MENSAJE DEL ARZOBISPO DE ASUNCIÓN
1. Señor Presidente de la República del Paraguay, don Santiago Peña, y señora esposa; señor Vicepresidente de la República, don Pedro Alliana, y señora esposa; miembros del Poder Ejecutivo; miembros de los otros Poderes del Estado, Legislativo y Judicial; representantes del Ministerio Público; cuerpo diplomático; miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional; queridos hermanos y hermanas de las iglesias Evangélicas y otras confesiones religiosas, queridos obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas hermanos y hermanas les saludo en Cristo Resucitado
2. Nos reunimos hoy en nuestra Catedral Metropolitana Nuestra Señora de la Asunción para dar gracias, alabar y bendecir a Dios por el aniversario 215 de la Independencia Nacional, que nos invita a volver siempre a las raíces de la República. El 14 de mayo es el reencuentro con nuestra historia, fundada sobre valores humanos y cristianos. Valorar nuestro origen con gratitud es la mejor forma de hacer memoria y proyectarnos, con paso firme, en el presente y en el futuro de la nación que anhelamos y soñamos, de la patria soñada. La historia del Paraguay está profundamente vinculada a la historia de la Iglesia en nuestro país. Asunción, fundada en 1537, vio crecer durante casi cinco siglos la obra evangelizadora que ayudó a modelar la cultura y el alma de nuestro pueblo.
3. En el Paraguay naciente llegaron las primeras congregaciones religiosas, que anunciaron el Evangelio, abrieron surcos en la buena tierra de nuestra patria para sembrar la semilla de la fe y ayudaron a que crecieran frutos de fraternidad, cultura, trabajo y dignidad humana. En este camino evangelizador resplandece de manera especial el testimonio de nuestro primer santo paraguayo, San Roque González de Santa Cruz, nacido el 17 de noviembre de 1576, de quien recordamos este año los 450 años de su nacimiento. Junto a sus compañeros mártires, abrió senderos de evangelización, fundando pueblos y comunidades y defendiendo especialmente a los más vulnerables y pobres, particularmente a los pueblos indígenas.
4. Por otra parte, los próceres y excelsos hijos de la patria de 1811 eran hijos de una sociedad profundamente cristiana y católica. Entre ellos se destaca el Pbro. Francisco Javier Bogarín, sacerdote y educador paraguayo, integrante de la Junta Superior Gubernativa, primer gobierno patrio constituido tras la Independencia del Paraguay, signo de la participación activa de la Iglesia en la construcción y organización de la patria naciente. Desde la fundación de Asunción, pasando por la Independencia de 1811 y el devenir de nuestra patria, el Evangelio proclamado y vivido por la Iglesia ha acompañado los gozos, luchas y esperanzas del Paraguay, convirtiéndose verdaderamente en el “karakú”, en la médula espiritual de la nación.
5. Por ello, en la Constitución Nacional que nos rige se reconoce el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación (Art. 82, CN). Al mismo tiempo, se valora grandemente también la presencia y el aporte de otras iglesias cristianas y comunidades religiosas, que han contribuido y continúan contribuyendo al fortalecimiento espiritual, moral y solidario de nuestra sociedad.
6. Desde esos valores espirituales y humanos que ayudaron a forjar el alma de la patria, Paraguay está llamado hoy, en un mundo marcado por los desafíos globalizados, a fortalecer su soberanía, su identidad nacional y su vocación de nación libre, soberana e independiente, cultivando relaciones de respeto, cooperación y solidaridad con todos los pueblos.
7. Para esta solemne celebración de acción de gracias por el aniversario 215 de la Independencia Patria, hemos proclamado el Santo Evangelio según san Juan, Jn 15, 9-17, donde Jesús nos dice: “Permanezcan en mi amor” y “ámense los unos a los otros como yo los he amado”.
8. Jesús resume toda su enseñanza en un solo mandamiento: el amor. Un amor que se expresa en dar la vida por los demás y que debe traducirse en frutos concretos de bondad, justicia y fraternidad. El amor conduce a la comunión, fortalece la fraternidad y abre caminos de encuentro entre las personas y los pueblos. El amor que Jesús propone es un amor concreto, que produce respeto, solidaridad, justicia y servicio hacia los demás. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Ésa es la medida del amor cristiano. Para San Juan, quien no ama al hermano no ha comprendido plenamente la fe cristiana. Nuestra fe debe reflejarse en decisiones y conductas coherentes con el Evangelio. Conviene también recordar el espíritu de nuestro Himno Nacional, cuando proclama: “Paraguayos, República o muerte”, expresión del amor y la entrega de tantos compatriotas que defendieron la independencia, la dignidad y la libertad de la patria.
9. Vivimos tiempos marcados por divisiones, intolerancias y tensiones internacionales que generan incertidumbre y sufrimiento en muchos pueblos. También hoy, el mensaje evangélico de paz, fraternidad y dignidad humana promovido por el papa León XIV encuentra resistencias e incomprensiones en distintos ámbitos del mundo actual. Sin embargo, sus llamados constantes al diálogo, a la reconciliación, a la justicia y a la paz entre las naciones continúan alentando la esperanza de una humanidad más fraterna y solidaria.
10. La Iglesia en Paraguay ha iniciado un Trienio del Bien Común (2026-2028), coincidiendo con importantes procesos electorales para la vida democrática del país.
11. Reconocemos y valoramos los avances significativos en el desarrollo nacional, especialmente frente a la compleja coyuntura social e institucional que nos atraviesa. A pesar de ello, no podemos soslayar la persistencia de vicios que corroen el tejido social. Prácticas como la corrupción, el clientelismo, la malversación de recursos públicos y la mala práctica de la justicia en algunos casos representan una degradación ética que margina aún más a los sectores más desprotegidos. Revitalizar nuestra nación requiere una atención prioritaria hacia los más necesitados. Este “país paciente” necesita de un compromiso colectivo basado en la transparencia y la responsabilidad; sólo mediante un espíritu de servicio genuino lograremos la recuperación integral del cuerpo social y el triunfo del bien común.
12. En este tiempo en que el país se prepara para los procesos electorales municipales, estamos llamados a vivir este importante momento democrático con respeto, responsabilidad y espíritu patriótico, promoviendo el diálogo, la participación ciudadana y la búsqueda sincera del bien común. Que las legítimas diferencias y contiendas electorales se desarrollen sin divisiones y descalificaciones estériles, ni excesos que dañen la convivencia nacional, fortaleciendo más bien la cultura democrática, el respeto mutuo y el compromiso con el futuro de la patria.
13. “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto” (Jn 15,5). Estas palabras de Jesús nos recuerdan que nadie puede vivir aislado y que todos necesitamos permanecer unidos para dar frutos de fraternidad, justicia y paz para nuestra patria.
14. Una sociedad fragmentada pierde esperanza. Por eso necesitamos fortalecer la amistad social, el diálogo, construir puentes de entendimiento, combatiendo toda forma de corrupción, violencia, hostilidad e irrespeto a la dignidad humana.
15. Todos somos parte de esta vid que es nuestra patria. Si uno sufre, todos sufrimos. Resolver los problemas de nuestro país es una tarea urgente, porque todos necesitamos paz, justicia y oportunidades. Entre los grandes desafíos nacionales están el fortalecimiento institucional, la transparencia, la justicia social y la participación responsable de la ciudadanía.
16. Debemos seguir fortaleciendo nuestras instituciones democráticas. La independencia de los poderes del Estado no puede ser solamente una utopía en la vida democrática, un enunciado inalcanzable, sino una realidad concreta que ayude a evitar sospechas e indebidas alianzas o concentraciones de poder, cuidando siempre los valores republicanos, la transparencia y la confianza ciudadana.
17. Cuando las instituciones actúan con rectitud y espíritu de servicio, se fortalece la dignidad de las personas y el respeto a la ley. Estamos llamados a promover una cultura política basada en la honestidad, el mérito y el servicio al bien común. El verdadero liderazgo es servicio y entrega por el bien de los demás. La legitimidad de toda autoridad se reconoce por los frutos que produce para el pueblo.
18. Garantizar la libertad de expresión y el libre ejercicio del periodismo es vital para fomentar una cultura de participación y respeto social. La democracia requiere de voces éticas y valientes, cuyo ejercicio crítico y reflexivo aporte la claridad y la esperanza necesarias para consolidar el bien común.
19. Paraguay ha alcanzado importantes avances económicos y estabilidad, aunque todavía persisten desigualdades sociales y desafíos vinculados al acceso a la tierra, a una mejor distribución de la misma, al trabajo digno y al desarrollo integral de las comunidades más vulnerables, especialmente rurales e indígenas. Ninguna sociedad puede construirse sólidamente dejando de lado el sufrimiento de sus hijos más frágiles.
20. A lo largo de su historia, Paraguay ha sabido levantarse gracias a la solidaridad de su pueblo y al esfuerzo de muchos ciudadanos e instituciones comprometidos con el país.
21. Todavía quedan desafíos en salud, educación, vivienda, trabajo digno y cuidado de nuestra casa común. Estos desafíos nos invitan a renovar el compromiso de trabajar, entre todos los actores de la sociedad paraguaya, por una nación más justa y solidaria.
22. Los más pobres, los indígenas, los jóvenes sin oportunidades —en muchos casos víctimas del narcotráfico— y tantas familias vulnerables siguen necesitando mayor atención y esperanza. Al mismo tiempo, Paraguay continúa mostrando su tradicional espíritu de hospitalidad y acogida hacia los migrantes, refugiados y también hacia tantas familias desplazadas o privadas de sus tierras, procurando ser una tierra fraterna y solidaria para quienes buscan dignidad, trabajo, paz y nuevas oportunidades de vida.
23. El bien común depende también de cada ciudadano, de cada familia, de cada comunidad y de cada pueblo de nuestra patria. Todos estamos llamados a aportar honestidad, trabajo, solidaridad y espíritu de servicio.
24. Debemos pensar no sólo en las próximas elecciones, sino sobre todo en las próximas generaciones.
25. En este aniversario patrio recordamos las palabras de Mons. Juan Sinforiano Bogarín:
26. “El odio destruye, la paz edifica. Busquemos el engrandecimiento de la Nación, basado en la honestidad, la dignidad de las familias, la rectitud, la sabiduría y el amor fraternal entre todos los paraguayos.”
27. La patria se construye en la honestidad cotidiana, en el trabajo silencioso, en la educación de los niños y jóvenes y en la solidaridad entre vecinos y comunidades.
28. Jesús nos pide amar como Él nos ha amado. Vivamos nuestra fe con coherencia en la familia, en el trabajo, en la vida social y en el servicio a la nación.
29. Para esta tarea de construir juntos el bien común, de caminar unidos y en diálogo, de dar frutos de esperanza para el Paraguay, nos acogemos a la protección maternal de la Virgen de la Asunción, “gloriosa fundadora de nuestra gran Nación”.
Asunción, 14 de mayo de 2026
Cardenal Adalberto Martínez Flores
Arzobispo Metropolitano de Asunción
Administrador Apostólico de las FF.AA. y la Policía Nacional
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