Celebración del Sacramento de la Confirmación

Parroquia San Juan Bautista – Lambaré

1. Queridos hermanos y hermanas: con inmensa alegría celebramos esta Eucaristía en la que un grupo de jóvenes recibirá el sacramento de la Confirmación. Saludo con afecto al párroco, a los sacerdotes, diáconos, religiosos claretianos, catequistas, padres de familia, padrinos y madrinas y, de manera muy especial, a ustedes, queridos confirmandos. Hoy el Señor los llama a renovar el “sí” que comenzó en el Bautismo y a recibir la plenitud del Espíritu Santo para ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo.

2. La Confirmación no es el final de la catequesis; es el comienzo de una vida cristiana más madura. El Espíritu Santo viene para fortalecer la fe, iluminar la inteligencia, sostener la esperanza y encender la caridad. Desde hoy ustedes están llamados a anunciar a Cristo en la familia, entre los amigos, en el colegio, en la universidad, en el trabajo y en todos los ambientes donde vivan.

3. La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos presenta un rasgo admirable del corazón de Dios. Él es todopoderoso, pero manifiesta su poder a través de la misericordia. La Palabra nos dice: «Concedes el arrepentimiento a los pecadores.» Dios nunca deja de esperar a sus hijos. Siempre ofrece una nueva oportunidad para volver a empezar. Esa es la esperanza que sostiene nuestra fe. Si Dios actúa así con nosotros, también nosotros estamos llamados a mirar a los demás con paciencia, evitando condenar apresuradamente a las personas.

4. En el Evangelio, Jesús nos presenta la parábola del trigo y la cizaña. Los servidores preguntan al dueño: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él responde: «No; dejen que crezcan juntos hasta la cosecha» (cf. Mt 13,28-30). Con estas palabras, Jesús nos enseña que solo Dios conoce plenamente el corazón humano. Nosotros vemos el presente; Dios contempla también el futuro. Nosotros vemos una caída; Él puede estar preparando una conversión. Nosotros solemos cerrar puertas; Dios siempre sabe abrir una nueva oportunidad.

5. La historia de la Iglesia confirma esta enseñanza. San Agustín pasó muchos años lejos del Señor antes de convertirse en uno de los más grandes doctores de la Iglesia. San Camilo de Lelis transformó una vida desordenada en un admirable servicio a los enfermos. San Ignacio de Loyola dejó atrás la búsqueda de la gloria humana para seguir a Cristo. El beato Carlo Acutis, siendo apenas un adolescente, permitió que el Espíritu Santo transformara su vida en un testimonio luminoso de santidad. Y aquí, en esta parroquia confiada a los Misioneros Claretianos, recordamos con gratitud a San Antonio María Claret, que ardía en deseos de anunciar el Evangelio y repetía que quería «arder en caridad e inflamar de amor a todo el mundo». Ese mismo fuego misionero es el que hoy el Espíritu Santo quiere encender en ustedes.

6. Pero la parábola también habla de nuestro propio corazón. En cada uno crecen el trigo y la cizaña. Hay fe, generosidad, deseos de servir y de amar; pero también aparecen el egoísmo, la mentira, la soberbia, la indiferencia y tantas tentaciones. La Confirmación no elimina esa lucha; nos fortalece para que el trigo crezca y la cizaña vaya perdiendo terreno. La santidad consiste precisamente en dejar que Cristo transforme cada día nuestra vida.

7. Jesús explica que «el que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno» (Mt 13,37-38). El Señor sigue sembrando buena semilla en el mundo, pero el enemigo continúa sembrando división, mentira y violencia. Cada uno de nosotros debe decidir de qué lado quiere estar: del lado de Cristo, que siembra vida y esperanza, o del lado del enemigo, que siembra odio, discordia y muerte.

8. Queridos jóvenes, este Evangelio se hace especialmente actual cuando pensamos en el mundo digital. Las pantallas, los teléfonos celulares, Internet y las redes sociales son hoy un inmenso campo donde cada día se siembra trigo o cizaña. También allí se cumple la palabra de Jesús: «Un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo» (Mt 13,25). La cizaña aparece cuando se difunden el bullying, el ciberacoso, la difamación, los insultos, el odio, las noticias falsas, la violencia verbal, la pornografía, las apuestas que esclavizan a tantos jóvenes, los juegos peligrosos y toda forma de manipulación que hiere la dignidad humana. Detrás de perfiles anónimos aparecen muchas veces los llamados haters, que utilizan un teclado para destruir la fama y la paz de los demás. No permitan que sus manos sirvan para sembrar esa cizaña.

