Evangelio de hoy

SÁBADO DE LA SEMANA 5ª DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Evangelio según San Marcos 8, 1-10

“Comieron hasta saciarse”

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos”. Los discípulos le preguntaron: “¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?”. Él les dijo: “¿Cuántos panes tienen ustedes?”. Ellos respondieron: “Siete”. Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran. Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta. Palabra del Señor.

Meditación

De la misma manera como en la primera multiplicación de los panes (cf. Mc 6,30ss.), Jesús se compadece (padece con) de la gente y les da el alimento de modo abundante hasta saciarse, pidiendo a sus discípulos para que puedan distribuirlo. Los interlocutores vienen de lejos, una expresión en las Sagradas Escrituras que refiere a los no judíos, o a los paganos, quienes son invitados a seguir a Jesús y pertenecer al Pueblo de Dios (cf. Is 60,4; Hch 2,39). Quienes se alimentan de los siete panes son cuatro mil personas y las sobras se recogen en siete cestos, no ya 12 como en la anterior multiplicación (cf. Mc 6,43). Se dice que hace alusión a los cuatro puntos cardinales, a las siete naciones de Canaán (cf. Hch 13,19) y los siete diáconos elegidos para servir a los griegos (cf. Hch 6,1-7).

Jesús alimenta a judíos y no judíos, a quienes vienen de lejos y de todas partes junto a Él (cf. Is 25,6-10), sean judíos o paganos y obra enviando a los discípulos para que hicieran el servicio. Este banquete del Reino es una fiesta abundante en bienes divinos tanto para Israel y para todos, haciendo posible que haya comunión entre los pueblos desde la reconciliación porque hay comunión con Dios. La fraternidad cristiana no se reduce sólo a bellas palabras, sino que también intenta realizar el milagro de distribuir los bienes materiales de algunos para toda la multitud. Gestos y palabras acompañan al compromiso de estar al lado de la gente más sencilla que busca al Maestro, quiere que le escuche, que le toque, que diga algo a favor a fin de superar su situación de necesidad. No es suficiente la publicación de documentos, o cartas pastorales, sino que también se debería acompañar con los gestos concretos de solidaridad y amor respondiendo a las necesidades específicas de los hermanos.

Perdón Señor porque muchas veces queremos servir sólo con los que están cerca y nos resultan cómodos, nos cuesta llegar hasta los que nos incomodan, o son indiferentes o no creen. Ayúdanos a que de corazón queramos compartir lo que somos y tenemos, aunque aparentemente sea muy poco, y a creer en tu poder de multiplicar aquello, porque del milagro te encargas Tú. Gracias por hacernos partícipes de la misión de servir a los hermanos desde nuestra pobreza, pues aunque las necesidades siempre exceden a nuestras posibilidades, Tú completas con tu Gracia nuestros pequeños gestos de generosidad para que alcance la abundancia a todos. Amén.