Compartimos los fundamentos históricos y teólógicos que motivan el proyecto de la Arquidiócesis para la erección de un monumento a la Virgen Nuestra Señora de la Asunción. La obra estará a cargo de la escultora paraguaya, Ingrid Seall, y será emplazada en la Costanera Norte, zona Bahía de Asunción. Su inauguración se prevé para el próximo 15 de agosto fecha en que la ciudad capital celebrará 490 años y se cumplirán 75 años en que la Virgen de la Asunción fue declarada Patrona del Paraguay por el Papa Pío XII (1951) y Mariscala de las Fuerzas Armadas de la Nación, por el presidente Federico Chávez.

Agradecemos el interés expresado en torno al proyecto del monumento a Nuestra Señora de la Asunción en la Costanera de Asunción, promovido por la Arquidiócesis de la Santísima Asunción. Recibimos con respeto las diversas opiniones y comentarios suscitados por esta iniciativa, valorando la participación de quienes aman nuestra ciudad, su historia, su patrimonio cultural y su futuro.
Quizás convenga recordar algunos hechos históricos que forman parte de la memoria y de la identidad de Asunción y del Paraguay.
La bahía de Asunción y los orígenes de nuestra ciudad
El 15 de agosto de 1537, día en que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, Juan de Salazar y Espinosa estableció la Casa Fuerte de Nuestra Señora Santa María de la Asunción en la bahía que hoy sigue llevando ese nombre. A partir de aquel acontecimiento nació la ciudad de Asunción, que con el paso de los siglos sería conocida como la Madre de Ciudades, por haber sido punto de partida de numerosas expediciones y fundaciones que marcaron la historia de esta parte de América.
Por ello, la Bahía de Asunción no es un lugar cualquiera. Es el espacio fundacional de nuestra capital y uno de los sitios más emblemáticos de la historia nacional. La ubicación elegida para el monumento, en la Costanera de Asunción, forma parte de ese mismo entorno histórico ligado a los orígenes de la ciudad.
Para los habitantes de nuestra ciudad y para el pueblo paraguayo, ella es ante todo Nuestra Señora de la Asunción. La ciudad recibió este nombre el 15 de agosto de 1537, en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Desde entonces, la historia de Asunción quedó estrechamente vinculada a esta advocación mariana, que recuerda la fe de la Iglesia en María asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y la esperanza cristiana en la vida eterna.
Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del Paraguay
Asimismo, mediante la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus (Dios sumamente generoso), del 1 de noviembre de 1950, Su Santidad el Papa Pío XII proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María.
Posteriormente, mediante Breve Apostólico del 13 de julio de 1951, el mismo Pontífice declaró a la Santísima Virgen María de la Asunción Principal Patrona Celestial ante Dios de la República del Paraguay y de las Fuerzas Armadas de la Nación.
Ese mismo año, mediante la Ley N.º 102 del 13 de agosto de 1951, promulgada por el presidente Federico Chaves, el Estado paraguayo le confirió el título honorífico de Mariscala del Ejército Paraguayo, reconocimiento que forma parte de nuestra historia nacional y de una antigua tradición de devoción del pueblo paraguayo.
El significado del título de Mariscala
Este reconocimiento histórico debe entenderse a la luz de la tradición espiritual y cultural de nuestro pueblo. Para los creyentes, María no representa el poder ni el dominio sobre los demás. Por el contrario, el Evangelio la presenta como la humilde sierva del Señor. En este contexto, el título de Mariscala expresa simbólicamente la cercanía, protección y acompañamiento maternal de la Virgen hacia los hombres y mujeres que sirven a la patria en las Fuerzas Armadas y hacia sus familias.
Del mismo modo, el bastón de mando que tradicionalmente acompaña esta representación no pretende exaltar formas de poder humano, sino evocar la responsabilidad del servicio. En la tradición bíblica, la vara o el cayado son signos del cuidado del pastor hacia su rebaño. El Salmo 23 proclama: «Tu vara y tu cayado me dan seguridad». Así también, para muchos creyentes, estos símbolos recuerdan la misión de proteger, servir y velar por el bien de los demás, especialmente de los más vulnerables.
