1. Queridos hermanos y hermanas, damos gracias a Dios por esta noche de gracia y bendición. Hoy la comunidad de la Parroquia Natividad de Santa María se reúne con alegría para celebrar el sacramento de la Confirmación. Damos gracias al Señor por los jóvenes y adultos que recibirán la plenitud del Espíritu Santo, por quien será incorporado a Cristo por el Bautismo y por quienes renovarán los compromisos asumidos en los Sacramentos de Iniciación Cristiana. Toda la comunidad se alegra porque Dios sigue llamando a sus hijos y acompañándolos en el camino de la fe.
  2. Al ver hoy a estos jóvenes y adultos presentarse para recibir la Confirmación, podemos recordar las palabras de la primera lectura: «Los he llevado sobre alas de águila y los he traído hasta mí» (Ex 19,4). También ustedes han sido conducidos hasta este momento por la gracia de Dios. El Señor los ha acompañado a través de sus familias, de sus catequistas, de sus comunidades y de tantas personas que han sembrado la fe en sus corazones. Como el águila que protege y sostiene a sus crías, Dios los ha cobijado bajo las alas de su amor y los ha traído hasta su presencia para fortalecerlos y enviarlos en misión.
  3. Agradecemos a los padrinos y madrinas, a los padres y personas encargadas y de la formación de estos hermanos, a los catequistas y a toda la comunidad parroquial. La Confirmación no es solamente una celebración familiar; es una fiesta de toda la Iglesia que ve crecer nuevos discípulos y misioneros del Señor.
  4. El Evangelio que hemos escuchado nos presenta a Jesús contemplando a las multitudes con profunda compasión. San Mateo nos dice que al verlas «se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor» (Mt 9,36). Esta compasión no es simplemente un sentimiento de lástima; es el amor mismo de Dios que sale al encuentro de quienes sufren, de quienes están desorientados y de quienes buscan un sentido para sus vidas.
  5. Precisamente esta mañana, durante el Ángelus en Roma, el Papa León XIV nos invitaba a contemplar esta compasión de Jesús, recordándonos que el corazón de Cristo se conmueve ante las necesidades humanas y que su respuesta no es la indiferencia, sino la cercanía, la misericordia y la misión. Por eso, después de mirar con compasión a la multitud, Jesús llama a los Doce por su nombre y los envía a anunciar el Reino de Dios. La compasión de Cristo se convierte en misión.
  6. Entre los nombres que menciona el Evangelio aparecen discípulos muy distintos entre sí. Está Mateo, el publicano, considerado por muchos un pecador y un colaborador de los romanos. Está Simón el Zelote, perteneciente a un grupo que despertaba sospechas y divisiones. Más adelante encontraremos a Pedro, que negará al Señor en la hora de la prueba, y a Tomás, que dudará de la resurrección. El mismo Evangelio menciona a Judas Iscariote, que terminó traicionando a Jesús y apartándose del grupo de los Doce Apóstoles. Jesús no llamó a hombres perfectos; llamó a hombres reales, con virtudes y debilidades, capaces de ser transformados por la gracia de Dios. El Señor no mira solamente el pasado de las personas ni sus limitaciones; mira también lo que pueden llegar a ser cuando se abren a su amor y permanecen fieles a su llamada.
  7. También a ustedes, queridos confirmandos, Jesús los llama hoy por su nombre. Él los conoce desde siempre. Conoce sus alegrías y sus luchas, sus fortalezas y sus fragilidades, sus sueños y sus dificultades. Así como llamó por su nombre a Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Simón, Judas Tadeo y a los demás Apóstoles, también hoy los llama a cada uno de ustedes. Los llama para permanecer con Él, para ser enviados a anunciar la Buena Noticia y para dar testimonio del Evangelio con su propia vida. Y así como acompañó a los Apóstoles en su misión, también los acompañará a ustedes por el camino de la vida con la fuerza y la guía de su Espíritu Santo.
  8. Jesús envía a los Apóstoles a anunciar el Reino de Dios, a sanar a los enfermos y a llevar esperanza a quienes más la necesitan. Del mismo modo, ustedes serán enviados hoy para anunciar a Cristo en sus familias, en sus estudios, en su trabajo, entre sus amigos y en la sociedad.
  9. Los Apóstoles encontraron dificultades, persecuciones y pruebas. Sin embargo, nunca estuvieron solos. El Señor caminó con ellos y los fortaleció con la fuerza del Espíritu Santo. También ustedes encontrarán desafíos, pero no tengan miedo. Cristo sigue caminando con quienes responden generosamente a su llamado.

