Desde mañana domingo, 27 de setiembre, Monseñor Gabriel Narciso Escobar Ayala se integra a la Arquidiócesis de Asunción como Obispo Auxiliar. Hasta ayer estuvo en el Vicariato Apostólico del Chaco Paraguayo, jurisdicción de la Región Occidental que le ha tocado administrar como pastor desde el 2013.

Con él, la Arquidiócesis volverá a contar con un Obispo Auxiliar después de 26 años. Asistirá y colaborará con el Arzobispo, Cardenal Adalberto Martínez, en el gobierno, administración y cuidado pastoral de la Iglesia arquidiocesana.

En esta entrevista brinda detalles de las emociones que está sintiendo con su traslado, y adelanta cuáles serán sus tareas iniciales, tras tomar posición de su oficio, mañana.

– ¿Qué sentimientos le embargan al tener que dejar una región que hasta el presente sigue padeciendo abandono, y ante el desafío de venir a colaborar en la tarea pastoral dentro de la Arqudiócesis?

-Evidentemente tengo sentimientos encontrados porque, por una parte, se trata de dejar un lugar donde he iniciado los primeros pasos como Obispo, donde la población me ayudó a ser obispo de pueblo. Donde escuchabas los problemas, sufrías con ellos, te alegrabas de sus conquistas, pero a la vez también te das cuenta que quedan muchos desafíos que no pudimos superar con el pueblo, lo que te deja un sabor medio amargo.

Aunque también hay que reconocer que no todo lo puede terminar uno.

La comunidad tendrá otros obispos que continuarán el proceso de esta Iglesia que fue iniciando con nuestros proyectos, porque es Dios quien va actuando en medio de su pueblo. Por otra parte, asumo este gran desafío de volver a la ciudad capital y continuar con la misión de obispo, de sacerdote, de enseñar y acompañar al pueblo en la vida de fe, en ese día a día de sufrimiento de aquellos paraguayos de a pie que no tienen la posibilidad de llegar a sus lugares de trabajo, porque no tienen un servicio de transporte público acorde a los tiempos. Que sufren la inseguridad, la violencia, el tema de las drogas, los chespis en plena ciudad. Son grandes desafíos totalmente distintos a los que me tocó trabajar con el pueblo chaqueño.

– ¿Qué cuestiones, por ejemplo, no pudieron lograr con la comunidad chaqueña?

– Me refiero a las conquistas de tierra, justicia, camino a todo tiempo, acceso a las poblaciones, salud, por citar solo algunos.

– ¿Cree que estando en Asunción sus denuncias sociales y declaraciones sobre temas de la realidad sociopolítica del país pueden incomodar a algunos sectores del poder?

– Al respecto, es importante decir que todo cristiano al ser bautizado estamos llamados a ser sacerdote, profeta y rey. El sacerdocio común de los fieles que nos llama a ser miembro del cuerpo de la iglesia nos invita a ser profeta y escuchar. El profeta es el que anuncia esa Buena Noticia y denuncia aquello que va en contra de esa Buena Noticia.

Tanto los laicos como yo, sacerdote y obispo tenemos que vivir y cumplir ese mandato del bautismo. Frente a lo material, lo humano tiene que ser prioridad. De allí, la preocupación de los pastores, de los obispos y sobre todo a quienes, como a mí, nos ha tocado estar en una iglesia pobre, humilde.

El Papa Francisco siempre nos invitaba a ser una Iglesia samaritana, de puertas abiertas, que sea un hospital de campaña, que atendamos a todos, que seamos pastores que vayamos frente al pueblo para guiar hacia Jesús. Otras veces vamos en el medio, para acompañar ese proceso, y en ocasiones, vamos atrás, para empujar y motivar al pueblo. Y ese es nuestro trabajo.

Si una persona se siente tocada o agraviada por nuestras expresiones, debe comprender que el Obispo no lo hace por atacar a fulano o mengano, sino que cumple un mandato divino de ser profeta en su jurisdicción.

Además, el Obispo tiene que salir en defensa de su pueblo y tiene que decir lo que está bien o lo que está mal en el ámbito de la evangelización y de la Doctrina Social de la Iglesia, que cuida y promueve al ser humano.

Nosotros estamos ahora en el Año del Bien Común, cuántas injusticias vemos y experimentamos en el país; no podemos ser indiferentes.

–Usted nació en Asunción y desarrolló buena parte de su labor pastoral en la capital, ¿le demandaría cierto tiempo readaptarse luego de trece años como Vicario Apostólico del Chaco Paraguayo?

– Al principio puede que me cueste un poco readaptar mi estructura mental, pero siempre estuve en comunión con los obispos, con los problemas sociales, los problemas de evangelización en todas las Diócesis, y en forma especial en Asunción, porque es mi lugar de origen.

Siempre mantuve contacto con los sacerdotes, con los laicos. No olviden que varios años fui director del Colegio Salesianito. También fui delegado de Pastoral Juvenil, que tenía su sede en Asunción.

Nunca me aparté totalmente, siempre mantuve la comunión y trataba de permanecer informado y tener esa visión holística de nuestro país. No solamente encerrarme en los problemas del Chaco, sino abrirme también a las situaciones de nuestro país, y en forma especial, la ciudad capital, que es donde se centra todo.

 Queramos o no, las decisiones se toman en la ciudad capital, y creo que con la ayuda del Cardenal Adalberto, y de mis hermanos sacerdotes, no me costará tanto volver a adaptarme al trabajo pastoral del Arquidiócesis. Sobre todo, porque hay un proyecto, y cuando se trabaja en las Diócesis o en los Vicariatos con proyectos pastorales, es mucho más fácil entrar en ritmo.

A nosotros se nos preparó también como soldado raso para adaptarnos al lugar donde se nos envía. Además, un lugar como el Chaco, donde me foguearon muy bien a mis 42 años, me ha preparado para asumir otro servicio, con la gracia de Dios, con la ayuda del Cardenal, mis hermanos sacerdotes y los laicos.

– ¿A cargo de quién queda el Vicariato Apostólico del Chaco Paraguayo, hasta tanto se produzca el nombramiento de su sucesor?

– En el caso de los Vicariatos Apostólicos, que son una especie de Prelatura no una Diócesis, pero tienen un obispo como cabeza, queda el pro-vicario, una vez hablado y consultado con el Consejo Presbiteral. En este caso va a ser el presbítero Denis Antúnez, párroco de la parroquia Virgen del Carmen, de Carmelo Peralta. Él va a asumir como pro-vicario y como cabeza visible de la iglesia. Nunca la iglesia queda acéfala.

– ¿Dónde fijará residencia a partir de ahora, Monseñor?

 – Mantuve una primera conversación con el Cardenal y me había dicho que iba a estar residiendo en el Seminario Metropolitano, y después iría a Luque, porque me pide que trabaje y ayude con la tarea pastoral en Luque, Limpio y Areguá.

Inicialmente mi tarea en el primer año consistirá en acercarme a las comunidades parroquiales y a los sacerdotes. Ver y escuchar.

Después, con el pastor a la cabeza, que es el cardenal Alberto, y con discernimiento, ir viendo otros servicios en los que podemos ir trabajando, siempre en el ámbito de la evangelización.