La devoción mariana en la vida de la iglesia
Sin embargo, la devoción mariana de la Iglesia no se reduce a un solo título. Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia ha honrado a la Santísima Virgen María con los más excelsos títulos que una criatura puede recibir delante de Dios.
El más grande de todos ellos es, sin duda, el de Madre de Dios (Theotokos), pues de su maternidad divina derivan todos los demás privilegios y títulos con los que los cristianos la veneran.
Por ello, a lo largo de los siglos, María ha sido invocada como Nuestra Señora de la Asunción, Madre del Perpetuo Socorro, María Reina, Reina de la Paz, Auxilio de los Cristianos, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de Lourdes, Nuestra Señora de Fátima, Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Evangelización y con muchos otros títulos nacidos de la fe y del cariño del pueblo cristiano hacia la Madre del Señor.
Lejos de disminuir su humildad, estos títulos manifiestan la admiración, el amor filial y la gratitud de generaciones de creyentes hacia aquella que fue elegida por Dios para ser la Madre de Jesucristo.
La Iglesia contempla en María no solamente a la Reina gloriosa del cielo, sino también a la humilde mujer de Nazaret, discípula fiel de Cristo y Madre solícita que acompañó a Jesús en la sencillez del hogar de Nazaret y continúa acompañando a sus hijos e hijas en el camino de la fe.
Ya en el siglo IV, San Efrén de Siria cantaba las alabanzas de María llamándola Madre de Dios, Abogada, Intercesora y puente que une la tierra con el cielo, testimoniando así que la veneración a la Santísima Virgen acompaña a la Iglesia desde sus primeros siglos.
La verdadera grandeza de María proviene de su fe, de su obediencia a la voluntad de Dios y de su respuesta generosa: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
El monumento y su valor cultural, histórico y artístico
El monumento proyectado no busca imponer una creencia ni sustituir las urgencias sociales que diariamente nos desafían. Busca recordar las raíces históricas, culturales y espirituales que dieron origen a nuestra ciudad y acompañaron la vida de nuestro pueblo a lo largo de casi cinco siglos.
La obra ha sido concebida por la escultora paraguaya Ingrid Seall, nacida en Asunción, artista de reconocida trayectoria nacional e internacional. Formada junto a destacados maestros del arte paraguayo, ha desarrollado una importante labor creativa en nuestro país y en el exterior. Sus obras han sido exhibidas dentro y fuera del Paraguay, participando en importantes espacios internacionales de arte contemporáneo y representando al país en destacados escenarios culturales. La elección de una artista paraguaya responde también al deseo de valorar el talento nacional y enriquecer el patrimonio cultural de nuestra ciudad con una obra original, concebida especialmente para este proyecto y realizada por una creadora profundamente vinculada a nuestra historia, a nuestra identidad y a nuestras raíces culturales.
Asimismo, considerando que la Costanera forma parte del patrimonio público de la Municipalidad de Asunción, la Arquidiócesis de la Santísima Asunción presentó formalmente a las autoridades municipales la propuesta de emplazamiento del monumento a Nuestra Señora de la Asunción en dicho lugar. La iniciativa estuvo acompañada de los antecedentes históricos, culturales, artísticos y técnicos correspondientes, incluyendo la propuesta de ubicación, los diseños de la obra y la documentación necesaria para su evaluación. El proyecto fue analizado por las instancias municipales competentes conforme a los procedimientos institucionales establecidos y recibió las autorizaciones correspondientes para su ejecución e instalación. Del mismo modo, la iniciativa fue oportunamente presentada y considerada en el ámbito del clero arquidiocesano.
El compromiso social de la iglesia
Comprendemos también a quienes expresan preocupación por las necesidades sociales de nuestro pueblo y consideran que determinados recursos o esfuerzos podrían destinarse prioritariamente a personas en situación de necesidad. Esa preocupación es legítima y también forma parte de nuestras propias preocupaciones pastorales.