 

  1. Aunque ayer la Iglesia celebraba a San Antonio de Padua, su testimonio sigue iluminando nuestra reflexión. Franciscano, misionero y extraordinario predicador, dedicó toda su vida al anuncio del Evangelio y deseó identificarse plenamente con Jesucristo.
  2. Una hermosa tradición nos muestra a San Antonio sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús. Esa imagen expresa algo muy profundo. Antonio no solamente hablaba de Cristo; vivía unido a Cristo. Quería abrazarlo con todo su corazón y dejar que toda su vida estuviera marcada por la presencia del Señor.
  3. También nosotros estamos llamados a hacer lo mismo. No basta admirar a Jesús desde lejos. Estamos llamados a abrazarlo con nuestra vida y a configurarnos con Él. Como recordaba recientemente el Papa León XIV, la vocación cristiana consiste en identificarnos cada vez más con Cristo para que nuestros pensamientos, palabras y acciones reflejen los sentimientos del Señor.
  4. Después del cónclave del año pasado, en 2025, tuve la gracia de peregrinar a Padua y visitar la Basílica de San Antonio. Allí se conservan varias reliquias del santo, que recuerdan su extraordinaria entrega al Evangelio y su amor a Jesucristo. Entre ellas pude contemplar también la famosa reliquia de su lengua, que para los creyentes posee un profundo significado espiritual. Aquella lengua fue el instrumento con el que anunció la Palabra de Dios, predicó el Evangelio y condujo a innumerables personas al encuentro con Cristo. Pero la fuerza de su predicación no provenía simplemente de su capacidad para hablar, sino de un corazón lleno de Dios. Jesús mismo nos enseña: «La boca habla de lo que está lleno el corazón» (Mt 12,34). San Antonio hablaba de Cristo porque Cristo habitaba en su corazón.
  5. Por eso también nosotros debemos preguntarnos: ¿de qué está lleno nuestro corazón? Si está lleno de fe, amor y misericordia, nuestras palabras transmitirán esperanza y reconciliación. Pero si está lleno de resentimiento, egoísmo, mentira o indiferencia, eso mismo aparecerá en nuestras palabras y acciones.
  6. El apóstol Santiago nos advierte sobre el poder de la lengua. Con ella podemos bendecir a Dios o herir a nuestros hermanos; construir o destruir. Una lengua se corrompe cuando difama, cuando miente, cuando divide, cuando humilla o cuando hiere. Por eso Dios quiere sanar primero nuestro corazón, para que nuestras palabras sean fuente de vida y no de destrucción.
  7. Estas enseñanzas tienen hoy una gran actualidad. Las redes sociales pueden ser instrumentos extraordinarios para comunicar, educar y evangelizar. Pero también pueden convertirse en espacios de difamación, agresión y violencia digital. Se difama también cuando se comparte una acusación, una fotografía, un mensaje o un enlace sin saber si es verdadero.
  8. Entre los desafíos de nuestro tiempo están el uso irresponsable de las redes sociales, la difamación, la propagación de noticias falsas, el robo de identidad y otras formas de delitos informáticos. A veces algunos creen que pueden esconderse detrás del anonimato para insultar, humillar o dañar a otros. Sin embargo, todo deja huellas. Y más importante aún, nada queda oculto ante Dios. El cristiano está llamado a actuar con la misma honestidad y respeto por la dignidad de las personas tanto en la vida cotidiana como en el mundo digital.
  9. El Papa León XIV ha señalado que la inteligencia artificial representa uno de los grandes desafíos de nuestra época. Puede ofrecer importantes beneficios para la educación, la medicina, la investigación y muchos otros campos. Sin embargo, también exige una profunda responsabilidad ética. Puede utilizarse para el bien, pero también para causar daño, manipular conciencias o fomentar nuevas formas de violencia. Entre ellas se encuentran los casos de bullying digital o ciberacoso, que pueden herir profundamente a las personas, especialmente a niños y jóvenes. Por eso necesitamos formar la conciencia y aprender a utilizar estas herramientas al servicio de la verdad, del bien común y de la dignidad humana.
  10. Queridos confirmandos, el mismo Espíritu Santo que descendió sobre los Apóstoles en Pentecostés es el que recibirán ustedes esta noche. Él transformó el miedo en valentía, la debilidad en fortaleza y la incertidumbre en confianza. Ese mismo Espíritu quiere actuar hoy en sus vidas.
  11. San Pablo utiliza una imagen muy hermosa para hablar de la vida cristiana. En la Primera Carta a los Corintios nos dice: «¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo recibe el premio? Corran de tal manera que lo consigan». La fe requiere perseverancia, disciplina y compromiso.

