1. Queridos hermanos y hermanas: un saludo muy especial a Mons. Pierre Jubinville, C.S.Sp., Presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya, cuya presencia agradecemos especialmente; a Mons. Marcelo Benítez, Obispo responsable de la Pastoral Social y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social; al señor Ricardo González, Secretario Ejecutivo; a todos ustedes, participantes de esta Semana Social 2026, y a quienes han colaborado generosamente en su preparación y organización.
2. Gracias también por haber elegido nuestro Seminario Metropolitano como sede de esta Semana Social. Nos alegra recibirlos en esta casa. Estas paredes hablan: guardan la oración, el estudio, la reflexión y la sabiduría de tantas generaciones que han pasado por aquí. Confiamos en que, con la presencia y la luz del Espíritu Santo, también este lugar pueda contribuir a la escucha, al discernimiento y a la sabiduría que necesitamos para buscar juntos caminos al servicio del bien común. Esta es su casa. ¡Bienvenidos y bienvenidas!
3. Quisiera recordarles unas palabras del Santo Padre León XIV, pronunciadas ayer, miércoles 16 de septiembre, durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro. El Papa continuó su catequesis sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, que significa «Los gozos y las esperanzas», promulgada al finalizar el Concilio Vaticano II, en 1965. En esta ocasión, se detuvo en su segundo capítulo, dedicado a la comunidad humana.
4. El Santo Padre recordó que «el perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad» están estrechamente relacionados. La persona humana necesita de la vida social y debe ser principio, sujeto y fin de todas las instituciones sociales.
5. En este contexto, el Papa se refirió directamente a uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: «Por una parte, el desarrollo tecnológico, la difusión de los medios de comunicación y de las redes sociales, así como el recurso cada vez mayor a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias; por otra, las relaciones tienden a ser cada vez menos personales y más virtuales, y existe el riesgo de acostumbrarse a delegar en algoritmos decisiones que corresponden únicamente a la conciencia humana».
6. El Santo Padre señaló también la necesidad de que las relaciones sociales tengan contenido real y profundidad personal. Recordó que la diversidad de las personas y de los pueblos no debe considerarse un peligro o una amenaza, sino una posibilidad de enriquecimiento y crecimiento. Frente a las confrontaciones y divisiones, nos invita a abrirnos a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado.
7. León XIV volvió también sobre el bien común, recordando que debemos tener presentes las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás y el bien de toda la familia humana. En su saludo a los peregrinos de lengua española, nos pidió respetar a toda persona, promover la vida, respetar incluso a los enemigos o a quienes piensan de manera diferente a nosotros y «respetar la dignidad que cada uno posee, sin discriminar a nadie».
8. Estas palabras encuentran una expresión muy concreta en algo que hemos escuchado durante esta Semana Social. Desde el Vicariato Apostólico del Pilcomayo, el señor Duarte nos hacía un llamado a una mayor presencia de la Pastoral Social en una extensa zona donde existen comunidades con muchas necesidades, sobre todo comunidades indígenas, y donde uno de los grandes problemas es el acceso al agua potable.
9. Me quedó especialmente aquella expresión suya: «Cuando llueve, es como una Navidad». Qué fuerte es escuchar que la llegada de la lluvia se vive como una fiesta y una bendición, porque el agua, que para muchos de nosotros parece algo cotidiano, allí es un bien escaso y precioso. Detrás de esta realidad hay personas concretas, familias, niños, ancianos y comunidades enteras que necesitan acceder a algo tan elemental para una vida digna como el agua potable.
10. Aquí podemos escuchar nuevamente el llamado de Jesús: «Denles ustedes de comer» (Mt 14,16). Y junto a ese mandato resuena también su palabra: «Tuve sed y me dieron de beber» (Mt 25,35). Ante esta realidad podríamos escuchar también: denles ustedes de beber. El bien común se hace concreto cuando el alimento, el agua y todo aquello que es indispensable para una vida digna llegan también a quienes viven en los lugares más alejados y vulnerables.
11. Hemos escuchado también el deseo de contar con una Pastoral Social en el propio Vicariato Apostólico del Pilcomayo, organizada y cercana a sus comunidades. Es un llamado que merece nuestro acompañamiento. Una presencia pastoral permanente puede ayudar no solamente ante las urgencias, sino también a escuchar, organizar, acompañar y fortalecer a las propias comunidades.
12. Desde la Pastoral Social Nacional, y también con la colaboración de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Asunción, podemos sumar esfuerzos, realizar las gestiones necesarias y fortalecer nuestra ayuda ante necesidades tan fundamentales como el acceso al agua potable. Queremos caminar junto a estas poblaciones, respetando su identidad, su cultura, su participación y, sobre todo, la dignidad de nuestras comunidades indígenas.
13. Una Iglesia comprometida con el bien común está llamada a acercarse allí donde falta lo más elemental. Dar de comer, dar de beber, acompañar y cuidar son maneras concretas de vivir el Evangelio, de hacernos prójimos y de respetar a cada persona en su dignidad.
14. Finalmente, quiero expresar mi profundo agradecimiento a todos los agentes pastorales y a los equipos de Pastoral Social de las distintas diócesis del Paraguay por el trabajo generoso y muchas veces silencioso que realizan cada día. Gracias por estar cerca de nuestras comunidades, especialmente de las más vulnerables, escuchando sus necesidades y acompañando sus esperanzas.
15. Ese servicio nos recuerda la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37): ver al hermano que está al borde del camino, acercarnos, hacernos prójimos, curar sus heridas y comprometernos con su cuidado. Gracias por ser buenos samaritanos en medio de nuestras comunidades, haciendo cercana y concreta la presencia de una Iglesia que escucha, acompaña, cuida y sirve.
16. Que esta Semana Social 2026 nos ayude a fortalecer nuestros vínculos, a trabajar cada vez más unidos y a seguir construyendo juntos el bien común, respetando a cada persona en su dignidad y estando especialmente cerca de los sectores más vulnerables y de nuestras comunidades indígenas.
Muchas gracias por su presencia, por su servicio y por todo el bien que realizan.
Asunción, 17 de septiembre de 2026
+Adalberto Card. Martínez Flores
Arzobispo Metropolitano de Asunción
Mensaje a los participantes de la Semana Social 2026
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