Fiesta Patronal de los Sagrados Corazones de Jesús y de María

Celebración de la Confirmación

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy nuestra comunidad parroquial de los Sagrados Corazones de Jesús y de María está de fiesta. Nos reunimos para dar gracias a Dios por esta querida parroquia, por la fe que hemos recibido, por las familias que la integran y por tantas personas que, a lo largo de los años, han contribuido a hacer de ella una verdadera comunidad cristiana.

Nuestra alegría se hace aún mayor porque varios jóvenes y adultos recibirán hoy el sacramento de la Confirmación. Ellos han recorrido un camino de preparación y llegan a este momento con el deseo de fortalecer su fe y recibir la plenitud de los dones del Espíritu Santo.

Esta celebración nos invita a mirar con gratitud el pasado, a vivir con entusiasmo el presente y a abrirnos con esperanza al futuro que Dios sigue preparando para nuestra comunidad. Que los Sagrados Corazones de Jesús y de María nos ayuden a crecer en la fe, en la comunión y en el compromiso misionero.

2. Pentecostés: una Iglesia reunida con María

La primera lectura nos presenta a los Apóstoles reunidos en oración junto con María, la Madre de Jesús. Permanecían unidos esperando la promesa del Señor. Cuando llegó el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre ellos como viento impetuoso y como lenguas de fuego.

Aquellos discípulos que antes habían experimentado el miedo y la incertidumbre fueron transformados por la fuerza del Espíritu Santo. Salieron de aquel Cenáculo para anunciar con valentía las maravillas de Dios. El Espíritu abrió las puertas, venció los temores y convirtió a los discípulos en misioneros.

Es hermoso contemplar a María en medio de aquella primera comunidad cristiana. Ella acompaña a los discípulos en la espera del Espíritu Santo y continúa acompañando hoy a la Iglesia en su camino. También nosotros, reunidos junto a María, pedimos que el Espíritu Santo renueve nuestra vida y nuestra comunidad.

3. El amor del Señor permanece para siempre

El salmo nos ha hecho repetir: «El amor del Señor permanece para siempre». Dios nunca se cansa de amarnos. Él perdona nuestras culpas, sana nuestras heridas, rescata nuestra vida y nos corona de amor y de ternura. Aun cuando somos frágiles y pecadores, Dios permanece fiel.

Por eso hoy elevamos una profunda acción de gracias. Mirando nuestra historia personal, familiar y comunitaria, descubrimos que el Señor ha estado siempre presente. En los momentos de alegría y también en los momentos difíciles, su amor nos ha sostenido. Esa es la razón de nuestra esperanza y de nuestra confianza.

4. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María

Celebramos hoy a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Son dos corazones profundamente unidos en el amor a Dios y en el amor a la humanidad.

El Corazón de Jesús es fuente inagotable de misericordia. Es un corazón abierto para todos. Es el corazón del Buen Pastor que sale al encuentro de quien está perdido, que carga sobre sus hombros a la oveja herida y que entrega la vida por amor.

El Corazón de María late en perfecta sintonía con el de su Hijo. Es un corazón maternal, atento a las necesidades de los demás. Es un corazón fiel que permanece junto a Jesús al pie de la cruz y que acompaña a la Iglesia naciente en Pentecostés.

Pedimos hoy que nuestros corazones aprendan a parecerse al Corazón de Jesús y al Corazón de María, para amar más, perdonar más y servir más.

5. Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón

En el Evangelio escuchamos una invitación que brota directamente del Corazón de Cristo: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré».

Cuántas personas llegan hoy con cargas pesadas en el corazón. Problemas familiares, preocupaciones económicas, enfermedades, incertidumbres y sufrimientos. Jesús no permanece indiferente ante nuestras luchas. Él nos invita a acercarnos a su Corazón para encontrar descanso y consuelo.

Y luego nos dice: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón». En una sociedad donde muchas veces se busca el poder, la apariencia y el éxito fácil, Jesús nos propone el camino de la humildad, del servicio y de la mansedumbre. Allí se encuentra la verdadera grandeza.

6. El atleta y la carrera de la fe

Queridos confirmandos:

Dentro de unos momentos renovarán las promesas de su Bautismo y recibirán la unción con el santo Crisma. La palabra atleta proviene del griego athletés, que significa el que lucha, el que combate, el que se esfuerza por alcanzar una meta. Los atletas desarrollan disciplina, resistencia, perseverancia y capacidad de sacrificio. Aprenden a superar dificultades para alcanzar la victoria.

También la vida cristiana requiere entrenamiento. La oración, la participación en la Eucaristía, la escucha de la Palabra de Dios, el amor al prójimo y la vida sacramental son parte de ese entrenamiento espiritual.

