La palabra Halloween es una forma abreviada usada en Escocia de All Hallows’ Even, expresión que significa «víspera de Todos los Santos». Hallow era una palabra antigua para «santo» y even significaba «tarde» o «víspera». Aunque hoy se escriba y se pronuncie en inglés, su sentido nos remite a la solemnidad cristiana del 1 de noviembre.
La celebración de Todos los Santos nació del deseo de recordar a los mártires y, con el tiempo, llegó a honrar a todos los santos, conocidos y desconocidos. Sin embargo, en muchos lugares la referencia cristiana de la víspera se ha ido debilitando, y Halloween quedó asociado sobre todo a las brujas, los monstruos y el horror.
Existe una fascinación por lo macabro, una curiosidad por lo peligroso y lo terrorífico que a veces se convierte en morbo. El cine y la literatura a veces recurren al horror como recurso narrativo y muy rentable. La industria del entretenimiento, las campañas publicitarias y los comercios que venden máscaras, disfraces y decoraciones de Halloween se aprovechan de esa fascinación y la impulsan con imágenes de muerte y pánico, convirtiendo el horror en un estímulo para consumir. A esta lógica podemos llamarla capitalismo festivo: la transformación de celebraciones religiosas o culturales en acontecimientos centrados en comprar y consumir, hasta dejar en segundo plano su sentido más auténtico.
También rechazamos que, en algunos ambientes, bajo el nombre de esta fiesta se introduzcan prácticas de brujería o ritos satánicos, así como expresiones que exaltan la muerte y la autodestrucción. Estas manifestaciones no forman parte de unas vísperas tan sagradas y deben ser denunciadas, en algunos casos, como delitos. El miedo, el horror y el consumismo desdibujan y deforman el verdadero rostro y sentido de esta víspera.
En el contexto de su reflexión sobre la llamada a la santidad, el papa Francisco afirma que «la santidad es el rostro más bello de la Iglesia» (Gaudete et exsultate, n. 9). Resaltemos ese rostro bello, sin desfigurarlo ni deformarlo con imágenes de terror y miedo. Por eso, podemos proponer a niños y adultos otros modos de vivir esta fecha: con alegría, creatividad, sencillez y generosidad.
Podemos recuperar esta víspera como una celebración alegre, familiar y profundamente cristiana. En muchas parroquias se invita a los niños a identificarse con algún santo de su preferencia y a conocer algo de su vida. ¡Qué lindo es ver a los niños y a sus familias celebrar juntos y recuperar el sentido de la santidad! Disfrazarse de santos, compartir una merienda y conversar sobre cómo podemos seguir a Jesús son maneras sencillas de prepararnos para la solemnidad.
En la misma exhortación apostólica, el papa Francisco nos recuerda que «todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor» en las ocupaciones de cada día (Gaudete et exsultate, n. 14). La santidad no está reservada a unos pocos: es el camino de cada bautizado, en la familia, el trabajo, el servicio y la vida cotidiana.
El libro del Apocalipsis nos presenta una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie ante Dios y el Cordero (Ap 7,9.14). Esa imagen nos recuerda que estamos llamados a formar parte de esa gran comunidad de los salvados. En esta víspera, recemos unos por otros y pidamos la gracia de caminar juntos hacia la santidad. El 1 de noviembre damos gracias por todos los santos; el 2, oramos por nuestros fieles difuntos.
Que Halloween, víspera de la fiesta de Todos los Santos, nos ayude a despertar a esta dimensión de nuestra vida: somos peregrinos en la tierra, llamados por Dios a la salvación y a la santidad. También estamos llamados a ser solidarios unos con otros. En esta víspera, muchas comunidades expresan esa solidaridad mediante las ollas populares y otras iniciativas, dando de comer a quienes tienen hambre, visitando a los enfermos, dando consuelo a los necesitados. Que sepamos ofrecer en estas vísperas y siempre, afecto y cercanía, especialmente a los niños, las familias y los adultos mayores. Que María Santísima nos ayude a caminar en santidad.
Asunción, 31 de octubre de 2026
Card. Adalberto Martínez Flores
Arzobispo Metropolitano
Halloween: una víspera para celebrar la santidad
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