Homilía| Toma de posesión canónica del P. Kirthan Carlo, EP – Parroquia San Isidro Labrador – Limpio
Parroquia San Isidro Labrador – Limpio
XVIII Domingo del Tiempo Ordinario – 2 de agosto
Is 55, 1-3; Sal 144; Rom 8, 35-39; Mt 14, 13-21
Queridos hermanos y hermanas, con inmensa alegría nos reunimos hoy en esta querida parroquia de San Isidro Labrador para celebrar la Eucaristía y acompañar la toma de posesión canónica del P. Kirthan Carlo, EP, como nuevo párroco. Damos gracias a Dios por este momento de gracia. Un sacerdote llega para servir, no para ser servido; para reunir, no para dividir; para conducir a todos hacia Cristo, el único Buen Pastor.
La Palabra de Dios que la Iglesia nos propone hoy ilumina providencialmente esta celebración. El profeta Isaías nos transmite una hermosa invitación de Dios: «Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; vengan y coman.» Dios ofrece gratuitamente aquello que verdaderamente alimenta el corazón. Nos invita a no gastar la vida en aquello que no sacia. Esa es también la misión de una parroquia: conducir a las personas al encuentro con Cristo y ofrecerles el alimento que permanece para la vida eterna: la Palabra de Dios, los sacramentos y la vida de la gracia.
En el Evangelio, Jesús contempla a la multitud y «se compadeció de ella». Su corazón no permanece indiferente ante el hambre y el sufrimiento del pueblo. Cuando los discípulos le proponen despedir a la gente, Jesús responde con una frase que sigue resonando hoy en la Iglesia: «Denles ustedes de comer.» Luego toma los cinco panes y los dos peces, los bendice, los parte y los entrega a los discípulos para que los distribuyan. «Todos comieron hasta saciarse.» Este milagro nos enseña que, cuando ponemos en las manos de Cristo lo poco que tenemos y lo compartimos con generosidad, Él lo multiplica para el bien de todos.
No es casualidad que hoy nos encontremos celebrando esta Eucaristía en una parroquia dedicada a San Isidro Labrador. El Evangelio que acabamos de escuchar adquiere aquí un significado muy especial. San Isidro fue un laico, esposo y padre de familia, un hombre sencillo que santificó su trabajo cotidiano. Mientras araba los campos, elevaba constantemente su corazón a Dios. En él, el trabajo y la oración nunca estuvieron separados. Pero también hizo de la caridad un modo de vida. En la sencillez de su existencia compartía el pan con los pobres y los hambrientos de Madrid, porque descubría en ellos el rostro de Cristo. Vivió el mandato del Señor: «Denles ustedes de comer.» La tradición recuerda la olla de San Isidro, que nunca se vaciaba mientras seguía alimentando a los necesitados. Su ejemplo nos enseña que quien abre el corazón para compartir con los pobres se convierte en instrumento de la Providencia de Dios.
Hoy, 2 de agosto, celebramos también la memoria de san Pedro Julián Eymard, el gran apóstol de la Eucaristía. Él enseñaba: «La sagrada Eucaristía es Jesucristo pasado, presente y futuro; es el resumen de todas las maravillas de Dios.» Toda parroquia encuentra en la Eucaristía su fuente, su centro y su culmen. Desde este altar nace la fuerza para evangelizar, sostener a las familias, servir a los pobres, proteger a los niños y construir el bien común.
Hoy ese mismo mandato de Jesús ilumina el ministerio del querido P. Kirthan Carlo, que inicia su servicio como párroco de esta comunidad. Usted pertenece a la familia espiritual de los Heraldos del Evangelio, cuyo fundador, Mons. João Scognamiglio Clá Dias, enseñaba que la santidad consiste en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias por amor a Dios y recordaba que solo una profunda unión con Jesucristo puede transformar verdaderamente el corazón del hombre y renovar la sociedad. Que esa espiritualidad, marcada por el amor a la Eucaristía, a la Santísima Virgen y a la Iglesia, fortalezca el ministerio que hoy comienza entre nosotros.
Este Evangelio interpela hoy a toda nuestra comunidad parroquial: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, catequistas, movimientos, consejos pastorales y económicos, jóvenes, familias y todos los fieles laicos. Trabajemos juntos por el bien común. Una parroquia es una familia donde cada uno aporta sus cinco panes y sus dos peces. Cuando todos colaboran, Cristo sigue realizando el milagro de la multiplicación.
Deseo dirigirme ahora de manera especial a las familias. San Isidro fue esposo y padre de familia. Él nos recuerda que la familia es la Iglesia doméstica, donde los padres son los primeros educadores en la fe y los primeros transmisores de la Buena Noticia a sus hijos. Ninguna catequesis sustituye el testimonio de unos padres que rezan con sus hijos, les enseñan el Evangelio y los conducen a Cristo con su ejemplo.
Al mismo tiempo, no podemos permanecer indiferentes ante hechos gravísimos que han conmovido recientemente a nuestro país. En estos días se encuentra bajo investigación un presunto caso de trata y explotación de niños y niñas en el distrito de San Bernardino. Condenamos con firmeza toda forma de trata de personas, de explotación y de violencia contra los más vulnerables. Son crímenes que atentan gravemente contra la dignidad humana y claman al cielo por justicia. Mientras las autoridades competentes llevan adelante la investigación, renovamos nuestro compromiso de proteger a la niñez y de promover una auténtica cultura del cuidado.
Cuidar de los niños es responsabilidad de todos: de los padres, de las familias, de los vecinos, de las escuelas, de la Iglesia y de toda la sociedad. Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí.» Cuando hoy nos dice «Denles ustedes de comer», también nos está diciendo: denles el alimento de la fe, de la educación, del amor, de la protección y de la dignidad. Alimentemos también el hambre espiritual de nuestros niños y jóvenes y enseñémosles a descubrir a Dios con el testimonio de nuestra vida.
Ese mismo compromiso nos lleva a defender también la dignidad de las mujeres, especialmente ante el dolor de los feminicidios que han golpeado a tantas familias y han dejado tantos hijos huérfanos. Una comunidad cristiana no puede acostumbrarse a la violencia. Allí donde una persona es humillada, explotada o descartada, Cristo mismo sigue siendo herido. Estamos llamados a construir una cultura del cuidado, del respeto y de la paz.
Queridos hermanos, el Señor nos sigue diciendo hoy: «Denles ustedes de comer.» Demos el pan material al que tiene hambre; el Pan de Vida al que busca a Dios; esperanza al desanimado; protección a los niños; dignidad a toda persona; cercanía a las familias; consuelo a los que sufren y acogida a quienes se sienten solos.
Que esta comunidad parroquial, junto con su nuevo párroco, los demás sacerdotes, los diáconos, los religiosos y religiosas, y todos los fieles laicos, camine unida, haciendo de esta parroquia una verdadera familia de familias, donde todos descubran el rostro misericordioso de Cristo y trabajen siempre por el bien común.
Que San Isidro Labrador, san Pedro Julián Eymard y la Santísima Virgen María intercedan por esta comunidad y por el ministerio del nuevo párroco, para que nunca falte en esta parroquia el pan de la fe, de la Eucaristía y de la caridad.
Limpio, 02 de agosto de 2026
Card. Adalberto Martinez Flores
Arzobispo Metropolitano de la Santísima Asunción
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