HOMILÍA

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Quinto día del Novenario de Nuestra Señora de la Asunción

Tema: Cuidar la casa común. «Miren los lirios del campo»

Hermanas y hermanos, seguro nadie se acuerda de su propio bautismo, ¿verdad? Difícil, ¿no? Pero sabemos que en el bautismo, después de haber recibido el agua, recibimos a Cristo, y con Cristo una triple vocación: ser sacerdote, rey y profeta, exactamente.

Ya que hablo y hago de profeta, significa ser el que anuncia la presencia de Dios y denuncia las cosas que hay que cambiar, que no están bien. El anuncio mismo no es siempre fácil, porque hay situaciones y hay gente que no quiere escuchar este anuncio. Para nosotros en el Paraguay es fácil porque todos son cristianos y casi todos somos católicos, ¿no? Pero hay países donde es más difícil. Aun así, puede ser que haya gente a la que no le gusta cuando le decimos: “venga a la iglesia, vamos a la misa”. Y cuántas veces en nuestras familias surgen estas tristezas cuando la gente no responde al anuncio.

Yo creo que es un poco lo que sintió Pablo, ¿verdad? Lo que escuchamos en la segunda lectura. Tristeza por su gente, por su pueblo. ¿Por qué no responden? Porque siguen fallando, siguen con sus pecados. Que igual podemos sentir a veces cuando sentimos a nuestro pueblo, a nuestra sociedad. Parece que no logramos salir de estas situaciones, de la corrupción, del nepotismo, de tantas cosas que no están bien.

Y ahí está el otro momento de la denuncia, que es más difícil. Porque no es fácil corregir a un hermano, y muchas veces a un grupo, a una sociedad, cuando vemos que va por mal camino. Por eso podemos comprender que Elías quería esconderse.

Escuchamos en la primera lectura, ¿qué podemos aprender de los dos errores, de las dos equivocaciones que tuvo Elías? Primero, okañyse (quiso esconderse). Él pensaba que podría escaparse de Dios. ¡Qué error! Imposible. Después vamos a ver cómo Dios sabe llegar. Y en el mismo profeta que escuchamos, en los sueños, escuchamos cómo Dios le llega.

En la segunda equivocación de Elías, él pensaba que Dios tenía que aparecer para él con fuerza, con poder, con gloria. Y todo lo contrario: con una brisa. No con el terremoto, no con el huracán. Y lo interesante es que esta palabra en hebreo —o sea, la lengua en que está escrito el Antiguo Testamento— la palabra es Ruach. Es la misma palabra que aparece cuando escuchamos en el libro del Génesis la creación. Dice que la Ruach estaba sobre el agua. Este espíritu creativo, este espíritu que crea, que crea cosas nuevas.

Entonces, la segunda experiencia que podemos aprender de Elías: Dios no quiere llegar a lo mbarete (a la fuerza), sino mucho más con ternura, con suavidad. Ya lo conocemos.

El Salmo que fue tan bellamente cantado nos dice que es importante querer escuchar. Y lo que escuchamos puede ser diferente de lo que esperábamos, de nuevo, la experiencia de Elías. Pero lo más lindo en este Salmo es que nos dice que la justicia y la paz se abrazan. Incluso en alguna traducción dice que se besan. La paz y la justicia, ojoñoañuã (se abrazan), no las podemos separar. Si no hay justicia, no vamos a tener realmente paz, ni en nuestro país ni en el mundo. Y vemos tristemente que existen guerras en pleno siglo XXI. Sin justicia, no se puede conseguir la paz.

Ahora, el Evangelio, que es riquísimo. Qué maravilloso. Primera enseñanza: Jesús, humano, seguramente ikane’õ (estaba cansado). Porque habló a la gente, hizo toda una catequesis. Y después, omongaru chupekuéra (les dio de comer). Sin embargo, ¿qué hace? Se toma tiempo para rezar. Porque necesita este encuentro con Dios Papá. Y como en la vida, en los evangelios siempre nos cuentan, ojupi cerro ári (subió al cerro). Como para decir que está más cerca de Dios. Qué importante esta enseñanza. Nosotros, sin la oración, no podemos continuar, avanzar, trabajar y vivir. Jesús mismo nos enseñó eso.

