“AHÍ TIENES A TU MADRE” (Jn 19,27)

1. Queridos hermanos y hermanas en Cristo Resucitado:

Hoy, anticipadamente, celebramos especialmente el Día de la Madre, contemplando a María como la Madre por excelencia. Ella es Madre de Jesús, Dios hecho hombre. Y porque es Madre de Cristo, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia, también es Madre nuestra. Nosotros somos también descendencia espiritual de nuestra Madre María Santísima, porque Cristo quiso incorporarnos a su familia divina y entregarnos a Ella como Madre de todos los creyentes. Y en este sentido resuenan también las palabras del profeta Isaías: “La descendencia de mi pueblo será conocida entre las naciones y sus vástagos, en medio de los pueblos; todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor” (Is 61,9).

Jesús, desde la Cruz, nos la entregó como Madre, dirigiéndose al apóstol san Juan y, en él, a toda la Iglesia y a toda la humanidad, cuando dijo: “«Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»” (Jn 19,26-27). Y agrega el Evangelio: “Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”. Nos dejó esta herencia y la complacencia espiritual de tenerla y llevarla con nosotros como nuestra Madre, protectora e intercesora, que nos acompañe en el camino de la fe y nos conduzca siempre hacia su Hijo Jesucristo. María vino también a recordarnos algo esencial: que sin Dios el corazón humano se pierde, y que sólo la conversión, la oración y la paz nacida del Evangelio pueden salvar verdaderamente a la humanidad.

2. Hace 109 años, en 1917, en una pequeña aldea de Portugal llamada Fátima, la Virgen María se apareció a tres humildes pastorcitos: Lucía, Jacinta y Francisco. Dios escogió nuevamente a los pequeños, a los sencillos, a los pobres, para hablar al mundo entero. Así se cumple una vez más la Palabra del Señor: “Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños” (cf. Mt 11,25).

3. La Virgen vino en un tiempo de guerras, de odio, de violencia y de incertidumbre. Era el contexto de la Primera Guerra Mundial. Pero el mensaje de Fátima no quedó encerrado en aquel momento histórico. Su llamado sigue resonando hoy, en este año 2026, en medio de un mundo herido por conflictos, divisiones, violencias familiares, injusticias sociales, corrupción, narcotráfico, pobreza y tantas formas de sufrimiento humano.

4. En san Juan estamos representados todos nosotros. Jesús no quiso dejarnos huérfanos. Antes de entregar su espíritu, nos entregó a su propia Madre. María no es solamente una figura decorativa de la fe cristiana. Ella es verdaderamente Madre espiritual de la Iglesia y de cada uno de nosotros.

5. ¡Qué regalo tan grande nos dejó el Señor!

Cuando miramos a María descubrimos el modelo perfecto del discípulo fiel. Ella escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica. Ella dijo “Sí” al proyecto divino incluso sin comprenderlo plenamente. Su “Hágase en mí según tu palabra” abrió las puertas para la Encarnación del Hijo de Dios.

6. Cuánto necesita nuestro mundo mujeres y hombres capaces de decir también “sí” a Dios; jóvenes capaces de abrir el corazón al Evangelio; familias capaces de vivir la fidelidad, la reconciliación y el amor verdadero.

7. La Virgen de Fátima nos habla también de la familia. En la última aparición, los pastorcitos contemplaron la imagen de la Sagrada Familia. No es casualidad. María nos recuerda que la familia es un don precioso de Dios y que hoy está profundamente amenazada.

8. Vivimos tiempos donde muchas familias sufren la pobreza, la migración forzada, la violencia intrafamiliar, la desintegración, las adicciones y también ideologías que pretenden debilitar la identidad misma de la familia fundada sobre el amor fiel entre el hombre y la mujer y abierta al don de la vida.

9. Defender a la familia no es una cuestión ideológica. Es defender el corazón mismo de la sociedad y el futuro de nuestros pueblos.

Por eso necesitamos políticas públicas que fortalezcan verdaderamente a las familias: trabajo digno, vivienda, salud, educación de calidad, atención a los ancianos, oportunidades para los jóvenes y protección integral de los niños.

10. Pero también necesitamos hogares donde se vuelva a rezar, donde los padres bendigan a sus hijos, donde los hijos respeten a sus padres, donde el Evangelio vuelva a ocupar el centro de la vida cotidiana.

11. María sigue recorriendo hoy nuestras calles, nuestros barrios y nuestras comunidades. Sigue buscando corazones disponibles. Sigue diciendo como en Caná: “Hagan todo lo que Él les diga” (Jn 2,5).

Ese es el centro del mensaje de Fátima: volver a Jesús.

12. No quedarnos solamente en el milagro del sol, aunque haya sido extraordinario. El mayor milagro sigue siendo que Dios ama al ser humano, que Dios perdona, que Dios salva y que Dios puede transformar incluso los corazones más endurecidos.

13. Queridos hermanos:

Hoy, mirando a María, queremos renovar nuestra confianza filial. En medio de tantas incertidumbres, no caminamos solos. Tenemos una Madre.

Ella acompaña al enfermo.

Ella consuela al pobre.

Ella fortalece al anciano.

Ella sostiene a las madres sacrificadas.

Ella abraza a quienes lloran.

Ella guía a los jóvenes.

Ella protege a nuestros niños.

Ella intercede por nuestras familias y por nuestra patria paraguaya.

14. Y hoy queremos pedir especialmente por la paz.

Paz en el mundo.

Paz en Ucrania.

Paz en Tierra Santa y en todo el Medio Oriente.

Paz en tantos lugares marcados por la guerra, la violencia y el sufrimiento.

Paz en nuestras familias.

Paz en el corazón humano.

Paz social en nuestra nación.

Paz construida sobre la verdad, la justicia, el respeto y el bien común.

15. Que la Virgen de Fátima nos ayude a decir también nosotros: “Sí, Señor”.

Sí a la vida.

Sí al Evangelio.

Sí a la reconciliación.

Sí a la esperanza.

Sí al amor que vence el odio.

16. Y que, al igual que el discípulo amado, podamos recibir a María en nuestra casa, en nuestra familia y en nuestro corazón.

Que así sea.

Asunción, 13 de mayo  de 2026

 

✠ Adalberto Cardenal Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de Asunción