HOMILÍA
Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Los dones del Espíritu Santo: flores y fragancias del amor de Dios
Lecturas: Hch 1,13-14; 2,1-6; Sal 103; Jn 14,15-17.
Bienvenida: un día que no deben olvidar
Queridos jóvenes, queridos padres, padrinos, catequistas y hermanos todos:
Hoy recibimos con inmensa alegría a los 81 jóvenes que van a recibir el sacramento de la Confirmación en esta querida parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Les doy una afectuosa bienvenida a ustedes, queridos jóvenes, y también a sus padres y padrinos, que los acompañan en este momento tan importante. Agradezco especialmente a sus catequistas, que han caminado junto a ustedes, dedicando su tiempo, compartiendo su fe y preparándolos para este encuentro con el Señor.
Hoy es un día que no deben olvidar. Serán ungidos con el santo crisma y marcados con el sello del Espíritu Santo. Dios quiere fortalecerlos con su gracia, acompañarlos en sus decisiones y ayudarlos a descubrir el camino que conduce a una vida plena. El Espíritu Santo no viene de visita por un día. Viene para permanecer en ustedes y acompañarlos a lo largo de toda su vida.
La primavera y las fragancias del Espíritu
Estamos comenzando la primavera, una estación que nos regala flores de distintos colores, formas y fragancias. Cada flor tiene su belleza y su perfume particular, pero todas necesitan raíces que las alimenten, agua que les dé vida y luz que las ayude a crecer. Así también sucede con nosotros. Cada uno tiene su propia historia, sus talentos y sus sueños, pero todos necesitamos estar unidos a una misma raíz: el amor de Dios.
Hoy el Señor quiere regalarles siete maravillosos dones del Espíritu Santo. Podemos imaginarlos como siete flores que desprenden distintas fragancias, pero que nacen de una misma fuente: Dios, que es amor. Estos dones no son adornos que recibimos para guardarlos. Son regalos para hacerlos fructificar en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras comunidades y en la sociedad.
Y en esta primavera, cuando la naturaleza se llena de vida, en ustedes, queridos jóvenes, florece también la esperanza de nuestra Iglesia. Que sus vidas sean expresión de la alegría, la generosidad y el amor que el Espíritu Santo quiere derramar sobre todos nosotros.
Los siete dones: un ramillete de regalos para caminar por la vida
Queridos jóvenes, hoy recibirán siete dones maravillosos. La sabiduría les ayudará a mirar la vida con los ojos de Dios, a descubrir lo verdaderamente importante y a comprender que no todo lo que brilla nos hace felices. El entendimiento les permitirá profundizar en la Palabra de Dios, comprender mejor su voluntad y descubrir el sentido de las enseñanzas de Jesús.
El consejo los ayudará a tomar buenas decisiones, a distinguir el bien del mal y a orientar también a quienes necesitan una palabra amiga. La fortaleza les dará valor para superar los obstáculos, resistir las tentaciones, levantarse después de una caída y defender lo que es justo, aunque otros piensen de manera diferente.
El don de ciencia les ayudará a reconocer la presencia del Creador en sus obras, a cuidar la naturaleza y a descubrir que todas las cosas creadas deben ayudarnos a acercarnos a Dios. La piedad les enseñará a relacionarse con Dios como hijos que confían en su Padre, a encontrar alegría en la oración y a reconocer a los demás como hermanos. Y el temor de Dios, que no significa tenerle miedo, sino amarlo profundamente, les ayudará a no apartarse de Él ni hacer daño a quienes ama.
Pero los regalos del Espíritu Santo no se agotan en estos siete dones. Son como un hermoso ramillete de flores de distintos colores y fragancias, que el Señor quiere hacer crecer en sus corazones. Todos brotan de una misma raíz: el amor de Dios. Y cuando dejamos que el Espíritu Santo actúe en nosotros, estos dones producen frutos maravillosos. San Pablo nos habla de ellos en su carta a los Gálatas (5,22-23): amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí.
¡Qué hermoso sería que cada uno de ustedes se convirtiera en un jardín donde florezcan estos frutos! Que sus familias encuentren en ustedes amor y alegría; sus amigos, fidelidad y bondad; quienes sufren, comprensión y paciencia; y quienes los ofenden, perdón y paz. Que los dones que hoy reciben no queden guardados como un recuerdo de la Confirmación, sino que florezcan cada día y extiendan por todas partes la hermosa fragancia del amor de Dios.
Jóvenes, no permitan que las pantallas les roben la vida
Hoy ustedes crecen en un mundo lleno de posibilidades, pero también de dificultades. El internet, las redes sociales y la inteligencia artificial son herramientas extraordinarias que pueden ayudarnos a estudiar, aprender, comunicarnos y hacer mucho bien. Sin embargo, también pueden convertirse en obstáculos cuando nos dejamos atrapar por ellas. Hay jóvenes que pasan tantas horas frente a las pantallas que terminan aislándose de sus familias y amigos. Otros quedan atrapados en los videojuegos, las apuestas en línea y otras dependencias que pueden perjudicar sus sueños y sus relaciones.