Mientras tanto, omondo idiscípulokuéra yga ári (manda a sus discípulos en la barca). Y lindísimo eso, ¿no? Viene una tormenta. Vienen olas grandes. Y Jesús, lo mismo, sabe llegar junto a ellos. ¿Qué significa que camina sobre el agua? Es que no hay obstáculo para Jesús. Él sabe llegar. Igual como, ¿se acuerdan, no? Después de Pascua, por las puertas cerradas. ¿Todo esto qué nos quiere decir? No hay obstáculo para Jesús. Él sabe llegar, Él puede llegar, Él quiere llegar. Porque nos quiere. Quiere estar cerca de nosotros.

Ahora, Pedro. Ya conocemos a Pedro, impulsivo, ¿verdad? Como siempre, ¿no? Y a veces pasa la raya, ¿verdad? Y bueno, ahora también muestra cómo le quiere a Jesús. Y quiere llegar cruzando la raya. Y Jesús dice: “Y bueno, vení”. ¿Cómo va a ser? Y ahí va, camina sobre el agua.

Ahora ven el punto interesante: mientras que le mira a Jesús, avanza tranquilamente. Cuando mira a las olas, se comienza a hundir. ¿Qué quiere decir eso? Es una hermosa imagen. Mientras que nosotros tenemos nuestra mirada en el Señor, vamos a avanzar, podemos superar también los obstáculos. Pero si nos fijamos solamente en las dificultades y en los problemas, nos vamos a hundir. La mirada hacia el Señor, eso es lo que importa. Y sin embargo, Jesús no quiere que nadie se hunda. Le extiende la mano. Hermosísimo este Evangelio. Jesús, Dios, quiere estar presente, quiere estar siempre a nuestro lado. El Creador no nos abandona.

Esto mismo nos dice también el Papa Francisco en su hermosa encíclica Laudato Si’. Sí, porque el tema que nos toca hoy es “Cuidar la casa común. Miren los lirios del campo”. ¿Y qué mejor que echar una mirada a tan bella carta que nos dejó el Papa Francisco, Laudato Si’? Dice el Papa: “Nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”.

La casa común es nuestra tarea. Dios nos dejó esta obra suya para que la cuidemos, para que sigamos construyéndola y no destruyéndola. Y nosotros podemos hacer eso. “Denles de comer”, dice Jesús a sus discípulos, para decir: “Ustedes, en sus manos, pueden hacer mucho más de lo que se imaginan”. Eso también vale para nuestra casa común. Nuestra colaboración, nuestra actividad, nuestro compromiso vale, es importante. Por eso dice el Papa en esta encíclica: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral”.

¿Cómo no recordar en este contexto también nuestra carta de la Conferencia Episcopal sobre el Bien Común, que publicamos con mucho cariño, la elaboramos y la hemos presentado? Donde dice: “El bien común está estrechamente vinculado al cuidado de la casa común”. Y sigue en esta carta de los obispos diciendo: “En Paraguay contamos con un marco legal ambiental aceptable, pero su aplicación es limitada y muchas veces fragmentada”. Es todavía bastante suave cómo se expresa. Es decir, como vale para tantas otras cosas: tenemos una excelente Constitución Nacional, tenemos buenas leyes, pero para aplicarlas muchas veces fracasamos.

Y a mí me viene enseguida a la mente, en este contexto, el tema del oro. Una maravilla encontrar oro, ¿quién no quiere encontrar oro? Tenemos oro en el Paraguay. Una belleza. Pero la forma de sacarlo crea un desastre, un desastre ecológico.

