Santo Padre:
Me uno también a los agradecimientos por la publicación de su primera encíclica, Magnifica Humanitas. En ella, Su Santidad nos recuerda que el verdadero progreso solo es auténtico cuando coloca en el centro la dignidad inviolable de toda persona humana, ofreciendo una valiosa orientación para afrontar los desafíos de la inteligencia artificial.
Me ha conmovido especialmente el número 50, donde Su Santidad nos recuerda que la dignidad de toda persona no depende de sus capacidades, de su condición o de su utilidad, sino que es un don recibido de Dios.
Esta verdad desafía a toda la Iglesia a colocar siempre a la persona humana en el centro de su misión evangelizadora. También nos interpela a asegurar que la inteligencia artificial permanezca siempre al servicio de la persona, especialmente frente a los riesgos de la manipulación, la explotación, el control indebido y las nuevas formas de vulnerabilidad que pueden afectar a los niños, las niñas y los adultos en situación de vulnerabilidad. Este principio inspira y sostiene una auténtica Cultura del Cuidado.
Cuando Su Santidad afirma, en el número 114 de la Encíclica que ”la calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer”, nos brinda un criterio fundamental para orientar el desarrollo tecnológico.
La inteligencia artificial puede aportar beneficios extraordinarios para la educación, la salud, la comunicación y la prevención; pero nunca debe sustituir el discernimiento moral, la responsabilidad humana ni desplazar la centralidad de la persona.
Considero que la inteligencia artificial puede convertirse también en una valiosa aliada para la Protección de los niños, las niñas y los adultos en situación de vulnerabilidad, fortaleciendo la formación, favoreciendo la detección temprana de riesgos, ayudando a crear entornos digitales más seguros y promoviendo una mayor transparencia y responsabilidad.
Sin embargo, ninguna tecnología podrá reemplazar la cercanía, la escucha, la compasión ni el discernimiento pastoral. Solo será verdaderamente útil si permanece al servicio de la persona humana. De este modo, la Civilización del Amor que Su Santidad nos propone podrá traducirse en una verdadera Cultura del Cuidado, que proteja, acompañe y promueva la dignidad de toda persona, especialmente de los más vulnerables.
Santo Padre: le agradecemos esta luminosa encíclica. Ella nos anima a asumir con esperanza los desafíos de nuestro tiempo y a utilizar responsablemente la inteligencia artificial para proteger mejor a las personas más vulnerables.
Que, guiados por su magisterio, sepamos consolidar una verdadera Cultura del Cuidado, fortalecer la Protección de los niños, las niñas y los adultos en situación de vulnerabilidad y contribuir, con humildad y decisión, a que la Civilización del Amor se haga visible en nuestras comunidades, para que el desarrollo tecnológico esté siempre al servicio del Evangelio, de la dignidad humana y del bien común.
Muchas gracias, Santo Padre.
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