Solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi)
Lecturas: Dt 8, 2-3.14-16; Sal 147; 1 Co 10, 16-17; Jn 6, 51-58
1. Queridos hermanos y hermanas: hoy celebramos con profunda alegría la solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Iglesia se reúne para adorar y dar gracias a Jesús, que permanece realmente presente en la Eucaristía como Pan de Vida para el mundo.
2. Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida» (Jn 6,51). Más adelante añade: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6,55).
3. Estas palabras nos introducen en el misterio que hoy celebramos. Alimentados con este Pan divino recibimos la fuerza para nuestro caminar en esta tierra y la promesa de la vida eterna. Por eso la Iglesia adora con profunda fe el misterio de la Eucaristía, porque en ella recibimos al mismo Cristo vivo y resucitado que se entrega por amor para la salvación del mundo.
4. Cuando rezamos cada día la oración que el mismo Jesús nos enseñó y decimos: «Danos hoy nuestro pan de cada día», pedimos ciertamente el alimento necesario para nuestras familias. Pero también pedimos que nunca nos falte el Pan de Vida, la Eucaristía, presencia real de Cristo entre nosotros.
5. Este es el gran milagro que celebramos hoy. El Señor continúa haciéndose presente en cada Santa Misa para alimentar a su pueblo, fortalecer nuestra fe, sostener nuestra esperanza y acrecentar nuestra caridad. La Eucaristía es el milagro permanente del amor de Dios que atraviesa los siglos y sigue acompañando a la Iglesia en su peregrinar.
6. Por eso Jesús puede afirmar: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,56). La Eucaristía nos une íntimamente al Señor y nos transforma para que también nosotros seamos instrumentos de su amor y de su paz en medio del mundo.
7. La beata María Felicia de Jesús Sacramentado, nuestra querida Chiquitunga, encontró en Jesús Eucaristía la fuente de su alegría, de su fortaleza espiritual y de su entrega generosa a los hermanos. Su vida nos recuerda que la santidad nace del encuentro cotidiano con Cristo.
8. También el siervo de Dios Julio César Duarte Ortellado cultivó un profundo amor a la Santa Misa y a la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, descubriendo en la Eucaristía la fuerza para vivir con fidelidad su vocación cristiana.
9. Recordamos también con gratitud a San Roque González de Santa Cruz, primer santo paraguayo y gran misionero de estas tierras. Comprendió que la Eucaristía era el tesoro más grande que podía ofrecer a los pueblos que evangelizaba. Recorrió largas distancias, levantó templos, formó comunidades cristianas y dedicó su vida a acercar a las personas a Jesucristo.
10. El mismo misionero que anunciaba la Palabra de Dios reunía luego a la comunidad alrededor del altar para celebrar la Santa Misa. Finalmente entregó su vida por Cristo en el martirio. Su ejemplo nos recuerda que quien se alimenta del Pan de Vida encuentra también la fuerza para dar testimonio del Evangelio con fidelidad y amor hasta el final.
11. En esta solemnidad de Corpus Christi, la Iglesia contempla con asombro, gratitud y adoración el mayor tesoro que Cristo ha dejado a su pueblo. Hoy fijamos nuestra mirada en Jesús Eucaristía, Pan Vivo bajado del cielo, Pan de los hijos y comida de viajeros, fortaleza de los débiles, consuelo de los afligidos y fuente inagotable de vida eterna.
12. Esta solemnidad nos conduce al Cenáculo, donde Jesús celebró la Última Cena con sus discípulos. San Juan nos dice que «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1).
13. En aquella noche santa Jesús tomó el pan y el vino y los convirtió en su Cuerpo y en su Sangre, entregándose anticipadamente por la salvación del mundo. Allí instituyó la Eucaristía y dejó a la Iglesia el mandato: «Hagan esto en memoria mía».
14. De este modo nacieron inseparablemente unidos la Eucaristía y el sacerdocio ministerial. Allí donde se celebra la Santa Misa, Cristo continúa alimentando a su pueblo con el Pan de Vida.
15. Por eso damos gracias a Dios por el don de los sacerdotes. Ellos están llamados a ser hombres profundamente eucarísticos, configurados con Cristo Buen Pastor, alimentados por la Palabra de Dios y fortalecidos por la celebración diaria de la Santa Misa.
16. En esta Eucaristía queremos orar especialmente por nuestros sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales. Que nunca falten hombres generosos que respondan al llamado del Señor y se conviertan en servidores fieles del Evangelio y de la Iglesia.