La Arquidiócesis de la Santísima Asunción, a través de la Dirección de Desarrollo Humano Integral Sostenible y de sus diversas pastorales, acompaña diariamente a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias vulnerables, adultos mayores, pueblos indígenas, personas privadas de libertad, enfermos, migrantes y personas en situación de necesidad.
Entre otras iniciativas desarrollan su misión la Pastoral Social, la Pastoral Penitenciaria, la Pastoral de la Salud, la Pastoral del Deporte, la Pastoral Indígena, la Pastoral de la Tercera Edad, la Pastoral del Niño y la Red Arquidiocesana del Cuidado para la prevención y protección de niños, niñas, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad.
A ello se suman numerosas obras e instituciones de servicio y promoción humana, entre ellas hogares, albergues y centros de acogida que atienden a personas en situación de fragilidad social, así como el Pequeño Cottolengo Don Orione, dedicado al cuidado de personas con discapacidad.
Asimismo, la Arquidiócesis acompaña iniciativas destinadas a brindar acogida, alojamiento y apoyo a jóvenes indígenas que llegan a la ciudad capital para continuar sus estudios y acceder a mejores oportunidades de formación, promoviendo así la inclusión, la dignidad humana y el desarrollo integral de algunos de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
Estas y muchas otras iniciativas son sostenidas por parroquias, congregaciones religiosas, movimientos eclesiales y voluntarios que sirven silenciosamente cada día a quienes más necesitan apoyo, acompañamiento y esperanza.
De igual modo, en las distintas parroquias de la Arquidiócesis, a través de las pastorales sociales, comedores, campañas solidarias, visitas a enfermos, acompañamiento a familias, apoyo a niños, adolescentes y adultos mayores, y numerosas acciones comunitarias, se realizan diariamente obras de cercanía, cuidado y promoción humana que forman parte esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia.
Memoria histórica, patrimonio cultural y bien común
Al mismo tiempo, la Iglesia considera parte de su misión contribuir a la conservación y promoción del patrimonio histórico, cultural y espiritual de nuestro pueblo. Templos, imágenes, pinturas, monumentos, archivos, obras de arte y otros bienes culturales no son solamente expresiones religiosas; forman parte de la memoria colectiva de una nación y ayudan a transmitir a las nuevas generaciones los valores, las tradiciones y las raíces que han contribuido a forjar nuestra identidad.
La promoción humana integral y el cuidado de la memoria histórica, cultural y espiritual no son realidades contrapuestas. Ambas contribuyen a la dignidad de las personas, al fortalecimiento del tejido social y a la construcción del bien común.
Memoria, gratitud y esperanza
El monumento a Nuestra Señora de la Asunción busca ser un signo de memoria, gratitud y esperanza. Memoria de la historia que dio origen a nuestra ciudad; gratitud por la fe que acompañó el caminar de generaciones de paraguayos; y esperanza en la construcción de una sociedad más fraterna, solidaria y reconciliada.
Estamos seguros de que este lugar se convertirá en un espacio de encuentro, oración y peregrinación para numerosos fieles, no solamente de nuestra ciudad capital y de sus alrededores, sino también de todo el país. Así como tantos santuarios, templos e imágenes religiosas forman parte de la vida espiritual del pueblo paraguayo, este monumento podrá constituirse en un punto de referencia para la devoción mariana, invitando a la contemplación, a la reflexión, a la oración y a renovar la confianza en Dios bajo la protección maternal de Nuestra Señora de la Asunción.
Que Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del Paraguay, Madre de Dios y Madre nuestra, siga bendiciendo a nuestra ciudad, a sus familias y a toda nuestra gran nación.
Asunción, 07 de junio del 2026
Arzobispado de Asunción – Paraguay
Por qué erigir un monumento a Nuestra Señora de la Asunción en la Costanera Norte
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