Evangelio de hoy
LUNES III DE PASCUA
Evangelio según San Juan 6, 22-29
“La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que él ha enviado”
Después que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que él ha enviado”. Palabra del Señor.
Meditación
Soy Yo, no tengan miedo. San Clemente de Alejandría se apoya en la “lex orandi” para expresar la fe bautismal y cósmica. Manifiesta la fe en el Resucitado, Hijo de Dios, Padre, enraizada en la fe de los judeocristianos y en defensa contra los gnósticos: la verdadera gnosis se encuentra entre los cristianos. A la vez, pone las bases para la misión universal, no reducto a la mera condición humana, sin negar al hijo de María, verdader Hombre.
“Dirijamos nuestra oración al Verbo de Dios: Sé propicio a tus pequeños, Pedagogo, Padre, Guía de Israel (2Re 2,12); Hijo y Padre, ambos un sólo Señor. Concede a quienes seguimos tus preceptos llevar a la perfección la semejanza de la imagen (Gn 1,26) y sentir en lo posible la bondad de Dios, como juez, y su rigor; y concédenos Tú mismo todo eso: que vivamos en tu paz sobre la tierra, que seamos trasladados a tu ciudad; que atravesemos sin naufragar las olas del pecado y que, en plena calma, seamos transportados junto al Espíritu Santo, la inefable sabiduría” (Pedagogo, III, 12, 101).
Si bien es cierto que los Padres no tenían los recursos y conocimientos de las ciencias actualizados a nuestra época, confesaron la fe y dieron la vida por amor a Dios y al prójimo. Su legado valioso contiene lo básico para una vida sencilla y fraterna: “Que de noche y de día, -hasta el final-, alabemos y demos gracias al único Padre e Hijo, Hijo y Padre, al Hijo Pedagogo y Maestro, junto con el Espíritu Santo. Todo está en el Uno, puesto que en Él son todas las cosas. Amén”.
¡Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti!
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
Evangelio de hoy, lunes 20 de abril de 2026
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