Evangelio de hoy
SÁBADO II DE PASCUA
Evangelio según San Juan 6, 16-21
“Él les dijo: «Soy yo, no teman.»”
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.
Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: «Soy yo, no teman.»
Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban. Palabra del Señor.
Meditación
Soy Yo, no tengan miedo. San Clemente de Alejandría se apoya en la “lex orandi” para expresar la fe bautismal y cósmica. Manifiesta la fe en el Resucitado, Hijo de Dios, Padre, enraizada en la fe de los judeocristianos y en defensa contra los gnósticos: la verdadera gnosis se encuentra entre los cristianos. A la vez, pone las bases para la misión universal, no reducto a la mera condición humana, sin negar al hijo de María, verdader Hombre.
“Dirijamos nuestra oración al Verbo de Dios: Sé propicio a tus pequeños, Pedagogo, Padre, Guía de Israel (2Re 2,12); Hijo y Padre, ambos un sólo Señor. Concede a quienes seguimos tus preceptos llevar a la perfección la semejanza de la imagen (Gn 1,26) y sentir en lo posible la bondad de Dios, como juez, y su rigor; y concédenos Tú mismo todo eso: que vivamos en tu paz sobre la tierra, que seamos trasladados a tu ciudad; que atravesemos sin naufragar las olas del pecado y que, en plena calma, seamos transportados junto al Espíritu Santo, la inefable sabiduría” (Pedagogo, III, 12, 101).
Si bien es cierto que los Padres no tenían los recursos y conocimientos de las ciencias actualizados a nuestra época, confesaron la fe y dieron la vida por amor a Dios y al prójimo. Su legado valioso contiene lo básico para una vida sencilla y fraterna: “Que de noche y de día, -hasta el final-, alabemos y demos gracias al único Padre e Hijo, Hijo y Padre, al Hijo Pedagogo y Maestro, junto con el Espíritu Santo. Todo está en el Uno, puesto que en Él son todas las cosas. Amén”.
¡Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti!
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
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