¡Gracias, mujer, por el hecho mismo de ser mujer!

Saludamos a la mujer paraguaya, con motivo de su día, hoy 24 de febrero, con las palabras del Papa Francisco: “Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América”. A cada una de ustedes nos dirigimos para saludarlas con reconocimiento, afecto y gratitud por este día en que las recordamos muy especialmente.

En este año 2026, queremos renovar este saludo mirando con esperanza el caminar de nuestras comunidades en todo el Paraguay —en la Región Oriental y en la Región Occidental, en las comunidades indígenas y campesinas urbanas y rurales, y en nuestros barrios— donde tantas mujeres sostienen la fe, la familia y la educación de los niños y jóvenes.

Hacemos nuestra la carta a las mujeres del Papa San Juan Pablo II en 1995, para dar gracias al Señor por su vocación y misión en la vida de la sociedad:

Gracias mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida. Gracias por ser defensora y protectora de la vida desde sus inicios.

Gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Gracias, mujer-hija y mujer-hermana, mujer-abuela, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, contención, generosidad y constancia.

Gracias, mujer-trabajadora, de los pueblos indígenas, del campo, de la ciudad, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, educacional, salubridad, comunicacional, artística, política, asociaciones, gremios, en las fuerzas públicas, militares, policías, en ámbitos domésticos y públicos.

Gracias también a las mujeres catequistas, maestras rurales, animadoras de comunidades, voluntarias de la Pastoral Social, de la Pastoral Educativa y de la Cultura del Cuidado en todo el país, que con paciencia y valentía acompañan a los niños, adolescentes y familias heridas por la pobreza, la violencia y la migración.

Gracias, mujer-consagrada, consagradas a Dios privadamente, o en congregaciones o institutos que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios.

Gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.

Pero dar gracias no basta, nos dice el Papa en su carta: por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que han hecho difícil el camino de la mujer. Mujeres que por ser mujer han sido y son víctimas de abusos, violencias y feminicidios.

Hoy, en todo nuestro Paraguay, vemos con dolor estas heridas, y pedimos un compromiso firme de toda la sociedad —familias, escuelas, parroquias, autoridades y medios de comunicación— para educar en el respeto, prevenir la violencia y proteger la dignidad de cada mujer, especialmente de las niñas y adolescentes.

Que este sentimiento se convierta para toda la Iglesia en un compromiso de renovada fidelidad a la inspiración evangélica. Cristo mismo tuvo hacia las mujeres una actitud de apertura, respeto y ternura.

Como a todos los ciudadanos y ciudadanas, el Estado paraguayo debe garantizar a las mujeres, sobre todo a las más vulnerables, el acceso a la educación, a la salud integral, al empleo digno y a condiciones que afirmen su dignidad.

Pedimos también atención especial para las mujeres migrantes paraguayas que sostienen a sus familias desde lejos, para las mujeres indígenas que custodian la sabiduría de nuestros pueblos originarios, y para tantas madres solas que luchan cada día por el pan y la educación de sus hijos en todos los rincones del país.

En el mundo académico y científico, las mujeres resaltan por su protagonismo y liderazgo, aunque aún son marginadas en muchos ámbitos laborales y políticos.

Que nuestras universidades, colegios y comunidades eclesiales de todo el Paraguay aprendan a escuchar la voz de las mujeres y a promover su participación responsable en la vida eclesial y social, en espíritu de corresponsabilidad.

Hoy pedimos a la Virgen María, modelo de mujer, ampare a la mujer paraguaya. Recordamos a las que han migrado y viven fuera de la patria.

Que la Virgen de Caacupé, Madre de los paraguayos, fortalezca a cada mujer en la fe, la esperanza y la caridad, y que nuestras comunidades sepan reconocer su dignidad, su palabra y su misión.

Que María Santísima, Virgen de la Asunción, vele sobre las mujeres y sobre su misión al servicio del Paraguay, de la humanidad, de la paz y de la extensión del Reino de Dios.

Asunción, 24 de febrero de 2026

+ Adalberto Card. Martínez Flores
Arzobispo Metropolitano de la Santísima Asunción
Con mi Bendición