SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

CONFIRMACIÓN DE JÓVENES

PARROQUIA SAN RAMÓN NONATO

  1. Queridos jóvenes que hoy recibirán el sacramento de la Confirmación: este es un día muy importante para ustedes, para sus familias y para toda la comunidad de San Ramón Nonato. Por eso quiero comenzar saludándolos de manera muy especial y felicitándolos por haber llegado hasta aquí. Durante meses han sabido combinar sus estudios, sus actividades cotidianas, sus responsabilidades familiares y sus amistades con la preparación para este sacramento. No siempre habrá sido fácil, pero han perseverado y hoy están aquí para dar un paso más en su camino de fe.
  2. Quiero agradecerles por su valentía. En una época en la que muchos jóvenes consideran que la fe es algo secundario o incluso innecesario, ustedes han decidido renovar públicamente su compromiso cristiano y abrir su corazón a la acción del Espíritu Santo. Agradezco también a sus catequistas, que los han acompañado con dedicación y cariño; a sus padres, que fueron los primeros educadores en la fe; a sus padrinos, que hoy asumen una responsabilidad especial en su crecimiento espiritual; y a toda la comunidad de San Ramón Nonato, que se alegra con ustedes y los sostiene con su oración.
  3. Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Celebramos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. No son tres dioses, sino un solo Dios en tres Personas. Es el misterio central de nuestra fe. Dios es amor y comunión. La Trinidad nos enseña que nadie está llamado a vivir aislado. Fuimos creados para amar y para ser amados. Fuimos creados para vivir en relación con Dios y con nuestros hermanos. Allí donde hay diálogo, respeto, servicio y entrega generosa, allí se refleja algo del misterio de Dios.
  4. En esta fiesta tan significativa ustedes recibirán el don del Espíritu Santo. Dentro de unos momentos serán ungidos con el santo crisma y quedarán marcados con un sello espiritual que nadie podrá borrar. En la antigua Roma, los soldados recibían una señal de pertenencia al ejército imperial. Esa marca indicaba que pertenecían a una misión y a una causa. Del mismo modo, hoy ustedes recibirán el sello del Espíritu Santo. No serán soldados de un imperio humano, sino soldados de Cristo. No para combatir contra otras personas, sino para luchar la buena batalla de la fe, del amor, de la justicia, de la verdad y de la esperanza.
  5. San Pablo utilizaba frecuentemente imágenes tomadas del deporte. Él sabía que los primeros cristianos comprendían muy bien el esfuerzo de los atletas. Por eso escribe: «¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo recibe el premio? Corran de tal manera que lo consigan» (1 Cor 9,24). Y añade que los atletas se privan de muchas cosas para obtener una corona que se marchita, mientras que nosotros buscamos una corona incorruptible, la gloria eterna que Dios concede a quienes perseveran en el bien.
  6. La vida cristiana es una carrera. No corremos contra los demás. No se trata de vencer a nuestros hermanos. Corremos para alcanzar la meta que Dios nos propone: la santidad y la vida eterna. Como toda carrera, también la vida tiene obstáculos. Hay cansancio, dificultades, caídas y tentaciones. Pero lo importante es no abandonar la pista. Un corredor que sale de su carril pierde tiempo, energía y dirección. Algo semejante ocurre cuando una persona se aparta del camino del Evangelio.
  7. Dentro de pocos días el mundo volverá a vivir una gran fiesta deportiva. Nada menos que 48 selecciones nacionales competirán en la Copa Mundial de Fútbol 2026. Son 48 países representados por miles de jugadores que durante años se han preparado, entrenado y sacrificado para alcanzar el sueño de convertirse en campeones del mundo. Entre ellos también estará nuestra querida selección paraguaya, llevando la ilusión y la esperanza de todo un pueblo. Millones de personas seguirán los partidos, celebrarán las victorias y acompañarán los esfuerzos de sus equipos. Pero hoy quiero decirles algo muy importante: ustedes también han sido seleccionados. No por un director técnico ni por una federación deportiva, sino por Jesucristo mismo. Él los ha llamado por su nombre para formar parte de su equipo. Hoy recibirán el sello del Espíritu Santo y serán fortalecidos para jugar el partido más importante de la vida: el partido de la fe. Están llamados a competir no por una copa que algún día quedará guardada en una vitrina, sino por la corona de gloria que Dios reserva a quienes perseveran en el amor, en la verdad y en la fidelidad al Evangelio.
  8. Un futbolista se entrena durante años para ganar una copa. Debe ser disciplinado, escuchar a su entrenador, respetar las reglas del juego y trabajar en equipo. También ustedes están llamados a entrenarse espiritualmente mediante la oración, la lectura de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía y la práctica de la caridad. Cristo es nuestro Maestro y nuestro Entrenador. Él nos fortalece con su gracia y nunca abandona a quienes confían en Él.