17. Necesitamos sacerdotes porque necesitamos la Eucaristía. Y necesitamos la Eucaristía porque necesitamos a Cristo. Allí donde se celebra dignamente la Santa Misa, la comunidad encuentra alimento para su fe, fortaleza para su esperanza y orientación para su camino.
18. La solemnidad de Corpus Christi nos invita también a redescubrir la belleza y la dignidad de nuestras celebraciones litúrgicas. La Eucaristía es el tesoro más grande de la Iglesia y merece ser celebrada con amor, preparación, respeto y profundo sentido de fe.
19. La proclamación de la Palabra de Dios, los cantos litúrgicos, el altar, los ministros, los momentos de silencio y la participación activa de la asamblea deben ayudarnos a encontrarnos con Cristo presente en medio de su pueblo.
20. Nuestras celebraciones eucarísticas no deberían ser apresuradas ni rutinarias. La Santa Misa no es una obligación que cumplir rápidamente, sino el encuentro más importante de la comunidad cristiana con Cristo vivo. Cuando celebramos con recogimiento, dignidad y devoción, ayudamos a que los fieles descubran la grandeza del misterio que estamos celebrando.
21. La hermosa secuencia de Corpus Christi llama a Jesús «Pan de los hijos» y «comida de viajeros». Somos peregrinos en esta tierra. Caminamos entre alegrías y dificultades, entre esperanzas y desafíos. Necesitamos alimentarnos con el Pan Vivo bajado del cielo para no desfallecer en el camino.
22. Esta fiesta también nos invita a mirar la realidad de nuestro mundo. Mientras muchas familias tienen dificultades para llevar el pan cotidiano a sus mesas, otras viven en la abundancia e incluso desechan alimentos que podrían aliviar el hambre de tantos hermanos.
23. Damos gracias a Dios por el milagro cotidiano del pan de cada día. En este Corpus Christi pedimos al Señor que nunca falte el pan en nuestras mesas ni la solidaridad en nuestros corazones. La Eucaristía nos hace solidarios porque nos une a Cristo y nos une entre nosotros. Como nos recuerda san Pablo, «el pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan». Alimentados por el único Pan de Vida, aprendemos a compartir con los demás, especialmente con quienes más necesitan de nuestra cercanía, nuestra ayuda y nuestra fraternidad.
24. Pero existen también otras hambres que afectan profundamente al ser humano: hambre de paz, de verdad, de justicia, de esperanza y de Dios. Cristo, Pan Vivo bajado del cielo, viene a responder a estas necesidades profundas del corazón humano y nos envía a ser instrumentos de su amor.
25. Hoy mismo, en Madrid, el Papa León XIV presidió la celebración de Corpus Christi y acompañó la tradicional procesión eucarística por las calles de la ciudad. Recordó que estas manifestaciones de fe no son simples costumbres heredadas ni expresiones folclóricas, sino un testimonio vivo de Jesucristo que sigue caminando con su pueblo.
26. El Santo Padre exhortó a que nuestra religiosidad no se convierta en un museo del pasado, sino en una verdadera escuela de fe y de compromiso cristiano. Nos recordó que la adoración eucarística debe reflejarse en una vida marcada por el amor y el servicio a los demás.
27. También nosotros hemos acompañado al Señor en nuestra procesión de Corpus Christi y hoy miles de fieles lo hacen en parroquias y comunidades de todo el Paraguay. Al salir a nuestras calles proclamamos que Cristo permanece presente en medio de su pueblo y continúa acompañando la historia de nuestras familias y comunidades.
28. La procesión de Corpus Christi no termina cuando regresamos al templo. Continúa cuando llevamos a Cristo a nuestros hogares, lugares de trabajo, centros educativos y ambientes cotidianos, haciendo visible su amor mediante nuestras palabras y nuestras obras.
29. Que la Santísima Virgen María, mujer eucarística, acompañe también al Papa León XIV en este viaje apostólico a España y proteja a toda la Iglesia. Que la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, el siervo de Dios Julio César Duarte Ortellado y San Roque González de Santa Cruz intercedan por nosotros.
30. Que nunca falte el Pan de Vida en nuestros altares. Que nunca falte el pan cotidiano en nuestras mesas. Que nunca falten sacerdotes santos y profundamente eucarísticos para celebrar la Santa Misa y acompañar al pueblo de Dios. Y que, alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sepamos convertirnos también nosotros en pan partido y compartido para los demás, especialmente para los más pobres y vulnerables.
Amén.
Asunción, 07 de junio del 2026
Card. Adalberto Martinez Flores
Arzobispo de la Arquidiócesis de Asunción
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