Evangelio de hoy

MARTES DE LA 25° SEMANA DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Evangelio según San Lucas 8, 19-21

“Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”

La madre y los hermanos de Jesús fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte”. Pero él les respondió: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. Palabra del Señor.

Meditación

Dos grupos distintos de personas adoptan actitudes diversas ante Jesús: tanto el gentío que le rodea y escucha y, los parientes que le buscan. Tanta gente estaba en torno a Jesús que resultaba imposible prácticamente alcanzarlo. Notamos que Él se dejaba encontrar, como existen tantas personas que necesitan, Él está con actitud de compasión con todos. Los parientes, madre y hermanos de Él, lo buscan para llevarlo, porque piensan que no está bien todo eso (cf. Mc 3,20-21), pues está anunciando cosas que se oponen a las viejas tradiciones de su pueblo. Aparentemente los familiares quieren monopolizarlo, valiéndose del privilegio de su parentesco. Por eso le hace reaccionar manifestando que sus parientes de verdad son quienes hacen lo que Dios quiere. Esto abre la Gracia de ser todos, quienes hacemos la voluntad de Dios, miembros de la familia de Dios.

Jesús proclama diciendo que los que escuchan la Palabra de Dios (quienes están abiertos a la gracia, recibiendo el don de amor que Dios nos ha ofrecido por Cristo) y la practican (quienes traducen en su vida aquello que han escuchado con sus consecuencias) pertenecen a la familia del Hijo de Dios. ¡Qué alegría! Y eso es más fuerte que los lazos de sangre o de raza o de cultura. Qué grande es el Bautismo, con la fe y la obediencia permanente a la voluntad del Señor. ¡Cuántos hermanos tenemos! Por eso estamos felices, cuanto más creemos en Dios, más nos unimos a millones de hermanos que también creen en Dios. Tenemos una misma fe, un solo Bautismo, un solo Señor. En la Iglesia aprendemos a desprendernos de nosotros mismos. Aprendemos a donarnos totalmente. Donamos nuestro tiempo, talento y tesoro, pues todo es regalo y sabemos que le pertenecemos a Cristo el Señor.

Perdón Señor porque muchas veces nuestro egoísmo nos frena a ser generosos con tantos otros hermanos que también son de la misma familia espiritual. Ayúdanos a sentirnos y ser tu familia, escuchando tu Palabra y llevándola a la práctica. Gracias por tantos hermanos que nos regalas en el mundo entero y que, así como te pertenecen, también nos pertenecemos unos a otros. Amén.