Al cumplirse hoy 8 de mayo el primer aniversario de la elección del Cardenal Robert Francis Prevost como Papa, el Cardenal Adalberto Martínez Flores comparte en esta crónica los principales momentos del Cónclave en el que participó por primera vez los días 6, 7, y 8 de mayo del 2025 junto con sus pares del Colegio Cardenalicio para elegir al sucesor de Pedro.

El acontecimiento le ha representado “una experiencia extraordinaria de eclesialidad”, dice, al recordar lo que les tocó vivir el año pasado en el Vaticano cuando fue uno de los 133 Cardenales electores reunidos en la Capilla Sixtina, donde “hemos sentido la presencia del Espíritu Santo que efectivamente guía a la Iglesia para el cumplimiento de su misión”, expresa.

Al hacer memoria de los principales momentos, el cardenal explica que primeramente les cupo despedir al querido papa Francisco, “cuyo cariño hacia el Paraguay y el legado que nos ha dejado, los tenemos muy presente en el corazón”.

Antes del Cónclave, tuvieron además 12 congregaciones generales donde todos y cada uno de los Cardenales, provenientes de todos los continentes, tuvieron la oportunidad de escucharse sobre la situación de las iglesias locales y los desafíos que les presenta el mundo. “Esto nos permitió tener una visión global de la vida de la Iglesia, de sus necesidades y desafíos”, aclara.

El Cónclave

El cónclave propiamente se desarrolló entre el 6 y el 8 de mayo, luego de las celebraciones de las exequias del Papa Francisco, siguiendo las disposiciones y procedimientos establecidos en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, de San Juan Pablo II.

En horas de la mañana, todos los Cardenales electores participaron de la solemne celebración eucarística con la “Misa votiva Pro eligiendo Papa” (celebración litúrgica especial realizada en latín, que tiene como finalidad pedir la guía divina para la elección de un nuevo Sumo Pontífice).

Por la tarde, iniciaron una solemne procesión desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico hasta la Capilla Sixtina, invocando la asistencia del Espíritu Santo con el canto del antiguo y solemne himno en latín “Veni Creator Spiritus”.

La Capilla Sixtina, lugar y sede del desarrollo de la elección, estaba acondicionada para cumplir con las disposiciones de absoluta reserva, guardando el secreto hasta el final del proceso de votación. Ya en ella, el Cardenal más antiguo les tomó juramento para que se ajusten a las prescripciones de la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II, Universi Dominici Gregis (Pastor de todo el rebaño del Señor), de 1996; además, para guardar secreto respecto al escrutinio en el proceso de elección del nuevo Pontífice, y para que el que resultare elegido se comprometa a desempeñar fielmente el ministerio petrino.

“Seguidamente el Cardenal Raniero Cantalamessa nos brindó una bellísima reflexión”, agrega el Arzobispo. “Nos ofreció una profunda reflexión sobre la situación actual de la Iglesia y el papel que asume el nuevo Papa”.

Luego de la meditación, solo los Cardenales electores quedaron en la Capilla Sixtina para proceder a las votaciones. Cada día, los Cardenales realizaban hasta cuatro votaciones (dos por la mañana y dos por la tarde), siguiendo un proceso estricto.

En un clima de oración y de profunda comunión eclesial, “los Cardenales tuvimos un ambiente de fraternidad y un silencio fecundo para escuchar al Espíritu que hacía resonar en nosotros el clamor del mundo y de la Iglesia, previamente escuchado por medio de la intervención de todos y cada uno de nosotros”. No hubo proselitismo ni conciliábulos, explica el Cardenal Adalberto Martínez.

Tendencia

“Evidentemente, en la primera votación cada miembro del Colegio Cardenalicio votaba el nombre del Cardenal cuyo perfil consideraba el más apropiado para dirigir la barca de la Iglesia según el querer y el sentir expresado en las congregaciones generales”, agrega.

 

A partir de la segunda votación ya comenzó a generarse tendencias. En la tercera votación había una tendencia clara que se confirmó en la primera votación de la tarde del 8 de mayo, y cuarta del cónclave: Ya se tenían los dos tercios necesarios y más. “Había un nombre, un rostro, una historia, un testimonio de vida, de amor a la Iglesia y de compromiso con los pobres que era el señalado: el Cardenal Robert Prevost”.

Entre los Cardenales electores sintieron mucha alegría y emoción celebrando la elección del Papa León XIV. “De pie y con aplausos prolongados fue nuestro gozoso homenaje en la Capilla Sixtina”, rememora el Arzobispo de Asunción.

Inmediatamente se dispuso encender la chimenea del humo blanco para inciensar el cielo anunciando la gran noticia: ¡Habemus Papam!

La noticia se dispersó urbi et orbi (A la ciudad y el mundo) y surgieron expresiones de emoción y conmovidas lágrimas en todo el mundo. Se dieron los saludos de rigor de los Cardenales electores y no electores.

“Personalmente le expresé obediencia y regocijo al sucesor del Apóstol Pedro. Le había transmitido en ese momento nuestras alegrías y asegurado nuestras oraciones por él, de nuestros pueblos y especialmente del pueblo paraguayo que ama inmensamente al Papa”, rememora el Cardenal. Le expresó que estará acompañando en comunión y unidad ferviente a la Cátedra de Pedro.

León XIV, dice el Cardenal, es un Pastor sencillo y cercano a su pueblo, un hombre según el corazón de Cristo, “que pondrá todo su empeño en que la alegría del Evangelio sea anunciada a todos, sin exclusiones, con su mensaje de paz y de comunión”.