En el Chaco tenemos varios lugares preciosísimos (ustedes saben que yo vivo en el Chaco hace mucho tiempo), el conocido Parque Defensores del Chaco, muchas cosas bellísimas, y están los Médanos. Pero ahora ahí se encuentra litio. Que es una de las materias más apreciadas que se necesita para las baterías eléctricas. Yo vine ahora por primera vez en un bus eléctrico de esos que parece Taiwán nos regaló. Hermoso. Pero necesitan baterías, y necesitan para esa batería el litio. ¡Qué maravilla que tenemos litio en el Paraguay! Pero no podemos destruir nuestra riqueza natural, el Parque de los Médanos. No es que estemos en contra del desarrollo; como dice la carta, el desarrollo tiene que ser sostenible, integral. Para eso tenemos ingenieros, para que ellos descubran cómo sacar provecho de lo que tenemos sin destruir nuestra casa común. Porque esta casa común no es solamente para nosotros hoy; también sus hijos merecen y necesitan esta casa común.

Es decir, si hoy solamente miramos para sacar provecho, para hacer mucha plata, cómo ganar más y poner agrotóxicos para pudrir más nuestra tierra, el agua, el aire; entonces destruimos todo. ¿Y qué futuro tenemos? La próxima generación tiene derecho también y necesita poder vivir dignamente en nuestra casa común. Siempre los papás quieren que sus hijos vivan bien, incluso mejor, que no tengan que sufrir. Entonces no podemos destruir las condiciones y el ambiente que necesitan para una vida buena y digna. Tenemos que procurar crear condiciones para eso.

Y nosotros quizás pensamos: “Pero, ¿qué podemos hacer nosotros?”. Hablando de nuestro medio ambiente, hay muchas posibilidades con las que nosotros podemos colaborar, comenzando con la basura. ¡Qué tristeza que todavía encontramos al lado de las rutas y los parques basura, latitas tiradas! Así no tiene que terminar. Y nosotros estamos invitados a ver lo que se puede reciclar y a tenerlo aparte. Y no tirar todo así.

El plástico. ¿Por qué tenemos que seguir usando tanto plástico? En el supermercado decir: “No, no hace falta que me ponga en la bolsa de plástico, puedo traer mi propio bolso”. Son cosas, son detalles. No cuesta nada.

¿Cómo usamos el agua? Nosotros, en el Chaco, este año es un año muy diferente. Nunca en los 40 años vi que cada mes, hasta ahora, hubo lluvia. Es una gracia de Dios. Normalmente no es así. Normalmente tenemos meses sin agua, sin una gota de agua. Para nosotros el agua es muy preciada, muy valiosa. Entonces el uso del agua también es algo donde podemos cuidar mejor nuestro medio ambiente.

Y la electricidad. No hace falta que día y noche, todo el tiempo, todos los focos estén prendidos y todo esté enchufado. Son cosas, detalles, no cuesta nada, y todos podemos colaborar. El Creador no nos abandona, hemos dicho, pero nosotros también tenemos que colaborar.

Pensando de vuelta en este pueblo de Paso Yobái, donde sufre tanto la gente. El Creador no nos abandona. Sí, el Señor está al lado de ña Cristina, al lado de Vidal, que están luchando y necesitan apoyo nuestro, y lo merecen. Claro que el Señor también está al lado del intendente, de los concejales, de los funcionarios. El Señor no abandona a nadie. Lo que pasa es que el oro omimbi (el oro que brilla) nos puede encandilar y nos puede cegar, nos puede dejar ciegos. Entonces necesitamos que el Señor nos abra los ojos. Si todos se dejan guiar por Él, podremos crear un mundo como Él lo quiere y nos ha puesto en nuestras manos.

Todo esto les comento en plena Eucaristía, ¿por qué? La respuesta la tiene este mismo documento de Laudato Si’. El Papa Francisco nos dice en esa encíclica: “En el pan eucarístico la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo”. Y por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta hacia la custodia de todo lo creado.

Que así sea.


09 de agosto de 2026

 Monseñor Miguel Fritz

Obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo