HOMILÍA

XIX Martes del Tiempo Ordinario

Séptimo día del Novenario de Nuestra Señora de la Asunción

Tema: «Practicar la justicia “Cada vez que lo hicieron… lo hicieron conmigo”.» 
Lecturas: Ezequiel 2, 8-3, 4
Salmo 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131
Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Pensamos que sabemos lo que es “practicar la justicia”, pensamos saber sobre todo qué es la injusticia. Injusticia es explotación, abuso, humillaciones, mentira, doble-intenciones, falta de respeto a lo prometido (laboral, familiar, jurídico, etc.), medidas desiguales, aplicación desigual de las medidas,… Lo que no es justo. De esto tenemos una percepción “tripal”.

También sabemos de lo justo e injusto a través de nuestra educación y nuestra sensibilidad política. Algunos sienten como injusticia la falta a los derechos laborales, otros consideran injustos los impuestos a sus importaciones o expor-taciones. Algunos ven la mayor justicia en la posibilidad de una absoluta libertad de expresión, otros quieren poner límites a la proliferación de discursos que consideran “injustos”. Para algunos la educación es un derecho, para otros es fruto de los esfuerzos propios. Lo mismo para la protección social. Algunos creen que la pena de muerte es justa; otros (y los católicos entre ellos) dicen que no. Lo mismo para el aborto y la asistencia médica a la muerte. Estos y muchos otros temas alimentan nuestros debates sobre lo justo y lo injusto.

Estos son los debates, hoy hablamos de “hacer” la justicia. Por supuesto, lo que creemos, decimos, valoramos tiene mucho que ver con nuestra práctica. Lastimosamente, hablamos mucho, más de la medida. Y Jesús dijo: “Cuando des limosna (considerada como “acto de justicia” en la costumbre judía), que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha…” ¿Qué es hacer la justicia? ¿Qué es hacer la justicia a la manera de Jesús, como seguidores suyos? La frase de nuestro tema de hoy nos da la pista: “Lo que hacen a uno de estos más pequeños que son mis hermanos, a mí me lo hacen…” Jesús se identifica a los pequeños, a los hambrientos, sedientos, enfermos, presos,… También a los migrantes, a los excluidos, a los impuros según el código de su propia religión. La teología latinoamericana resumió estas figuras en la de los “pobres”. Por esto hablamos de “opción preferencial por los pobres”. Hacer justicia, en modo cristiano, es vivir “la opción preferencial por los pobres”.

Durante un tiempo esta expresión cayó en desuso, fue apartada de nuestro vocabulario. El Papa Francisco y hoy el Papa León, ambos de manera distintas, la rehabilitaron. Y dicen una cosa fundamental: la opción por los pobres no es un capricho de algunos, no es una ideología, no tiene un origen político, la opción por los pobres revelación del Dios vivo y verdadero.

1. La justicia es de Dios y es gratuita, es gratuidad, es gracia. Vivir en la justicia, según la revelación cristiana, es dejarse tocar por el amor de Dios, y dejarse conducir por él. En la nueva vida que Él inaugura, no nos valemos por nuestro propios valores, ni por nuestros méritos. Dios se da gratuitamente. Da más, perdona. Vivir como cristianos es cumplir con lo que dijo Jesús: “Ustedes recibieron gratuitamente, den gratuitamente.” Esto es el fundamento de la justicia.

2. La gracia gratuita de Dios es el fundamento de la dignidad. Y celebramos de verdad la dignidad humana cuando estamos donde esta dignidad no está reconocida, ni respetada. Dios ama su creación, ama a sus hijas e hijos, a los más pequeños con un amor preferencial. Ahí va Jesús. Ahí está Dios.

Muchos se ha comentado sobre esta “preferencia” y se la ve como una injusticia de Dios. A esto se responde: Dios prefiere a los más pobres, punto. Dice: “Dichosos los pobres…” y pide a todos de cambiar la dirección de su mirada: no hacia la gloria, el poder, el lucro, el rango, la imagen… sino hacia los pequeños. Si sentimos celos, hay que aprender a vivir con ello. Nuestro Padre prefiere a este hijo o esta hija más débil, enfermo, pródigo, pecador, pequeño… Papá lo ve, como es. Tiene fe en él o ella, ellos. Nos toca aprender a mirar. Y a conocer el corazón de Papá.

3. Las verdaderas injusticias son la pobreza y la miseria, porque descomponen la belleza que Dios ha puesto en su creación. Tener que existir sin lo necesario para sobrevivir. Estar solo ante la enfermedad y la muerte. Ser humillado por no acceder a un mínimo de integración social. La revelación de Dios es que “el Señor escucha el clamor de los pobres”. Esta expresión se encuentra en tantos textos bíblicos. Y la recomendación para consagrar a Pablo como apóstol: “que no se olvide de los pobres”. En la memoria de Dios están los pobres, primero.

4. En muchas crisis morales, nos indignamos ante los que callan y justifican. Ante la injusticia de la pobreza, aceptar sin cuestionar el orden económico y político que fabrica o simplemente deja estar tantos pobres, que considera a los empobrecidos como “daños colaterales”, “gente que no quiere trabajar” es muy grave. Francisco y León hablan de “una economía que mata”.

Nos estamos acostumbrando a un desorden que destruye la vida de mucha, mucha gente. Seguir a Jesús es despertar de
este estado medio dormido donde no nos toca más la herida, la mordedura de la pobreza y la exclusión. Despertando así, vemos a Dios justo y misericordioso, Padre que tiene corazón.

Esta revelación de Dios nos “cambia la moral”. Esto es el principio de la práctica de la justicia. Ver a Dios así nos transforma interiormente y transforma nuestra mirada. Ahora podemos ver el mundo como “bien común”. Recibimos gratuitamente, podemos dar gratuitamente. Podemos ver a los más pequeños como hermanos y hermanas, aliviar sus dolores, luchar juntos para erradicar la pobreza.

Hacer justicia implica acción social. Somos comunitarios, somos sociedad. Cuesta más ahora asociarse, documentarse, reunirse, tener una voz común, contradecir los poderes injustos. Pero estas acciones conjuntas, a favor de los pobres, del bien común, son el camino por excelencia de la caridad. Es político, en el sentido profundo de la palabra. Intentamos a través de nuestras pastorales sociales, de salud, de los ancianos, de la niñez,… no tanto asumir toda la tarea, sino participar para luchar contra la trata de personas y la explotación infantíl; los sistemas sútiles y no tan sútiles de exclusión en los ambientes familiares, laborales, institucionales, hasta eclesiales; la destrucción de la casa común para permitir el enriquecimiento de unos pocos… La opción por los pobres es camino para todos los cristianos.

Hoy celebramos a Santa Clara, la amiga del Pobre de Asís, Francisco, también prendida al mismo sueño de vivir en la humildad y amar a los pobres. Que ella, y María, Virgen de la Asunción y Madre de los pobres, nos guíen en nuestros discernimientos y decisiones para “hacer la justicia”.


11 de agosto de 2026

 Monseñor Pierre Jubinville

Obispo de la Diocesis de San Pedro Apóstol y

Presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya