70 años de la CEP
La Conferencia Episcopal Paraguaya no es la Iglesia en el Paraguay. Los ministros, a pesar de muchas veces ser llamados así, no son la Iglesia, son parte de la Iglesia, un sacramento en la Iglesia. La Iglesia es todo el pueblo que vive su fe en Cristo. Hoy celebramos los 70 años de la Conferencia, pero la Iglesia en el Paraguay, y la comunión en la Iglesia, entre las Iglesia, y hasta la comunión entre los obispos tienen mucho más de 70 años. Los textos de hoy nos ayudan a ver el misterio de la Iglesia y también algo sobre la CEP.
La CEP es pequeña
Como la semilla, la semilla de mostaza, como el fermento microscópico, como la sal, como las organizaciones que no tienen muchos medios… Sí, tenemos o tuvimos algunos patrimonios importantes. Sí, la Iglesia católica es muy visible por su templos, sus procesiones y peregrinaciones porque invade toda la toponimia del país (santos en todas partes), por los rituales domésticos y comunitarios; sí, somos muchos y grandes… pero por el mismo número de persona, los clubes sociales, los clubes deportivos, muchas asociaciones civiles, y ni que decir las fundaciones, las empresas, las instituciones públicas, los partidos, el Estado…, son mucho más grandes. La Iglesia se maneja con muy pocos recursos. Me acuerdo de un animador radiofónico no creyente que hablaba de esto con irritación: hay tanto voluntariado en la Iglesia, por esto tiene tanta influencia. La gratuidad es una fuerza muy grande.
La CEP es así. Una veintena de obispos. Un personal permanente de media-docena. Una treintena de coordinadores de pastoral, la mayoría ad honorem. Se nos da una autoridad tremenda, pero realmente no puede ser por la fuerza de nuestra organización. Somos muy pequeños. A los obispos se les mira como si tuvieran rango de ministros, al presidente de la CEP, no sé qué rango superior tiene también, pero realmente manejamos una pequeña fracción de los presupuestos y medios que se administran en muchas otras partes.
Tenemos la tentación de querer ser grandes y prósperos y seguros y tener todo el camino por delante organizado y claro, esto sí. Gracias a Dios, no lo logramos. Siempre estará en nuestra naturaleza misma de ser como la semilla, de ser pequeños, de morir en la tierra, germinar con dolor y crecer con el pueblo, en la confianza en Dios.
La CEP es comunión
El fermento es una colonia de microbios que actúa en conjunto. La Iglesia, para ser fermento en la masa, conoce y vive la importancia de la comunidad. El pleno de los obispos es una pequeña comunidad que comparte sus experiencia y busca conducir algunos proyectos comunes: la animación pastoral en nuestra realidad nacional, la UC, la formación de los sacerdotes, Lo hacemos con fallas. Con conflictos. Pero lo vivimos. Sabemos que no hay fermento eficaz si no nos amamos. Somos gente muy diferente, diversa en nuestra formación, nuestras experiencias de vida, nuestras culturas. Pasamos crisis, discusiones. Pero buscamos una unidad que no sea solamente de fachada, una verdadera comunión.
El sacramento del orden (diáconos, presbíteros, obispos) se vive en conjunto. El ministro no es un pequeño rey que ejerce su autoridad sobre un territorio o una comunidad. Es muy importante que nuestras líneas pastorales vengan de un consenso revelado en el discernimiento, que no sean solamente proyectos personales. En otras palabras: nos toca sentir el Espíritu Santo y escuchar al Dios que nos llama, paso a paso, en nuestra vida eclesial.
CEP es levadura
Toda esta experiencia de la CEP y las parábolas de Jesús hablan de un poder diferente. El poder de la levadura, el fermento. En los textos, hay un “ambiente”: semilla en la tierra, fermento en la masa, juntos, fronteras capilares,… La Evangelización no es un programa o un trabajo como otros, es sembrar, contagiar, testimoniar. No hay nada que construir, mucho menos imponer.
Quien dice testimonio, dice palabra. La palabra tiene un poder especial. Habría que meditar sobre esto. La palabra, sobre todo hoy en día, en el flujo de discursos, imágenes, puntos de vista, informaciones, mentiras, chismes… que circulan, no es un poder muy grande. Los discípulos para convencer a nuevos discípulos no tenían otro poder que la palabra y los gestos del amor (los milagros). El amor y la palabra… dos poderes a la vez muy fuertes y frágiles, contundentes y vulnerables. No puede ser de otra forma. Tal vez la CEP habla de más, tal vez no lo suficiente, muchos nos piden ser más críticos, otros que seamos más moderados. Seguramente, los obispos deberíamos dar un testimonio más visible y coherente. En todo caso, y es y fue así en los 70 años de nuestra historia: a veces hay impactos fuertes como en la carta del “Saneamiento moral de la nación” (1979), el llamado al Diálogo Nacional (1986), como en la campaña “Paraguay jaipotáva” (1997 a 2003), hasta como ahora con el tema del “Bien común” que un trienio que parece suscitar mucho interes. Y esto: muchas otras veces, la palabra de la CEP es más de escucha, de búsqueda, de discernimiento, de tocar temas no tan gustosos. Rojavy avei. Lo constante es que no tenemos otro poder: una palabra que debe lo más posible asemejarse a la Palabra, que es Jesús muerto y resucitado, que entregamos con esperanza y con humildad. Nos toca pasar por el mismo camino de Jesús, la cruz. No negamos nuestra responsabilidad de pastores, pero antes que nada somos seguidores, discípulos, hermanos de comunidad.
Celebramos 70 años. Durante los próximos años, los próximos 5 años, hasta los 75 años, vamos a visitar nuestros archivos y recordar muchos episodios de nuestra historia, vamos a vivir los compromisos de hoy con esta sensibilidad histórica. Les invitamos a hacer lo mismo: ¿cómo nacimos? ¿cómo crecemos juntos? Esta historia, ¿a qué fidelidades, a qué compromisos, a qué nuevas respuestas nos llama?
Siempre pedimos sus oraciones y agradecemos por ellas. Y pedimos también la protección de María, modelo de la Iglesia discípula y misionera.
Caacupé ― 19 de julio 2026
Mons. Pedro Jubinville
Obispo de la Diócesis de San Pedro
Presidente de la CEP
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