Evangelio de hoy

VIERNES DE LA SEMANA 24° DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Evangelio según San Lucas 8, 1-3

“Predicando y anunciando la buena noticia”

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la buena noticia del reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. Palabra del Señor.

Meditación

Gratitud por la mujer en Paraguay. Naturalmente pensamos en la Virgen María, y algunas mujeres que “fueron escogidas por Jesús para que fueran del número de sus discípulos”. Sabemos que a más de los 12 para ser apóstoles del nuevo Israel, para que estuviesen con Él y enviarlos a predicar, padres y madres del nuevo Pueblo de Dios, todos dieron su Sí al Señor.

    Pero “¿cómo podrá ser agradecido con Dios alguien que no es capaz de disfrutar de sus pequeños regalos de cada día, alguno que no sepa detenerse ante las cosas simples y agradables que encuentra a cada paso, muchos insaciables que andan obsesionados por más y más placeres?  Por qué nadie es peor de lo que se tortura asimismo si 14, seis. No se te impida vivir con gratitud el día día. La cuestión es saber abrir los ojos y detenerse pro vivir plenamente y con gratitud cada pequeño don de la vida” (ver Papa Francisco, a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios, en ChrV, 146). Los agradecidos dan su sí al llamado de Cristo, descubren la Verdad y se les abre un sendero de Libertad.

     Confiemos en el Señor y encontraremos la Verdad; comprometámonos en seguir a Jesús y creceremos con Libertad. Verdad y Libertad van juntas una vez que haya adhesión a Cristo, su persona, su llamado, su misión. Por eso, nos conviene “anunciar como María Magdalena y las otras mujeres del Evangelio y, el testimonio de la resurrección de Cristo, nuestro verdadero y único consuelo y libertador” (ver San Juan Pablo II, Alocución abril de 1979).

¡Bienaventurados los pobres en espíritu

porque de ellos es el reino de Dios!

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

cuando me cerquen y acechen los malvados,

que confían en su opulencia

y se jactan de sus inmensas riquezas,

si nadie puede salvarse

ni dar a Dios un rescate?