Evangelio de hoy

LUNES DE LA XIX SEMANA DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir

Evangelio según San Juan 12, 24-26

“El que quiera servirme será honrado por mi Padre”

Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida la perderá; pero el que odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme será honrado por mi Padre”. Palabra del Señor.

Meditación

Familia, Jesús dice hoy una frase que resume toda la vida cristiana: ‘Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto’. Estas palabras encuentran un reflejo en san Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma. Cuando el emperador le exigió entregar los tesoros de la Iglesia, san Lorenzo reunió a los pobres, a los enfermos, a los necesitados y dijo: “estos son los verdaderos tesoros de la Iglesia”; poco después fue martirizado porque comprendió que, seguir a Cristo, vale más que conservar la propia vida. 

San Lorenzo fue un grano de trigo; humanamente, su muerte parecía una derrota, pero desde la lógica del Evangelio fue una siembra, su testimonio fortaleció a la Iglesia, inspiró a innumerables cristianos y 17 siglos después seguimos recordando su nombre. 

Así actúa Dios. Lo que el mundo considera pérdida, Él lo convierte en fecundidad. El Evangelio continúa: ‘el que quiera servirme, que me siga’. Y seguir a Cristo significa aprender a vivir para los demás, san Lorenzo no solo murió por Cristo, antes había vivido para Cristo, sirviendo a los pobres con alegría y fidelidad. 

El Concilio Vaticano II enseña en Lumen Gentium: “El martirio, por el cual el discípulo se asemeja al Maestro es considerado por la Iglesia como el don supremo y la prueba mayor de la caridad”. San Lorenzo recibió ese don porque había aprendido primero a amar y servir. Quizás a nosotros no se nos pida derramar la sangre, pero sí gastar la vida cada día en la familia, en el trabajo, en la parroquia, en el servicio silencioso, en la paciencia, en el perdón, en la caridad. 

También esa entrega es una forma de ser grano de trigo. Pidamos hoy a san Lorenzo que nos enseñe a no aferrarnos egoístamente a la vida, sino entregarla con generosidad, porque solo quien se da por amor descubre que en las manos de Dios, ninguna vida entregada queda estéril.