El posible retorno del “Cañón Cristiano” al Paraguay constituye un acontecimiento de profundo valor histórico y simbólico. No se trata solamente de recuperar una antigua pieza de artillería, sino de reencontrarnos con una parte de nuestra memoria nacional, marcada por el sufrimiento, el sacrificio y la resistencia de todo un pueblo.
Este cañón posee una singularidad que conmueve: fue fundido con el bronce de las campanas de las iglesias paraguayas. Aquellas campanas, destinadas a convocar al pueblo a la oración, fueron entregadas en una hora extrema para contribuir a la defensa de la patria. Por eso, el “Cristiano” representa mucho más que un arma de guerra: encierra la fe, el desprendimiento y la esperanza de numerosas comunidades.
El pedido de que sea exhibido en Humaitá resulta comprensible y cuenta con sólidos fundamentos históricos. El cañón fue utilizado inicialmente en la defensa de Curupayty y posteriormente trasladado a Humaitá para reforzar la fortaleza, antes de ser llevado al Brasil como trofeo de guerra. Humaitá es, además, uno de los lugares donde las heridas y la grandeza de aquella historia permanecen visibles, especialmente en las ruinas del templo de San Carlos Borromeo.
Recibimos con esperanza la información periodística según la cual el presidente del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, habría dado su aprobación para avanzar en la devolución del “Cañón Cristiano” al Paraguay. Sin embargo, hasta el momento todavía no se conoce una comunicación oficial del Gobierno brasileño ni se han establecido públicamente las condiciones, los procedimientos y los plazos para su restitución.
Esperamos que esta auspiciosa noticia sea confirmada por las vías diplomáticas correspondientes y que no quede solamente en una expresión de buena voluntad. Su devolución constituiría un importante gesto de justicia histórica, amistad y reconciliación entre nuestros pueblos.
El eventual regreso del “Cañón Cristiano” no debería alimentar resentimientos ni discursos de confrontación. Al contrario, podría ayudar a sanar la memoria y a fortalecer los vínculos entre dos naciones hermanas. La verdadera memoria no busca reabrir las heridas, sino reconocerlas, honrar a quienes padecieron sus consecuencias y aprender de ellas para que nunca vuelvan a repetirse.
Corresponderá a las autoridades nacionales, a los historiadores y a las comunidades involucradas acordar el lugar y las condiciones más adecuadas para su conservación y exhibición. Sin embargo, Humaitá posee una vinculación histórica innegable y merece una consideración especial. Allí, el “Cañón Cristiano” podría integrarse a un espacio nacional de memoria, acompañado de una adecuada explicación histórica y abierto especialmente a los estudiantes y a las nuevas generaciones.
Que su regreso no sea celebrado como el retorno de un instrumento de muerte, sino como la recuperación de un testimonio que nos recuerde el precio inmenso de la guerra y el valor incomparable de la paz. Las campanas convertidas un día en cañón deberían volver a hablarnos, esta vez sin estruendo, para convocarnos a la fraternidad, la concordia y el bien común.
Oficina de Comunicación y Prensa
Arquidiócesis de Asunción
El Cañón Cristiano: memoria, identidad y reconciliación
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