El Cardenal Adalberto Martínez Flores, Arzobispo de Asunción, describe a la nueva Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” del Santo Padre, León XIV, publicada este 25 de mayo de 2026, como un documento de gran profundidad humana, espiritual y social que aborda uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo: la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías. Invita a estudiar el documento pontificio.
En continuidad con la rica tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, desde Rerum Novarum hasta nuestros días, el Santo Padre ofrece una reflexión amplia sobre el futuro de la humanidad, el sentido del progreso, la dignidad del trabajo, la justicia social, la democracia, la paz y el bien común. “Nos recuerda que el desarrollo tecnológico no puede convertirse en un poder sin alma ni en una nueva forma de dominio que reduzca al ser humano a un simple dato, algoritmo o instrumento de producción”, destaca.

IMÁGENES BÍBLICAS

La Encíclica, explica, utiliza dos grandes imágenes bíblicas para iluminar nuestro tiempo: La Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén. Babel representa el orgullo de una humanidad que pretende construir el futuro sin Dios, basada en la uniformidad, el poder y la autosuficiencia; mientras que Jerusalén reconstruida simboliza el trabajo compartido, la solidaridad, la escucha mutua y la comunión entre los pueblos.

“Con un lenguaje profundo y cercano, el Santo Padre propone discernir entre una humanidad que construye nuevas torres de Babel, basadas en el poder, la uniformidad y la exclusión, y otra humanidad que, como la Jerusalén reconstruida por Nehemías, vuelve a edificar la convivencia desde la solidaridad, la participación y la presencia de Dios”. 

 RIESGOS

Según el Arzobispo, el Papa León XIV advierte sobre los riesgos de una cultura tecnocrática que podría aumentar las desigualdades, generar nuevas formas de dependencia y manipulación, debilitar las relaciones humanas y poner en peligro la libertad y la dignidad de las personas, especialmente de los más pobres y vulnerables. “Pero al mismo tiempo reconoce que la ciencia y la tecnología pueden ser instrumentos valiosos cuando están orientados al servicio de la vida, de la educación, de la salud, de la justicia y de la paz”.

En su opinión, uno de los aspectos más hermosos del documento es su insistencia en que el ser humano nunca debe perder su rostro ni su corazón. “Ninguna máquina podrá reemplazar jamás la conciencia moral, la compasión, el amor, la creatividad espiritual ni la capacidad de fraternidad que Dios ha sembrado en cada persona. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de la búsqueda de la verdad y de una humanidad capaz de construir vínculos de solidaridad y esperanza”, resalta.

La Encíclica también invita a fortalecer la familia, la educación, el trabajo digno y la participación social, promoviendo una cultura del encuentro frente a la polarización, la violencia y la indiferencia. Nos llama a construir una “Civilización del Amor”, donde la economía, la política y la tecnología estén verdaderamente al servicio de la persona humana y del cuidado de la Casa Común.

DIRIGIDO A TODOS

El Cardenal aclara que el documento no está dirigido solamente a los católicos, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Por ello, anima a las familias, a los jóvenes, a las universidades, a los educadores, a los comunicadores, a los responsables políticos, a las comunidades cristianas y a toda la sociedad a leer, estudiar, dialogar y profundizar esta Encíclica, que constituye una importante guía ética y espiritual para el presente y el futuro de la humanidad.

Agrega que en este Año del Bien Común, que se viene promoviendo pastoralmente en Paraguay, esta Encíclica adquiere un valor aún más significativo para nuestra sociedad. “Puede y debe ser estudiada en las universidades, en las escuelas y colegios, en las parroquias, decanatos, movimientos y comunidades eclesiales, así como también por todas las personas de buena voluntad comprometidas con la educación, la formación de niños y jóvenes, la cultura, la comunicación y la construcción de una sociedad más humana y solidaria”.

QUÉ ES UNA ENCÍCLICA

El Arzobispo explica que una Encíclica es una carta solemne del Papa dirigida ordinariamente a los obispos, a los fieles católicos y, muchas veces, también a toda la humanidad, especialmente cuando trata temas sociales, culturales, espirituales o morales que afectan a todos los pueblos. “No es solamente un texto académico o una reflexión intelectual, sino una orientación pastoral y doctrinal que busca iluminar los desafíos de cada época a la luz del Evangelio y de la fe cristiana”.

A través de las Encíclicas, los Papas ejercen su misión de enseñar, orientar y acompañar al pueblo de Dios y a la sociedad. “Muchas encíclicas han marcado profundamente la historia de la Iglesia y del mundo, especialmente en temas como la dignidad humana, el trabajo, la justicia social, la paz, la familia, el cuidado de la creación y los derechos de los pueblos”, agrega el Cardenal.

Por eso, Magnifica Humanitas quiere ser una palabra de orientación y esperanza para nuestro tiempo, particularmente frente al avance de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías. “El Santo Padre invita a toda la humanidad a reflexionar sobre cómo custodiar la dignidad de la persona humana, el bien común, la fraternidad y la centralidad del ser humano en medio de los cambios culturales y tecnológicos que estamos viviendo”, reitera.

Para cerrar esta primera reflexión sobre la nueva carta encíclica, el Arzobispo invita a todos —familias, educadores, jóvenes, universidades, trabajadores, comunicadores, responsables políticos y comunidades de fe— a leer, estudiar y dialogar este documento, que ofrece orientaciones valiosas para construir una sociedad más justa, más fraterna y verdaderamente centrada en la persona humana.

 “Que Magnifica Humanitas nos ayude a redescubrir la grandeza de la persona humana creada a imagen de Dios, y nos anime a trabajar juntos para que la tecnología nunca eclipse la dignidad humana, sino que contribuya a una sociedad más justa, más fraterna y más humana”, exhorta el Cardenal.