La sabiduría que mantiene encendida la lámpara

Lecturas: Sabiduría 6, 12-16; Salmo 62; 1 Tesalonicenses 4, 13-18; Mateo 25, 1-13.

1. Una vez, al encender una linterna, descubrimos que sus pilas estaban agotadas. Tener la linterna no bastaba: hacía falta revisar las pilas y tener repuestos. Algo parecido sucede con la lámpara de nuestra vida: no basta con querer estar preparados; necesitamos cuidar aquello que la mantiene encendida.

2. La primera lectura nos habla de la sabiduría: es radiante, incorruptible y se deja encontrar por quienes la buscan con sinceridad. La sabiduría nos ayuda a discernir, a elegir el bien y a orientar nuestras decisiones hacia la vida y el servicio.

3. Por eso, la pregunta central es: ¿a quién buscamos cuando buscamos la sabiduría? Para nosotros, cristianos, la sabiduría de Dios tiene un rostro: Jesucristo, a quien san Pablo llama “sabiduría de Dios” (1 Co 1, 24). Buscar la sabiduría es buscar a Jesús, escuchar su Palabra y dejar que ilumine nuestras decisiones.

4. En el Evangelio, Jesús presenta a diez jóvenes que esperan la llegada del esposo. Todas llevan lámparas, pero solo las prudentes llevan aceite de reserva. Cuando se anuncia la llegada, ellas pueden salir a su encuentro. La parábola nos enseña que la preparación no se improvisa en el último momento: se construye cada día.

5. San Agustín se preguntaba qué podía representar el aceite de las lámparas, y respondía: la caridad. Es prudente quien lleva el amor en la lámpara de su corazón. Dios es amor (1 Jn 4, 8); Jesús nos revela ese amor y el Espíritu Santo lo derrama en nuestros corazones (Rm 5, 5). Ese amor se hace concreto cuando cuidamos al prójimo, sobre todo a quien atraviesa necesidad.

6. Seguramente hemos oído hablar de los agujeros negros en el universo. Los científicos explican que allí la gravedad es tan intensa que atrae la materia cercana y ni siquiera la luz puede escapar. A veces se forman cuando una estrella muy grande se desploma sobre sí misma. En nuestro cielo financiero paraguayo, la situación de Ueno Bank ha dejado al descubierto un gigantesco bache financiero, como un agujero negro que puede atrapar y absorber los recursos de personas, empresas e instituciones y debilitar la confianza.

7. Esta imagen nos lleva también a pensar en los agujeros negros que pueden formarse en el corazón humano cuando la corrupción y el engaño impiden que brille la verdad. Quien se alimenta de la mentira y arrastra a otros hacia la oscuridad quiere apagar la luz de la honestidad y del bien. Pero Jesús es la luz del mundo: “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron” (Jn 1, 5).

8. El mandamiento “No robarás” protege los bienes ajenos y la dignidad de las personas. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que es injusto apropiarse de lo que pertenece a otro y que también constituyen faltas contra este mandamiento el fraude comercial y otras formas de engaño (nn. 2408-2409). La fe nos pide respetar los bienes de cada persona y actuar con honestidad.

9. La Escritura también advierte contra la usura y contra aprovecharse de quien atraviesa necesidad (Ex 22, 24; Lv 25, 35-37). Jesús invita a prestar sin buscar únicamente el propio beneficio (Lc 6, 34-35). Quien presta dinero debe hacerlo respetando la dignidad del otro, sin convertir la necesidad ajena en una ocasión para imponer condiciones abusivas.

10. Cuando se ha causado un daño, la reparación debe buscar restituir lo que legítimamente corresponde a cada uno. Pero no se reduce a lo monetario: también exige escuchar, acompañar y sostener a quienes padecen angustia, ansiedad o incluso depresión por las pérdidas. Nuestras más profundas solidaridad con las víctimas de engaños financieros. En el día de ayer me encontré con el papa Leon en Paysandu, Uruguay, a quien pude informar sobre la dolorosa situación politica y financiera en nuestro país. Me dijo, con pesar, que estaría rezando por el Paraguay. La verdad, la justicia y reparación de las víctimas son necesarias para comenzar a sanar.