 

  1. En estos días vemos cómo las selecciones nacionales participan en la Copa Mundial de Fútbol. Detrás de cada partido hay años de preparación, entrenamiento, sacrificio y esfuerzo. Ningún deportista alcanza una meta importante sin constancia.
  2. En la antigua Grecia, especialmente durante los Juegos Olímpicos, los atletas eran admirados por su disciplina y perseverancia. Antes de las competencias eran ungidos con aceite de oliva, símbolo de fortaleza y preparación. San Pablo utiliza esta imagen para enseñarnos que también los cristianos estamos llamados a prepararnos para alcanzar una meta mucho más grande que cualquier triunfo deportivo: la santidad y la vida eterna.
  3. Dentro de unos momentos ustedes también serán ungidos. Pero no con un aceite destinado a fortalecer los músculos del cuerpo, sino con el santo Crisma, elaborado con aceite de oliva consagrado. Así como los atletas se preparaban para la competición, también ustedes serán fortalecidos por el Espíritu Santo para la misión que Cristo les confía.
  4. Por esta santa unción, el Espíritu Santo los marcará con su sello. Ustedes serán enviados hoy mediante la imposición de las manos y la unción con el santo Crisma, elaborado con aceite de oliva consagrado, para que también ustedes sean consagrados al Señor. Así como Jesús envió a los Doce para anunciar el Reino de Dios, también ustedes serán fortalecidos por el Espíritu Santo para vivir como discípulos y misioneros de Jesucristo en medio del mundo.
  5. San Pablo recuerda que los deportistas compiten por una corona que se marchita. Los cristianos, en cambio, corremos por una corona incorruptible. Nuestra meta es la vida eterna y la comunión plena con Dios.
  6. Al final de su vida, después de tantas pruebas y dificultades, san Pablo pudo decir: «He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he conservado la fe». Estas palabras expresan la esperanza de todo cristiano que permanece fiel al Señor.
  7. Entre nosotros tenemos un ejemplo luminoso en la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, nuestra querida Chiquitunga. Primero como joven laica comprometida en la Acción Católica y después como Carmelita Descalza, respondió generosamente al llamado de Dios.

 

  1. Chiquitunga abrazó a Cristo con todo su corazón. Vivió con alegría, sirvió a los más necesitados y recorrió con fidelidad la carrera de la fe hasta llegar a la meta que Dios le había preparado. Hoy contemplamos en ella a una discípula que ha recibido la corona de justicia prometida por el Señor. Su ejemplo nos recuerda que la santidad no es algo imposible, sino una vocación para todos.
  2. Queridos confirmandos, hoy comienza una nueva etapa en su camino cristiano. No tengan miedo de responder al llamado de Cristo. No tengan miedo de abrazarlo, de seguirlo y de identificarse con Él. No tengan miedo de vivir como auténticos discípulos y misioneros del Señor.
  3. Que la Santísima Virgen María, cuya Natividad honra esta comunidad parroquial, acompañe a nuestros confirmandos y a todos los fieles. Que ella, que acogió plenamente la voluntad de Dios y permaneció junto a los Apóstoles esperando la venida del Espíritu Santo, los ayude a crecer en la fe y en el seguimiento de Jesucristo. Que ella los acompañe en este nuevo camino que hoy comienzan como discípulos misioneros de su Hijo, fortalecidos por la gracia del Espíritu Santo. Amén.

Asunción, 14 de junio del 2026


Card. Adalberto Martinez Flores
Arzobispo de la Arquidiócesis de Asunción