San Pablo utiliza esta imagen cuando dice: «¿No saben que en el estadio todos corren? Corran de tal manera que alcancen el premio». Todos estamos corriendo una carrera. No se trata de correr por correr. Corremos para alcanzar a Cristo y para ayudar a otros a encontrarlo.

7. Chiquitunga: una atleta de la santidad

Aquí podemos recordar a nuestra querida Beata María Felicia de Jesús Sacramentado. Como joven de Acción Católica aprendió a entrenar su corazón en el amor. Tenía una sensibilidad especial hacia quienes sufrían. Amaba a los niños, a los jóvenes, a las empleadas domésticas, a los enfermos, a los presos, a los pobres, a los ancianos y a los abuelos.

Mucho antes de que la Iglesia hablara de las periferias geográficas y existenciales, Chiquitunga ya había aprendido a acercarse a quienes vivían en ellas. Cada acto de servicio era para ella una forma concreta de amar a Cristo.

A los treinta años ingresó al Carmelo. Ella misma decía que ya no veía la hora de encerrarse entre las cuatro paredes del monasterio. Sin embargo, aquellas cuatro paredes no la encerraron. Las trascendió. Desde la contemplación abrazó espiritualmente a toda la Iglesia y a toda la humanidad.

Después de una enfermedad vivida con admirable fe, entregó su vida al Señor el 28 de abril de 1959, con apenas 34 años de edad. Podemos aplicar a ella las palabras de San Pablo: «He peleado el buen combate, he terminado mi carrera, he conservado la fe». Chiquitunga no corrió en vano. Corrió detrás de Cristo. Por eso alcanzó la corona que no se marchita. En el año 2018 fue proclamada Beata, reconociendo oficialmente la santidad de su vida.

8. Ustedes se han preparado para este momento

Queridos confirmandos, ustedes tampoco han llegado aquí por casualidad. Se han preparado durante meses y algunos durante varios años de catequesis. Han participado en encuentros, jornadas, celebraciones, momentos de oración y experiencias de servicio.

Todo esto ha sido una verdadera preparación para este día. Así como un atleta se entrena para una competencia importante, ustedes se han preparado mediante la catequesis, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía y el amor al prójimo. Todo ello ha fortalecido su corazón para recibir hoy la gracia del Espíritu Santo.

La Confirmación no es una graduación ni una despedida de la Iglesia. Es el comienzo de una vida cristiana más madura, más consciente y más comprometida.

9. La unción del Espíritu Santo

Los atletas de la antigüedad se ungían con aceite antes de las competencias. Aquella unción fortalecía los músculos y preparaba el cuerpo para el esfuerzo.

Dentro de unos momentos ustedes recibirán una unción mucho más importante. Mediante la imposición de las manos y la unción con el santo Crisma será el mismo Espíritu Santo quien venga sobre ustedes para fortalecerlos espiritualmente en la carrera de la vida.

La vida cristiana es una carrera de resistencia y perseverancia. Habrá alegrías y dificultades, momentos de entusiasmo y momentos de cansancio. Pero no estarán solos. El Espíritu Santo caminará con ustedes.

Sus siete dones sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Diosiluminarán sus decisiones, fortalecerán su voluntad y los ayudarán a permanecer fieles a Jesucristo.

10. No correr en vano

Providencialmente, nuestro país vive también la alegría de prepararse para la Copa Mundial de Fútbol. Nuestros jugadores han entrenado durante años para alcanzar esa meta.

También nosotros estamos llamados a prepararnos para una meta mucho más grande. San Pablo nos recuerda que no debemos correr en vano. No gasten la vida en cosas pasajeras. No corran detrás de aquello que termina. Corran detrás de Cristo. Corran detrás de la verdad, del bien y de la santidad.

Ustedes han encontrado a Cristo. Ahora están llamados a ayudar a otros a encontrarlo. Hay muchas personas que esperan una palabra de esperanza, una presencia amiga y un testimonio auténtico de fe. El Espíritu Santo no viene solamente para santificarlos. Viene también para enviarlos como discípulos misioneros.

11. Conclusión

Pidamos hoy a los Sagrados Corazones de Jesús y de María que bendigan a esta querida comunidad parroquial. Que nuestros corazones aprendan a latir al ritmo del amor de Dios, de la misericordia y del servicio.

Que la Beata Chiquitunga inspire especialmente a nuestros confirmandos para que corran la carrera de la fe con alegría, perseverancia y generosidad.

Y que el Espíritu Santo, que hoy descenderá sobre ellos, renueve también a toda nuestra comunidad para que sea una Iglesia viva, fraterna, misionera y apasionadamente enamorada de Jesucristo.


Amén
.

Asunción, 12 de junio del 2026


Card. Adalberto Martinez Flores
Arzobispo de la Arquidiócesis de Asunción