  9. Pero hay algo más que debemos aprender del deporte. Nosotros, los cristianos, no competimos para humillar a los demás ni para destruir al adversario. Jugamos por la paz, por la fraternidad y por el respeto mutuo. Da mucha pena ver cómo algunas personas transforman una fiesta deportiva en un escenario de violencia. Lo hemos visto recientemente en Francia, donde después de la consagración del Paris Saint-Germain como campeón, se produjeron disturbios, enfrentamientos y graves daños materiales. Cuando el fanatismo ocupa el lugar de los valores, el deporte pierde su belleza. El verdadero campeón no es el que destruye, sino el que construye; no es el que agrede, sino el que respeta; no es el que siembra odio, sino el que promueve la paz. Ustedes están llamados a ser jugadores del equipo de Cristo, constructores de fraternidad y sembradores de esperanza.
  10. En toda competencia existen adversarios. En la vida cristiana también los hay. El mal, las tentaciones, el egoísmo, la mentira, la indiferencia y el desaliento intentan apartarnos del camino. El demonio busca sembrar confusión y hacer creer que el bien no vale la pena. Pero el Señor nos dice una y otra vez: «No tengan miedo». Él camina con nosotros y nos da la fuerza necesaria para seguir adelante.
  11. El Señor también nos enseña a renunciar a aquello que puede convertirse en un obstáculo para nuestra vida. Las adicciones, las ambiciones desmedidas, la codicia, la envidia y el deseo de tener siempre más pueden apartarnos del camino correcto. Muchas veces miramos lo que otros poseen y olvidamos el inmenso tesoro que ya hemos recibido. Y ese tesoro es la fe, la amistad con Jesucristo y el amor de Dios que habita en nuestros corazones.
  12. Ustedes conocen bien algunos de los desafíos que enfrentan los jóvenes de hoy. Muchos han quedado atrapados por las drogas y otras adicciones. Otros han caído en la violencia, en la desesperanza o en conductas que dañan su dignidad. También existen nuevos desafíos. Muchos jóvenes pasan horas interminables frente a las pantallas. Algunos se vuelven dependientes de los videojuegos. Otros quedan atrapados en apuestas en línea. Existen desafíos virales en TikTok, Instagram y otras plataformas que muchas veces parecen divertidos, pero terminan poniendo en riesgo la salud, la integridad e incluso la vida.
  13. Poco a poco algunos terminan alejándose de sus estudios, de sus familias, de sus amigos verdaderos y de sus responsabilidades. Viven permanentemente conectados a una pantalla, pero desconectados de la realidad. Las redes sociales pueden ser útiles cuando se utilizan con responsabilidad. Pueden ayudar a aprender, a comunicarse y a compartir cosas buenas. Pero nunca deben ocupar el lugar de Dios, de la familia, de la amistad sincera, del estudio, del trabajo o del servicio a los demás.
  14. Por eso quisiera recordar hoy a un joven que se ha convertido en un modelo para muchos adolescentes y jóvenes del mundo entero: Carlo Acutis. Él amaba la informática, utilizaba internet y conocía la tecnología. Pero comprendió que la tecnología debía ser un instrumento al servicio del bien y no una esclavitud. Su corazón pertenecía a Jesucristo. Carlo decía que la Eucaristía era su autopista hacia el cielo. Vivió pocos años, pero corrió bien su carrera. No perdió tiempo en caminos equivocados. Supo amar a Dios y amar al prójimo. Supo utilizar sus talentos para hacer el bien. Y alcanzó la meta de la santidad.
  15. Queridos jóvenes, hoy el Espíritu Santo viene a fortalecerlos para que ustedes también corran bien su carrera. Hay dos caminos que nunca deben separarse: el amor a Dios y el amor al prójimo. En realidad, son dos carriles de una misma pista. Quien ama verdaderamente a Dios aprende a amar a los demás. Y quien ama auténticamente a los demás descubre cada vez más el amor de Dios.
  16. La sociedad necesita jóvenes valientes. Jóvenes honestos en medio de la corrupción. Jóvenes generosos en medio del egoísmo. Jóvenes capaces de construir puentes donde otros levantan muros. Jóvenes que defiendan la vida, la verdad, la justicia y la dignidad de cada persona. No tengan miedo de ser diferentes. No tengan miedo de vivir su fe. No tengan miedo de rezar. No tengan miedo de ir contra corriente cuando sea necesario. Cristo nunca abandona a quienes confían en Él.
  17. Dentro de unos momentos recibirán el sello del Espíritu Santo. Que ese Espíritu los ilumine en sus estudios, fortalezca sus familias, guíe sus decisiones y los acompañe durante toda su vida. Que María Santísima, hija predilecta del Padre, Madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, los proteja siempre. Y que San Ramón Nonato interceda por cada uno de ustedes para que perseveren en la fe, permanezcan en la pista correcta y alcancen un día la meta definitiva: la alegría eterna junto a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

 

                  31 de mayo  de 2026

 

+ Adalberto Card. Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de Asunción