesús? Sí, y Jesús quiere nacer en el corazón de hasta quien se considere el mayor de los pecadores. Basta escuchar su voz “conviértanse” “he venido no para los justos sino para los pecadores”.