“TODAVÍA ES TIEMPO. VUÉLVANSE A MÍ DE TODO CORAZÓN”

(Joel 2,12)

 

Hermanas y hermanos en Cristo:

Con el miércoles de ceniza iniciamos el itinerario cuaresmal. Las lecturas proclamadas nos invitan a la conversión, al cambio de vida, a la reconciliación con Dios y con los hermanos, y nos alientan que siempre hay esperanza, que nunca es tarde para cambiar, para arrepentirnos de nuestros pecados, confiados en la misericordia del Padre.

Hoy el Señor nos dice: “Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos. Y que todos imploremos: perdona Señor a tu pueblo, no entregues tu herencia a la vergüenza y la deshonra, que las naciones no se burlen de ella. Les suplicamos a todos: déjense reconciliar con Dios.

Dios, que es Todopoderoso, tiene una gran debilidad: la misericordia. No resiste a un corazón arrepentido y siempre da una oportunidad para volver a Él.

He ahí el ejemplo del rey David que, consciente de su grave pecado contra Dios y contra el hermano, invoca la misericordia de Dios y pide una oportunidad para cambiar con la ayuda del Espíritu Santo.  Dice el salmo: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu. Devuelve la alegría de la salvación”.

La cuaresma es el tiempo de gracia que la Iglesia nos ofrece a los cristianos para la reflexión, la oración y el compromiso con el prójimo necesitado. Para eso, en este tiempo, la Iglesia nos entrega los medios para la conversión, para el cambio de vida. Esos medios son: el ayuno, para fortalecer nuestra voluntad y dedicar los frutos de este esfuerzo para provecho de los que más necesitan; la oración, para avanzar en nuestra amistad y confianza en Dios, redescubriendo así la fundamental importancia de nuestra condición de hijos de Dios y, finalmente, la caridad, para ofrecer a los hermanos sufrientes el amor generoso de Padre.

Jesús nos indica que vivamos la oración, el ayuno y la caridad con el prójimo sin hacer ostentación, sin exhibirnos para que los demás nos alaben, sino que nos pongamos en la presencia del Padre con sencillez y humildad, porque él mira el corazón y no las apariencias. El Señor nos previene de las actitudes hipócritas y nos dice claramente que Dios rechaza a los soberbios de corazón.

Junto con el salmista digamos: “Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados. Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.”

Dios Padre, en su infinita misericordia, se apiada de quien se humilla y se muestra benévolo para con el arrepentido. El Señor perdona y redime si ve una actitud sincera y un esfuerzo para cambiar y no seguir haciendo el mal.

El Papa Francisco enseña que el camino cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, tiene su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, el Santo Padre nos propone, en su mensaje de cuaresma, dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primer camino es “escuchar al Señor”. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios. Meditemos las lecturas bíblicas de cada día, por cualquier medio a nuestro alcance, sobre todo en la Misa. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. (Cfr. Francisco, Mensaje Cuaresma 2023).

El segundo camino que el Papa nos indica para esta Cuaresma es “no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». (Mensaje Cuaresma 2023).

La vida ordinaria es el ámbito en el que caminamos, nos escuchamos, construimos la vida comunitaria, con nuestra familia, con nuestros vecinos, en nuestro lugar de trabajo, en nuestro compromiso como ciudadanos de una nación.

Esta cuaresma coincide con un tiempo electoral. Por consiguiente, es un tiempo propicio para revisarnos como seguidores de Cristo en nuestra conducta como ciudadanos, cuando tengamos que decidir con nuestra participación y con nuestros votos la elección del país que queremos y necesitamos.

Si queremos un Estado y un gobierno serio, nuestro voto debe ser serio. No podemos confiar en los que compran votos; tampoco podemos confiar en los que venden sus votos. Eso es corrupción, y la corrupción es un pecado grave porque atenta contra la dignidad del prójimo y de la comunidad.

Se tiene conocimiento de que, entre los fieles católicos, hay quienes acompañan las acciones de políticos inescrupulosos que impiden votar y elegir libremente, presionando o manipulando a las personas. Prestarse a la corrupción y a las extorsiones, aprovechándose de las necesidades de otros, no es correcto si nos consideramos cristianos.

En el ámbito político y social parece que se ha perdido el sentido del pecado, por eso la mentira, el engaño, la falta de escrúpulos, la manipulación de las conciencias, impiden la realización del bien común, que es la garantía para una vida digna de nuestro pueblo. Que esta cuaresma, iluminados por la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, nos posibilite la conversión, el cambio de vida y de conducta que nos permita soñar con una sociedad distinta, con una Patria nueva, con el Paraguay que queremos y necesitamos.

El poeta pilarense Carlos Miguel Giménez, en consonancia con las lecturas de la liturgia de hoy, nos dice que se necesitan mujeres y hombres sanos de alma y corazón para que nazca la Patria Soñada.

Junto con el ayuno y la oración, la cuaresma exige la vivencia de la caridad, no solo por medio de la limosna, sino, también y ante todo, a través de todo aquello que dignifica a la persona humana. Para la Iglesia, la política es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común.

Las elecciones generales del 30 de abril próximo son una oportunidad para iniciar un proceso de saneamiento moral de la nación. No se puede seguir tolerando la corrupción y la impunidad; no podemos permanecer pasivos e indiferentes ante el avance del crimen organizado que pone en riesgo las instituciones de la democracia y la estabilidad de la República.

Un nuevo Paraguay necesita de cristianos comprometidos con Cristo y su Iglesia, que, desde su conversión personal a Dios, buscan y trabajan por instaurar los valores del Reino de Dios en nuestra sociedad. Es necesaria esa conversión para que la sociedad paraguaya supere la inequidad social estructural, los vicios de la corrupción, de la impunidad, del individualismo egoísta, de la codicia que margina, excluye y mata al prójimo por falta de salud, educación, tierra, techo y trabajo. (Carta Pastoral 2022).

No se puede construir la República, la Nación y la Patria sin personas de bien, sin patriotas; se necesitan ciudadanos honestos, íntegros, solidarios, insobornables, con un gran sentido de comunidad y que trabajen por el bien común; ciudadanos que cumplen sus obligaciones y exigen sus derechos. La Patria Soñada debe tener como base un proyecto país que se fundamenta en la dignidad de la persona humana y en el bien común, con una política nacional más allá de las ideologías e intereses partidarios y de grupos de poder.

La imposición de la ceniza nos recuerda que somos limitados, que del polvo venimos y al polvo volveremos. ¿Por qué tanto afán por lo pasajero, por el poder, por la acumulación de riquezas o por una vida desenfrenada de placer mundano? Estas son las tentaciones que Jesús ha enfrentado en el desierto y a las que ha respondido y superado con el ayuno y la oración.

Los mandamientos centrales de nuestra fe cristiana son amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Como cristianos, vivamos la cuaresma con gran esperanza caminando juntos con Aquel que camina con nosotros hacia la Pascua de Resurrección.

Así sea.

Asunción, 22 de febrero de 2023, miércoles de ceniza.

 

+ Adalberto Card.  Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de la Santísima Asunción