Evangelio de hoy
MIÉRCOLES DE LA 25° SEMANA DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Evangelio según San Lucas 9, 1-6
“Sacudan hasta el polvo de sus pies”
Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para sanar las enfermedades. Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: “No lleven nada para el camino, ni bastón, ni provisiones, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos en todas partes. Palabra del Señor.
Meditación
Jesús lo primero que hace es convocar, es decir, toma la iniciativa de llamar a sus discípulos, en este caso a sus apóstoles. Les da el poder (del servicio y del amor) para liberar, curar y sanar. Es la misma misión que Él recibió del Padre: “Así como el Padre me envió a Mí, así también Yo los envío a ustedes” (Jn 20,21). Es la misma misión, con la misma motivación: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Único Hijo no para condenar al mundo, sino para que todo el que crea tenga vida eterna” (Jn 3,16). Es el amor a la humanidad el motivo y el objetivo fundamental que proviene de ese amor que es la “Vida y vida en abundancia” (Jn 10,10). Y ese mismo poder de amar es lo que les comunica a los apóstoles. Pero lo fundamental es que proclamen el Reino, que enseñen anunciando el kerigma, del gran amor de Dios encarnado, muerto y resucitado. Él está vivo y nos ama. Pero lo tienen que hacer con gesto y palabras para suscitar y despertar la fe.
De ahí que les pide que no estén apegados a nada ni a nadie, su única seguridad debe ser la fe en nuestro Señor Jesucristo. Pues, ¡Quién como Dios, Nadie como Dios!; no tendrán nada ni nadie como Dios, Él es quien nos da la verdadera seguridad en todo y ante todo. Y tendrán la capacidad de no dejarse contagiar ni en actitudes, ni en sentimientos, ni en acciones por los paganos. Es Dios quien nos sostiene y nos protege.
Perdón Señor porque muchas veces evitamos encontrarnos contigo, aunque siempre Tú tomas la iniciativa de venir a nosotros. Ayúdanos a decirte sí y a desapegarnos de todo y de todos para abrazar con alegría la misión que nos encomiendas en la vida. Gracias Señor por amarnos tanto y confiar en nosotros seres de carne y hueso, con tantas debilidades y limitaciones para proclamar la Buena Nueva, en nuestro aquí y ahora, en un mundo lleno de angustia y desesperanza. Padre Pío, ruega por nosotros. Amén.
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