Evangelio de hoy

LUNES DE LA SEMANA I DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Evangelio según San Marcos 1, 14-20

“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”

Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.

Meditación

Cuando leemos la llamada de los apóstoles, como hoy que Jesús se encuentra a Simón Pedro y a su hermano Andrés, les dice: ‘síganme, los haré pescadores de hombres’, podríamos pensar que solo para los que tienen un llamado al sacerdocio o a la vida consagrada, pero se equivocan. Cristo llama, es verdad, a algunos, como a mí, nos pide que lo dejemos todo para dedicarnos por completo a su servicio. Pero a ti y a mí, como bautizados, también nos llama. Y Cristo sigue llamando como hace dos mil años y me atrevería a decir que hoy llama con más fuerza que antes.

Nos llama a ser pescadores de hombres; sí, a pescar. La única manera de atraer hombres a que nos sigan es a través del testimonio. Si Simón y Andrés siguieron a Cristo sin conocerle, debía ser porque su presencia atraía, imponía; su autoridad, su firmeza, su ternura en la mirada. 

Y aquí les lanzo la pregunta ¿Qué ve la gente en mí? ¿Atraigo por mi autenticidad, por mi solidez, por mi alegría, por mis principios y valores? O más bien no atraigo sino alejo por mis gritos, por mi soberbia, por mi vanidad, por mi crítica, por mi indiferencia. 

Si soy de los primeros, llenaré la barca de la Iglesia de hombres y mujeres comprometidos con Cristo y su mensaje de amor. Y si soy de los segundos, pronto esa barca quedará vacía. Y lo más triste, es que me quedaré sola. 

Escuchemos a Cristo que sale a mi encuentro hoy y me pide le siga para ayudarle a pescar y llenar la barca de hombres y mujeres felices y alegres, porque han encontrado a Aquél que les llene el corazón, al mismo Cristo Jesús. Transmitir alegría, paz, amor, certeza que solo Él, Cristo, me puede dar.