«Comprometerse en la vida comunitaria»

Confirmaciones – Bañado Sur

1. Queridos hermanos y hermanas; queridos jóvenes que hoy recibirán el Sacramento de la Confirmación: celebramos este octavo día del novenario en honor de nuestro santo patrono, Cristo Solidario. El tema que nos convoca es el compromiso con la vida comunitaria. La fe cristiana no se vive en soledad. Dios nos llama a caminar juntos, a formar una comunidad de hermanos y hermanas que comparten la misma fe, la misma esperanza y el mismo amor.

2. La primera lectura nos presenta a los Apóstoles reunidos junto con María, la Madre de Jesús. Permanecían unidos en la oración, esperando la promesa del Señor. Y es precisamente sobre esa comunidad reunida donde desciende el Espíritu Santo. Pentecostés nos enseña que el Espíritu crea comunión, fortalece la unidad y nos impulsa a la misión.

3. El Espíritu Santo se manifiesta mediante un viento impetuoso y mediante lenguas como de fuego. Estas lenguas representan la comunicación de Dios con los hombres. Dios habla, se revela y entra en diálogo con la humanidad. En Pentecostés, el Espíritu transforma las lenguas humanas para que se conviertan en instrumentos de la Palabra de Dios. Nos ayuda a comunicarnos mejor, fortalece nuestra fe, alimenta nuestra esperanza y acrecienta nuestra caridad. Al mismo tiempo nos impulsa a cumplir el mandato misionero de Jesús. Son lenguas de fuego verdadero que iluminan, purifican y transforman. Son muy distintas de los fuegos fatuos que brillan por un instante pero no producen cambios duraderos.

4. El milagro de Pentecostés no consiste solamente en hablar distintos idiomas. El verdadero milagro es que personas de diversos pueblos y culturas logran comprenderse. Allí donde Babel sembró división, el Espíritu Santo crea entendimiento y comunión. Allí donde había distancia, construye puentes.

5. Dentro de pocos días celebraremos a San Antonio de Padua. Cuando años después de su muerte fue abierto su sepulcro, se encontró incorrupta su lengua. La Iglesia vio en ello un signo de una lengua utilizada para anunciar el Evangelio, defender la verdad, reconciliar a las personas y acercar muchos corazones a Dios.

6. La lengua permanece incorrupta cuando sirve al bien. Cuando bendice y no maldice. Cuando anima y no desanima. Cuando une y no divide. Cuando promueve la concordia y ayuda a construir una comunidad con un solo corazón y una sola alma.

7. Pero también existe el peligro contrario. La lengua puede corromperse y puede corromper a otros. El apóstol Santiago nos advierte: «La lengua es un fuego» (Sant 3,6). Una lengua corrompida es aquella que se presta a la mentira, al rumor, a la calumnia, a la difamación y al resentimiento. Una sola palabra puede herir profundamente y provocar divisiones duraderas.

8. Vivimos además en tiempos donde abundan las palabras. Estamos atravesando campañas políticas para las internas partidarias que se celebrarán este domingo, en preparación de las futuras elecciones municipales. Escuchamos discursos, vemos afiches, leemos mensajes y observamos innumerables publicaciones en las redes sociales.

9. Todos esperamos palabras que se conviertan en obras. Particularmente aquí, en nuestros barrios del Bañado Sur, una de las periferias más vulnerables de nuestra ciudad. Necesitamos mejores caminos, viviendas más seguras, espacios públicos más dignos y servicios que lleguen efectivamente a las familias. Hay baches materiales que reparar y obras que realizar. Pero también existen otros baches más profundos que muchas veces no aparecen en las calles, sino en la vida de las personas.

10. Son los baches sociales y humanos que tanto nos preocupan: la pobreza, la falta de oportunidades para los jóvenes, las adicciones, la violencia familiar, el abandono de los ancianos, la deserción escolar, la falta de trabajo digno y tantas heridas que afectan a nuestras familias. Estos baches humanos también deben formar parte de las preocupaciones de quienes tienen responsabilidades públicas, porque el verdadero desarrollo no consiste solamente en mejorar las calles, sino también en cuidar la dignidad de las personas.

11. Todos esperamos palabras bellas, palabras que suenan bien al oído, palabras capaces de despertar esperanza y entusiasmo. Pero sabemos también que existen palabras que prometen mucho y cumplen poco. La verdadera prueba de una palabra no está solamente en lo que dice, sino en las obras que la acompañan. Las palabras encuentran su verdad cuando se convierten en servicio y compromiso.

12. También existe el riesgo de que el dinero intente influir sobre las conciencias y comprar voluntades. Los cristianos estamos llamados a actuar con libertad, honestidad y responsabilidad. La conciencia humana tiene una dignidad que no puede venderse ni comprarse.

13. La honestidad comienza por casa. Comienza en el propio corazón. Antes de exigir honestidad a los demás, debemos cultivarla nosotros mismos. La honestidad nos llama a ser verdaderos, coherentes y transparentes.

