HOMILÍA
Tercer día del Novenario de Nuestra Señora de la Asunción
Viernes de la XVIII Semana del Tiempo Durante el Año

GARANTIZAR TIERRA, TECHO Y TRABAJO – EL QUE EDIFICÓ SU CASA SOBRE ROCA

¡Les doy la cordial bienvenida! Hoy, Jesús está aquí con nosotros. Está presente aquí, para hablar con que acabamos de escuchar (cf. Mt 7, 24-27). nosotros de una casa que no se desplomará jamás, porque está edificada sobre roca. Es la palabra evangélica

Hermanos, en el corazón de cada hombre existe el deseo de una casa. En un corazón cristiano existe con mayor razón el gran anhelo de una casa propia, que sea sólida, a la que no sólo se pueda volver con alegría, sino también en la que se pueda acoger con alegría a todo huésped que llegue. Es la nostalgia de una casa en la que el pan de cada día sea el amor, el perdón, la necesidad de comprensión, en la que la verdad sea la fuente de la que brota la paz del corazón.

Ahora bien, se impone una pregunta: “¿Cómo construir esta casa?”. Es una pregunta que seguramente ya se han planteado muchas veces en el corazón y que volverán a plantearse muchas veces. Es una pregunta que es preciso hacerse a sí mismos no solamente una vez. Cada día debe estar ante los ojos del corazón: ¿cómo construir la casa llamada vida? Jesús, nos exhorta a construir sobre roca. En efecto, solamente así la casa no se desplomará,

Pero ¿qué quiere decir construir la casa sobre roca? Construir sobre roca quiere decir, ante todo: construir sobre Cristo y con Cristo. Jesús dice: “Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que construyó su casa sobre roca” (Mt 7, 24). Aquí no se trata de palabras vacías, dichas por una persona cualquiera, sino de las palabras de Jesús. No se trata de escuchar a una persona cualquiera, sino de escuchar a Jesús. No se trata de cumplir cualquier cosa, sino de cumplir las palabras de Jesús.

Construir sobre Cristo y con Cristo significa construir sobre un fundamento que se llama amor crucificado. Quiere decir construir con Alguien que, conociéndonos mejor que nosotros mismos, nos dice: “Eres precioso a mis ojos,… eres estimado, y yo te amo” (Is 43, 4). Quiere decir construir con Alguien que siempre es fiel, aunque nosotros fallemos en la fidelidad, porque él no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2, 13).

Construir sobre Cristo, quiere decir fundar sobre su voluntad todos nuestros deseos, expectativas, sueños, ambiciones, y todos nuestros proyectos. Significa decirse a sí mismo, a la propia familia, a los amigos y al mundo entero y, sobre todo, a Cristo: “Señor, en la vida no quiero hacer nada contra ti, porque tú sabes lo que es mejor para mí. Sólo tú tienes palabras de vida eterna” (cf. Jn 6, 68).

Construir sobre roca, quiere decir ser conscientes de que habrá contrariedades. Cristo dice: “Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa…” (Mt 7, 25). Estos fenómenos naturales no sólo son la imagen de las múltiples contrariedades de la condición humana; normalmente también son previsibles. Cristo no promete que sobre una casa en construcción no caerá jamás un aguacero; no promete que una ola violenta no derribará lo que para nosotros es más querido; no promete que vientos impetuosos no arrastrarán lo que hemos construido a veces a costa de enormes sacrificios. Cristo no sólo comprende la aspiración del hombre a una casa duradera, sino que también es plenamente consciente de todo lo que puede arruinar la felicidad del hombre. Por eso, no debe sorprendernos de que surjan contrariedades, cualesquiera que sean. No nos desanimemos a causa de ellas. Un edificio construido sobre roca no queda libre de la acción de las fuerzas de la naturaleza, inscritas en el misterio del hombre) Haber construido sobre roca significa tener la certeza de que en los momentos difíciles existe una fuerza segura en la que se puede confiar.