Hoy, con la inteligencia artificial, se pueden crear imágenes, videos y voces falsas que parecen reales, manipular fotografías o suplantar la identidad de otras personas. A veces, por curiosidad o diversión, se juega con estas tecnologías sin medir sus consecuencias. Es como jugar con fuego. Una broma aparentemente inocente puede convertirse en acoso, humillación o violencia digital, causando heridas profundas en la vida de otras personas. Ninguna diversión justifica dañar la dignidad de alguien.
Por eso, queridos jóvenes, necesitamos especialmente los dones de sabiduría, entendimiento, consejo y fortaleza, para distinguir el bien del mal y utilizar responsablemente estas herramientas. Antes de publicar o compartir algo, pregúntense: ¿esto hace el bien?, ¿respeta la dignidad de los demás?, ¿cómo me sentiría si me lo hicieran a mí? Y si ustedes sufren alguna situación de acoso o violencia digital, no tengan miedo de pedir ayuda a sus padres, educadores o personas de confianza.
No permitan que las pantallas sustituyan los encuentros personales. Una conversación frente a frente, un abrazo, una mirada de cariño o una mano tendida tienen un valor que ninguna tecnología puede reemplazar. Jesús no es una presencia virtual en nuestras vidas. Él está verdaderamente presente en la Eucaristía, nos habla en su Palabra y sale a nuestro encuentro en los hermanos, especialmente en quienes más nos necesitan. Que la tecnología esté siempre al servicio de la persona y nunca se convierta en dueña de nuestras vidas.
El Espíritu Santo permanece en ustedes
En el Evangelio de san Juan (14,15-17), Jesús nos dice: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos». Y nos hace una promesa maravillosa: el Padre nos dará otro Paráclito, el Espíritu de la Verdad, para que permanezca siempre con nosotros. Jesús no nos promete una vida sin dificultades, sino su presencia fiel, que nos sostiene y nos ayuda a caminar en la verdad y en el amor.
En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles (1,13-14; 2,1-6), encontramos a los discípulos reunidos en oración junto a María, la madre de Jesús. El día de Pentecostés, el Espíritu Santo desciende sobre ellos como lenguas de fuego y transforma sus vidas. Aquellos discípulos reciben la fuerza para salir, anunciar el Evangelio y hacerse comprender por personas de distintas lenguas. Hoy también ustedes reciben ese mismo Espíritu, que quiere encender en sus corazones el fuego del amor y convertirlos en testigos de Jesús.
El Señor nos regala su Palabra y la Eucaristía, donde se hace verdaderamente presente y nos alimenta con su amor. Esto nos recuerda a nuestra querida Chiquitunga, la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, quien fue maestra de primer grado en el Colegio del Perpetuo Socorro durante dos años, a partir de 1950, mientras continuaba su formación como profesora normalista. Aquí compartió sus conocimientos, su alegría y su fe con los niños. Ella encontró en la oración y en la Eucaristía la fuerza para servir a los demás y entregar generosamente su vida a Jesús. Que su ejemplo los anime a cultivar una amistad profunda con Cristo y a poner sus dones al servicio de quienes más los necesitan.
Jóvenes, sean protagonistas de una Iglesia viva
Queridos jóvenes, la Confirmación no es el final de la catequesis ni una despedida de la Iglesia. Es el comienzo de una nueva etapa de su vida cristiana. Hoy Jesús los invita a ser sus testigos, a participar activamente en sus comunidades y a poner sus talentos al servicio de los demás. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus iniciativas, sus preguntas y sus sueños. No se queden como simples espectadores: sean protagonistas de la vida y la misión de nuestra Iglesia.
María, nuestra Madre del Perpetuo Socorro
Hoy contemplamos también a María, que estaba reunida en oración con los discípulos cuando recibieron el Espíritu Santo. Ella es nuestra Madre del Perpetuo Socorro, que nos acompaña en las dificultades, nos sostiene en la esperanza y nos enseña a confiar en su Hijo Jesús. Pidámosle que acompañe a estos 81 jóvenes, a sus familias, padrinos y catequistas, para que permanezcan unidos en el amor de Dios.
Queridos jóvenes, cuando dentro de algunos años recuerden este día, que no sea solamente por las fotografías, los regalos o la celebración familiar. Recuerden que hoy han sido marcados con el sello del Espíritu Santo y que Dios les ha confiado una misión. Que los siete dones que hoy reciben florezcan en sus corazones, produzcan abundantes frutos y que sus vidas desprendan siempre la hermosa fragancia del amor de Cristo.
Que María, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, los cubra con su manto maternal y los acompañe siempre. Amén.
26 de septiembre de 2026.
Card. Adalberto, Martínez Flores,
Arzobispo Metropolitano
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