 

14. Por eso solemos decir con admiración: «Es un hombre de palabra» o «es una mujer de palabra». No porque hable mucho, sino porque cumple lo que promete. Porque existe coherencia entre lo que dice y lo que hace.

15. A lo largo de la historia hemos conocido grandes oradores. Personas capaces de entusiasmar multitudes y despertar aplausos, vítores y hurras. Sin embargo, la historia también nos enseña que no todos los grandes oradores fueron grandes servidores. Algunos discursos brillantes terminaron conduciendo a pueblos enteros a la división, al enfrentamiento, a la violencia o al fracaso. No basta hablar bien. No basta emocionar. No basta entusiasmar. La verdadera prueba de una palabra está en las obras que la acompañan.

16. Jesús mismo nos enseñó que los árboles se conocen por sus frutos. No basta prometer; hay que cumplir. No basta anunciar; hay que realizar. No basta hablar de justicia; hay que practicarla. No basta hablar de solidaridad; hay que vivirla.

17. Por eso Jesús pudo afirmar: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt 24,35). Sus palabras permanecen porque eran verdaderas. Lo que anunciaba lo vivía. Lo que enseñaba lo practicaba. Lo que prometía lo cumplía. Cuando hablaba de amor, amaba. Cuando hablaba de servicio, servía. Cuando hablaba de entrega, entregó su vida por nosotros en la cruz.

18. En cambio, muchas palabras humanas desaparecen porque carecen de obras que las sostengan. Los discursos vacíos se olvidan. Las promesas incumplidas pierden credibilidad. Las palabras engañosas terminan siendo desmentidas por los hechos. La verdad de una palabra se verifica en la vida.

19. El Evangelio de hoy nos recuerda: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos». Amar a Cristo no consiste solamente en pronunciar palabras lindas o expresiones de fe. Amar a Cristo significa vivir según el Evangelio y transformar nuestras palabras en obras concretas de solidaridad y servicio.

20. Por eso el nombre de nuestra parroquia es tan hermoso y exigente. Cristo Solidario es Jesús que se hizo cercano a los pobres, a los enfermos, a los excluidos y a los que sufren. No pasó de largo ante el dolor humano. Se hizo solidario con nosotros para enseñarnos a ser solidarios entre nosotros.

21. El Bañado Sur conoce bien el valor de la solidaridad. Esta comunidad ha atravesado inundaciones, dificultades y numerosas pruebas. Pero también ha sabido compartir, ayudarse mutuamente y sostenerse en los momentos difíciles. Esa experiencia concreta refleja algo del espíritu de Cristo Solidario.

22. Queridos jóvenes confirmandos: hoy recibirán el Espíritu Santo para ser discípulos y misioneros de Cristo. El Espíritu quiere transformar también sus palabras. Que sus conversaciones transmitan respeto. Que sus mensajes reflejen la verdad. Que sus labios anuncien esperanza. Que aprendan a hablar el lenguaje de Cristo Solidario: el lenguaje de la fraternidad, de la verdad y del servicio.

23. Queridos confirmandos: hoy el Señor los confirma en la fe y los selecciona para formar parte de su equipo. Así como los entrenadores convocan a sus jugadores para representar a su país en las grandes competiciones, también Jesucristo los ha llamado personalmente para formar parte de su misión. Ustedes han sido elegidos para llevar la Buena Noticia a todas partes: a sus familias, a sus amigos, a sus escuelas, a sus barrios y a nuestra comunidad. En este camino encontrarán dificultades, desafíos y obstáculos, como ocurre en todo gran partido. Pero no están solos. El Señor es el entrenador de nuestras vidas. Él nos enseña, nos fortalece, nos corrige cuando es necesario y nos anima a seguir adelante. El Espíritu Santo será la fuerza que los sostendrá en este camino. Nosotros, como país, celebramos con alegría la participación de Paraguay en el Mundial y alentamos a nuestros jugadores a dar lo mejor de sí. Pero ustedes están llamados a disputar una misión todavía más grande: la construcción del Reino de Dios, llevando la verdad, la esperanza, la solidaridad y el amor de Cristo a todos los rincones donde les toque vivir.

24. En este octavo día de la novena hemos reflexionado sobre el tema: «Comprometerse en la vida comunitaria». El Espíritu Santo nos llama a salir de la indiferencia, del individualismo y del aislamiento para convertirnos en verdaderos constructores de comunidad. Comprometerse con la vida comunitaria significa participar, colaborar, servir, compartir los dones recibidos y sentirse responsable del bien de todos. Que, siguiendo el ejemplo de Cristo Solidario y de San Antonio de Padua, utilicemos siempre nuestras palabras para bendecir, animar, reconciliar y construir fraternidad. Que nuestras palabras estén respaldadas por nuestras obras y que nuestra vida entera sea un testimonio de fe, esperanza y caridad al servicio de nuestra comunidad.

Asunción, 05 de junio del 2026


Card. Adalberto Martinez Flores
Arzobispo de la Arquidiócesis de Asunción