Hermanos, una vez más: ¿qué quiere decir construir sobre roca? Construir sobre roca quiere decir también construir sobre Pedro y con Pedro, pues a él el Señor le dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18). Si Cristo, la Roca, la piedra viva y preciosa, llama a su Apóstol piedra, significa que quiere que Pedro, y con él toda la Iglesia, sean signo visible del único Salvador y Señor.

Ciertamente, a nadie sorprenden las palabras acerca de construir con Pedro y sobre Pedro. Por eso les repito: no tengan miedo de construir su vida en la Iglesia y con la Iglesia. Siéntanse orgullosos del amor a Pedro y a la Iglesia a él encomendada. No se dejen engañar por quienes quieren contraponer a Cristo y a la Iglesia. Sólo hay una roca sobre la cual vale la pena construir la casa. Esta roca es Cristo. Sólo hay una piedra sobre la cual vale la pena apoyarlo todo. Esta piedra es aquel a quien Cristo dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18).

Queridos hermanos, meditando en las palabras de Cristo sobre la roca como fundamento adecuado para la casa, no podemos menos de notar que la última palabra es una palabra de esperanza. Jesús dice que, a pesar de la furia de la tempestad, la casa no se desplomó, porque estaba fundada sobre roca. Con estas palabras nos infunde una extraordinaria confianza en la fuerza del fundamento, la fe que no teme ser desmentida porque está confirmada por la muerte y resurrección de Cristo. Esta es la fe que, años después, confesará san Pedro en su carta: “He aquí que coloco en Sion una piedra angular, elegida, preciosa, y el que crea en ella no será confundido” (1 P2, 6). Ciertamente “no será confundido…”.

Y para este tiempo de confusión, también el sucesor de Pedro nos recuerda de: “Garantizar tierra, techo y trabajo para todos, estos derechos, defendidos reiteradamente por el Papa Francisco, expresan la dignidad humana más básica y forman parte del destino universal de los bienes.

“Dios creó el mundo para todos, no solo para algunos”, es la enseñanza bíblica y patrística sobre la función social de la propiedad y el deber de compartir. Se valora los esfuerzos gubernamentales para proveer viviendas dignas, aunque la demanda supera ampliamente las respuestas actuales.

Pedimos que la Iglesia misma dé testimonio compartiendo recursos entre parroquias y diócesis, y organizando mejor la pastoral social, podamos ofrecer respuestas más efectivas a los sectores vulnerables1005. DE ESTE AÑO,

“Nuestro lema dice: denles ustedes de comer. No es fácil, pero es el camino cristiano”, llamando a aliviar el sufrimiento de miles de paraguayos sin tierra, sin vivienda o sin trabajo. Se señala con dureza la falta de empleo digno, el déficit habitacional y los desalojos injustos que afectan a comunidades campesinas e indígenas en el país. Por ello, se insta a la sociedad a abandonar la indiferencia y el egoísmo, promoviendo una vida solidaria donde ninguna familia carezca de lo elemental para vivir con dignidad. A PESAR DE TODOS ESTOS PROBLEMAS, NO TENGAMOS MIEDO AL FRACASO,

Queridos hermanos, miedo al fracaso a veces puede frenar incluso nuestros sueños más hermosos. Puede paralizar la voluntad e impedir creer que pueda existir una casa construida sobre roca. Como Jesús, digamos al miedo: “¡No puede caer una casa fundada sobre roca!”. Como san Pedro, digámosle a la tentación de la duda: “Quien cree en Cristo, no será confundido”. Sean testigos de la esperanza, de la esperanza que no teme construir la casa de la propia vida, porque sabe bien que puede apoyarse en el fundamento que le impedirá caer: Jesucristo, nuestro Señor. Así sea.

 

Asunción, 07 de agosto de 2026

Monseñor Ricardo Valenzuela 

Obispo de la Diócesis de Caacupé