El Cardenal Adalberto Martínez Flores ordenó diácano permanente en la mañana de hoy sábado a Roberto Carlos Ayala, miembro de la Policía Nacional, en una ceremonia que tuvo lugar en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de Ñumí, Obispado de Villarrica del Espíritu Santo.
“Como miembro de la Policía Nacional conoces los desafíos y sacrificios de esta noble vocación. Como diácono estarás llamado a llevar la luz del Evangelio a ese ambiente humano y profesional, siendo signo de esperanza para quienes atraviesan dificultades, hombre de reconciliación en medio de las divisiones, servidor de la unidad entre tus camaradas y puente entre la Iglesia y quienes sirven a la Nación”, encomendó Martínez, quien presidió la ceremonia en su carácter de Administrador Apostólico de las Fuerzas Armadas de la Nación y de la Policía Nacional.
El también Arzobispo de Asunción explicó que el diaconado permanente nos recuerda que la santidad puede y debe florecer también en la vida matrimonial y familiar, destacando la calidad de esposo y padre de familia del ordenado diácono. Por eso, le exhortó que antes de proclamar el Evangelio desde el ambón, está llamado a vivirlo en su propia casa; antes de servir a la comunidad, está llamado a amar y servir a su familia.
Durante la homilía, el Cardenal resaltó que la sociedad necesita uniformados con profunda formación humana, espiritual y ética. Necesita servidores públicos honestos, transparentes y comprometidos con la dignidad de toda persona. Necesita hombres y mujeres que comprendan que la verdadera autoridad siempre debe ejercerse como servicio.
“Que tu presencia dentro de la Policía Nacional contribuya a fortalecer la fraternidad, la solidaridad y el espíritu de servicio. Que tu ministerio ayude a sostener espiritualmente a las familias policiales, a acompañar a quienes sufren, a animar a quienes atraviesan momentos difíciles y a recordar siempre que Dios camina junto a quienes trabajan por la seguridad y la paz de nuestra sociedad”, animó al novel diácono.
Adalberto Martínez destacó que a través del Obispado de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Paraguay la Iglesia acompaña espiritualmente a quienes sirven a la patria, protegen a la ciudadanía y trabajan por la seguridad, la justicia y la paz.
En cuanto al ministerio diaconal, dijo que este nunca se vive aisladamente. El diácono sirve en comunión con el Obispo, con los sacerdotes, con los demás diáconos, con los religiosos y religiosas y con todo el Pueblo de Dios-
Resaltó además que toda vocación nace en el corazón de Dios. “Mucho antes de que Roberto pensara en este día, Dios ya pensaba en él y lo preparaba para esta misión. La vocación no es una iniciativa humana sino una respuesta al amor de Dios”, explicó el Cardenal.