9. Pero esas mismas pantallas también pueden convertirse en un campo fértil para el Evangelio. El beato Carlo Acutis, conocido como el «ciberapóstol de la Eucaristía» y el «influencer de Dios», comprendió que Internet podía ser un verdadero continente de evangelización. Utilizó la tecnología para dar a conocer los milagros eucarísticos y acercar a muchos jóvenes a Jesucristo. Repetía una frase que resume toda su espiritualidad: «La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo.» Él descubrió que la mejor conexión no era la de una red digital, sino la comunión con Jesús vivo en la Eucaristía. Así convirtió las pantallas en instrumentos para sembrar buena semilla.

10. Hoy ustedes deberán decidir qué quieren sembrar. Cada mensaje que escriben, cada fotografía que publican, cada comentario que hacen y cada video que comparten deja una huella en el corazón de otras personas. Pregúntense siempre: ¿esto es trigo o es cizaña? ¿Construye o destruye? ¿Acerca a Dios o aleja de Él? ¿Respeta la dignidad de los demás? Sean jóvenes que utilicen la tecnología para comunicar esperanza, verdad, respeto, solidaridad y fe. Que sus redes sean verdaderas redes para Cristo.

11. Los siete dones del Espíritu Santo no son una lista para memorizar, sino una gracia para vivir. La sabiduría nos hace mirar la vida con los ojos de Dios; el entendimiento ilumina nuestra fe; el consejo orienta nuestras decisiones; la fortaleza sostiene nuestras luchas; la ciencia nos ayuda a descubrir la presencia de Dios en la creación; la piedad fortalece nuestra relación filial con el Padre; y el santo temor de Dios nos mueve a no apartarnos nunca de su amor.

12. Jesús completa su enseñanza con las parábolas del grano de mostaza y de la levadura. El Reino de Dios comienza como una semilla pequeña y como un poco de levadura, pero termina transformándolo todo. Así actúa también el Espíritu Santo. Cambia primero un corazón, luego una familia, después una comunidad y finalmente una sociedad entera. Nunca desprecien los pequeños gestos de amor, porque Dios realiza grandes obras a partir de pequeñas semillas.

13. Queridos jóvenes, el Paraguay, la Iglesia y esta querida comunidad de San Juan Bautista necesitan jóvenes con convicciones firmes, capaces de vivir con alegría su fe y de ser testigos del Evangelio. Sean constructores de puentes y no de muros; promotores del diálogo y no de la división; defensores de la dignidad de toda persona, especialmente de los niños, de los ancianos, de los pobres y de los más vulnerables. Allí donde haya odio, siembren perdón; donde haya mentira, siembren verdad; donde haya desesperanza, siembren esperanza; donde haya oscuridad, lleven la luz de Cristo.

14. Antes de concluir, la segunda lectura nos deja una certeza que llena de esperanza nuestro corazón. San Pablo nos dice: «El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26). ¡Qué hermosa promesa para quienes hoy van a ser confirmados! El Señor no les pide que sean perfectos; les promete que nunca estarán solos. Habrá momentos en que no sabrán qué decisión tomar, cómo enfrentar una tentación, cómo perdonar una ofensa o incluso cómo rezar. Entonces recuerden estas palabras del Apóstol: el Espíritu Santo intercede por nosotros y sostiene nuestra debilidad. Esa es precisamente la gracia de la Confirmación: recibir la fuerza de Dios para vivir como discípulos de Jesucristo. No confíen solamente en sus propias fuerzas; aprendan a confiar siempre en la fuerza del Espíritu Santo.

15. Dentro de unos momentos serán ungidos con el santo crisma. Ese óleo perfumado representa la presencia del Espíritu Santo. Así como el perfume se difunde silenciosamente, también ustedes están llamados a difundir el buen olor de Cristo con una vida santa, alegre y misionera. Que San Juan Bautista, patrono de esta comunidad, les enseñe a preparar los caminos del Señor; que San Antonio María Claret les comunique su ardor evangelizador; que el beato Carlo Acutis les inspire a hacer del mundo digital un espacio para sembrar el Evangelio; y que la Santísima Virgen María, Esposa del Espíritu Santo, los acompañe siempre para responder cada día con generosidad: «Hágase en mí según tu palabra.» Amén. 

 

Asunción, 18 de julio de 2026

Card. Adalberto Martinez Flores

Arzobispo Metropolitano de la Santísima Asunción