11. La economía y las finanzas deben estar al servicio de las personas y del bien común. Si se comprueba que hubo engaño deliberado o abuso de confianza, estamos ante una grave y sideral estafa y quienes resulten responsables deberán responder ante la justicia. Como recordaba el papa Francisco: “¡El dinero debe servir y no gobernar!”.

12. Detrás de las cifras hay personas y familias que confiaron sus ahorros, sus salarios o sus recursos a una entidad. En Ueno Bank había fondos públicos y previsionales millonarios. El IPS confirmó que mantenía allí depósitos y créditos y que inició gestiones ante el Banco Central para proteger esos fondos. También es necesario informar qué otras instituciones públicas tenían recursos en el banco, algunas ya se informaron, qué montos quedaron comprometidos o inmovilizados y absorbidos en el agujero negro bancario y cuánto podrá recuperarse. Ya comenzaron los pagos graduales a los ahorristas con recursos del Fondo de Garantía de Depósitos, conforme a la cobertura prevista por la ley. No corresponde dar por perdidos definitivamente los fondos públicos y previsionales: primero deben determinarse con exactitud los montos comprometidos y establecer cómo recuperarlos, al menos en la mayor medida posible. La situación debe transparentarse y ser investigada por la Fiscalía, para que los hechos se esclarezcan y, si se comprueban responsabilidades, quienes correspondan respondan ante la justicia.

13. La Doctrina Social de la Iglesia recuerda que la dignidad humana y el bien común deben orientar la actividad económica. Los recursos públicos pertenecen a la ciudadanía y deben administrarse con honestidad, responsabilidad y transparencia. Las instituciones financieras tienen una responsabilidad particular, porque de su conducta dependen la confianza y el sustento de muchas familias.

14. Noviembre puede ser un mes doloroso para muchas familias que necesitan reparaciones, no solo monetarias. Cuando se quiebra la confianza pública y social, hace falta verdad, transparencia, justicia y responsabilidad para reconstruirla. Un clavo no saca otro clavo, y no todo se compra con dinero: la confianza solo comienza a repararse cuando los hechos se esclarecen y se actúa con rectitud.

15. En la intención de oración del Papa para este mes de noviembre, pidamos que los bienes se administren con sabiduría y prudencia, al servicio de todos y especialmente de los más pobres. No da lo mismo cómo se obtiene, se administra y se utiliza el dinero: cada decisión puede cuidar la vida de otros o perjudicarla.

16. La prudencia también hace falta en la vida pública. Después de la destitución del Presidente y ante la llegada de un nuevo Presidente, este momento puede ser una oportunidad para revisar el rumbo yñ realizar los cambios necesarios, como señalaba el comunicado difundido ayer por el Arzobispado. Es preciso corregir las fallas que han conducido a la crisis y confiar responsabilidades públicas a personas honestas, competentes y comprometidas con el bien común.

17. San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda la esperanza en la resurrección: quienes mueren en Jesús vivirán con Él. Esta esperanza no nos vuelve indiferentes ante el sufrimiento. Nos llama a acompañar a las familias, escuchar a quienes han perdido la confianza y trabajar por la justicia.

18. Pidamos al Señor la sabiduría para mantener encendida la lámpara de nuestro corazón y la caridad para acompañar a quienes sufren. Que sepamos cuidar los bienes, exigir transparencia y defender a los más desprotegidos. Jesús, sabiduría de Dios y esposo que viene a nuestro encuentro, nos encuentre preparados, con la lámpara encendida por el amor, la justicia y la esperanza.

08 de noviembre de 2026

Adalberto Card. Martínez Flores

Arzobispo de Asunción