Queridos jóvenes:

Hoy recibirán la Confirmación en un día verdaderamente inolvidable. Este 24 de mayo quedará grabado para siempre en sus corazones, porque la Iglesia celebra Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, y al mismo tiempo celebramos también a María Auxiliadora, la Madre que acompañó a la primera comunidad cristiana reunida en oración esperando ese fuego de Dios.

Y qué providencial que ustedes reciban este sacramento aquí, en la Parroquia San Antonio de Padua. San Antonio fue un hombre lleno del Espíritu Santo. Su predicación nacía de la oración, del amor a la Palabra de Dios y de un corazón humilde y cercano a los pobres.

Hay una escena muy hermosa de su vida. Se cuenta que una noche, mientras San Antonio rezaba en silencio, el dueño de la casa donde se hospedaba miró por una rendija de la puerta y lo vio abrazando al Niño Jesús lleno de luz entre sus brazos. Aquella imagen quedó grabada para siempre en la tradición cristiana. Más allá de lo extraordinario, esa escena nos recuerda que San Antonio tenía un corazón tan lleno de Dios que vivía en profunda intimidad con Jesús. El Espíritu Santo había transformado su vida en ternura, humildad y amor.

También pensemos en nuestra querida María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga. Ella tenía dentro de sí el fuego del Espíritu Santo que la hacía sonreír incluso en medio de las dificultades y del sufrimiento. Su alegría no era superficial; nacía de su encuentro con Jesús Eucaristía. El Espíritu Santo le daba fuerza, esperanza y una profunda paz interior. Chiquitunga comprendió que la verdadera felicidad está en amar y servir.

Y junto a ella podemos recordar también a Carlo Acutis, un joven lleno del Espíritu Santo, profundamente enamorado de la Eucaristía. Aunque vivía en medio de la tecnología, internet y los desafíos propios de la juventud, supo poner a Jesús en el centro de su vida. Decía que “la Eucaristía es mi autopista al cielo”. Carlo fue como un joven ungido por el Señor para evangelizar también en el mundo digital, mostrando que la santidad es posible hoy. El Espíritu Santo fortaleció en él una gran devoción a Jesús Eucaristía y lo convirtió en un testigo alegre y cercano para muchos jóvenes.

Hoy ustedes reciben ese mismo Espíritu Santo. Así como los apóstoles pasaron del miedo a la valentía, también ustedes son fortalecidos para la misión. El Espíritu Santo viene a encender sus corazones con el fuego del amor de Dios, para que nunca se avergüencen de la fe y puedan ser discípulos misioneros en medio del mundo.

La Confirmación no es solamente una ceremonia muy linda, sentida y profunda, sino un verdadero encuentro con el Espíritu Santo que marca sus vidas para siempre. Hoy ustedes reciben un sello espiritual que los fortalece para vivir la fe con valentía, para anunciar a Jesucristo y para ser discípulos misioneros en medio del mundo. El Señor los unge con su Espíritu, ilumina sus corazones y los envía a llevar esperanza, alegría y amor allí donde les toque vivir.

Y junto con esta gracia, también asumen un compromiso con su comunidad. La comunidad de San Antonio los espera. Los necesita para crecer juntos en esta vocación de servicio, siguiendo el ejemplo del mismo Señor Jesús, el Ungido por excelencia. Él hoy los confirma para que ustedes también sean ungidos en Él y lleven el buen olor de las buenas obras, del amor, de la fraternidad y del servicio humilde.

Cristo espera mucho de ustedes. La Iglesia espera mucho de ustedes. No tengan miedo de comprometerse, de servir, de participar en sus comunidades, de ayudar a otros jóvenes, de acercarse a los pobres y de ser luz en medio del mundo.

Y qué hermoso signo contemplamos hoy: en pleno otoño florece la primavera. Muchas veces escuchamos que los jóvenes están perdidos o alejados, pero hoy la Iglesia contempla algo distinto: ustedes son una primavera nueva para la Iglesia y para el mundo. Ustedes son esperanza.

El Señor los marca hoy para una misión. Cada uno tiene una vocación y un camino. Algunos serán llamados a formar familias cristianas santas; otros quizá sentirán en el corazón un llamado más profundo a la vida consagrada o al sacerdocio.

¿Por qué no pensar también en esa posibilidad? Tal vez el Señor esté llamando a alguno de ustedes para servirlo más de cerca, abrazando un ministerio en su Iglesia, llevando esperanza a los demás y anunciando el Evangelio.

No tengan miedo de escuchar la voz de Dios. Él no quita nada; al contrario, da plenitud, alegría y sentido profundo a la vida.

Y María Auxiliadora, que estuvo con los apóstoles en Pentecostés, camina también hoy junto a ustedes. Ella los acompaña como Madre y les enseña a abrir el corazón al Espíritu Santo.

Que este fuego nunca se apague en sus vidas.

Asunción, 24 de mayo del 2026


Card. Adalberto Martinez Flores
Arzobispo de la Arquidiócesis de Asunción