Oración y reflexión por la Selección Paraguaya y los participantes de la Copa Mundial de Fútbol 2026
«¿No saben que en el estadio todos los corredores participan en la carrera, pero uno solo recibe el premio? Corran, entonces, de manera que lo consigan. Los atletas se privan de muchas cosas, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible» (1 Cor 9,24-25).
1. Hemos escuchado estas palabras de san Pablo que parecen especialmente oportunas en vísperas de esta Copa Mundial. El apóstol compara la vida con una carrera y nos recuerda que toda meta importante exige preparación, disciplina, sacrificio y perseverancia. También nuestros deportistas han recorrido un largo camino para llegar hasta aquí, llevando consigo los sueños y las esperanzas de todo un pueblo.
2. Nadie llega a una competencia de esta magnitud por casualidad. Detrás de esta clasificación hay años de entrenamiento, sacrificios personales y familiares, esfuerzo constante y el exigente recorrido de las eliminatorias. Todo ello ha sido posible gracias a la fe en Dios, la perseverancia, el trabajo y la confianza compartida.
3. San Pablo nos recuerda que los atletas corren para alcanzar el premio. También nuestros jugadores llegan con el legítimo deseo de llegar lejos y alcanzar los mejores resultados posibles. Sueñan con alcanzar el podio más alto. Sin embargo, la Palabra de Dios nos invita a mirar más allá de cualquier trofeo: existe una corona incorruptible que Dios promete a quienes viven con fidelidad, amor y entrega. Los triunfos deportivos pasan; los valores permanecen.
4. También Jesús, nuestro Salvador, reunió a sus discípulos para una gran misión. Los fue formando pacientemente, enseñándoles el camino del amor, del servicio y de la fraternidad. Los preparó para anunciar la Buena Noticia al mundo entero y les recordó que la verdadera grandeza consiste en servir a los demás.
5. En nuestra selección hay jugadores experimentados y también jóvenes que reciben una oportunidad importante para representar al Paraguay. Esto nos recuerda que Dios suele sorprender. Jesús eligió a hombres sencillos para grandes misiones. No siempre llama a quienes el mundo considera los más importantes, sino a quienes están dispuestos a responder con generosidad y espíritu de servicio.
6. Cada jugador convocado tiene una misión dentro del equipo. Del mismo modo, cada persona tiene una vocación dentro del plan de Dios. Los talentos son un regalo, pero también una responsabilidad. Deben cultivarse y ponerse al servicio del bien común.
7. Esta Copa Mundial reúne a pueblos y naciones de todos los continentes. En un mundo marcado por divisiones y conflictos, el deporte puede convertirse en un lenguaje universal de encuentro. Que esta competencia fortalezca la amistad entre los pueblos y contribuya a construir una cultura de paz.
8. Que las rivalidades permanezcan únicamente dentro del campo de juego y que fuera de él prevalezcan siempre el respeto, la fraternidad y el diálogo. El fútbol tiene la capacidad de unir a millones de personas y recordarnos que pertenecemos a una misma familia humana.
9. Cuando ustedes, queridos compatriotas jugadores, vistan y suden la camiseta albirroja, llevarán consigo mucho más que un uniforme deportivo. En sus colores rojo, blanco y azul estará representado todo el pueblo paraguayo, así como nuestra querida tierra colorada y nuestras raíces. Que la vistan con orgullo, humildad y espíritu de equipo, sabiendo que millones de paraguayos los acompañarán con afecto, esperanza y oración.
10. Damos gracias por todos los jugadores y por el cuerpo técnico de nuestra selección, comandada por el entrenador Gustavo Alfaro, así como por los médicos, fisioterapeutas y demás profesionales que la acompañan. Agradecemos también a sus familias, que con amor y sacrificio han apoyado este camino.
11. Que Jesucristo, nuestro Salvador, fortalezca a nuestra querida Albirroja y haga de esta Copa Mundial una verdadera fiesta de encuentro, esperanza y amistad entre los pueblos. Bajo el manto maternal de la Santísima Virgen de los Milagros de Caacupé, Madre y Protectora del Paraguay, ponemos a nuestra selección y a todos los participantes de este Mundial. Que ella los acompañe en cada viaje, en cada entrenamiento y en cada partido, conduciéndolos siempre por caminos de unidad, amistad y paz.
01 de junio de 2026
+ Adalberto Card. Martínez Flores
Arzobispo Metropolitano de Asunción
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