Voces locales opinan con respecto a la primera encíclica del Papa León XIV “Magnifica Humanitas”. Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial, publicada hoy lunes 25 de mayo en la Santa Sede (Ciudad del Vaticano).

“La magnífica humanidad se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (MH1), plantea el documento pontificio.

Opinan sobre el documento Diana Serafini, docente de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción; y Pascual Rubiani, empresario en el área de las Comunicaciones y ex presidente de la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC).

Compartimos sus reflexiones:

Diana Serafini: “Me parece fundamental la centralidad que ocupa la Doctrina Social de la Iglesia sobre el impacto de la IA”

Lo que pude leer de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV (son 110 páginas, aún no la he terminado) y de algunos resúmenes oficiales, me parece tremendamente oportuno, agudo en su análisis, desafiante y “humano”.

La encíclica nos mueve a la pausa para el análisis responsable acerca de cómo la IA puede moldear vidas, vínculos, decisiones políticas, y nos interpela respecto a su uso acrítico versus la asunción de la misma como herramienta para favorecer la solidaridad, el diálogo, la construcción de la justicia (como cualquier otra herramienta tecnológica creada por los seres humanos, pero con la conciencia de que ésta, más que nunca y que cualquier otra, hace parte del entramado social. Si pensamos en un tejido del cual todos somos parte, la IA es uno de esos hilos que hacen parte de la trama).

Me parece fundamental la centralidad que ocupa la Doctrina Social de la Iglesia en la reflexión sobre el impacto de la IA, de cara a un sistema que prioriza el consumismo exacerbado, el individualismo, el ser humano que vale en tanto su capacidad de producción y consumo.

Frente a ello, volver a traer los principios del bien común, del destino universal de los bienes, de la subsidiariedad, de la solidaridad, de la justicia social, desafía la lógica actual de los discursos de odio y las guerras genocidas que utilizan la IA (“La Santa Sede ha señalado recientemente que la creciente facilidad con la que se pueden emplear los sistemas de armas con autonomía operativa hace que la guerra sea más “viable” y menos sujeta al control humano” -MH 197-) como herramientas para tomar decisiones que nada tienen que ver con la dignidad humana, tan central en la encíclica.

 En ella se hilvana la comprensión teológica de dicha dignidad con los derechos humanos y su importancia. Yo percibo eso como una “reivindicación” de los derechos humanos en tiempos en los que los mismos, desde los grupos de poder y desde muchos gobernantes en todo el mundo, aparecen como retórica o, peor aún, cuestionados, desconocidos y violados.

Considero que la encíclica cuestiona el poder y el uso del poder para beneficio propio, y en ese contexto advierte sobre el uso de IA como herramienta para normalizar las violencias, mentir, someter, oprimir y excluir. Reivindica lo comunitario y lo dialógico, y el uso responsable de la misma, así como los horizontes que pueden abrirse para los seres humanos con la IA utilizada como herramienta para el bien común y la justicia, poniendo siempre en el centro nuestro ser humanos.

Desde la academia nuestra tarea es generar espacios de diálogo y reflexión crítica tanto en función al estudiantado como en función a nuestro rol docente (sobre cómo nos aproximamos y cómo incorporamos la IA en la generación de aprendizajes).

Pascual Rubiani: “Advierte el paradigma tecnocrático de reducir todo a los algoritmos con capacidad de medición y optimizable”

La nueva encíclica del Papa Leon XIV aborda el cambio de era propiciado por la transformación de la tecnología, la digitalización y la inteligencia artificial. En ese contexto sitúa el desafío del desarrollo y la convivencia humana ante los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia y sus principios de la dignidad humana, el bien común y el destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiaridad para alcanzar el desarrollo humano integral

Advierte el paradigma tecnocrático de reducir todo a los algoritmos con capacidad de medición y optimizable. Nos recuerda que “más poderoso no significa necesariamente mejor”. Advierte que  las IA “no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad”. No se puede confiar la decisión de quien es digno o no sin asumir la responsabilidad.

Nos invita a cuidar lo humano destacando la verdad, el trabajo y la libertad. Afirma que la IA no es neutra, destacando el riesgo de la cultura del poder que pretende avasallar el juicio moral y la protección de la persona, y propone la civilización del amor como criterio fundamental recordándonos que ninguna transformación tecnológica puede habitarse sin una conversión del corazón y sin la práctica de la justicia, la solidaridad y el cuidado de los más frágiles.