1. Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios de este VI Domingo de Pascua nos llena de esperanza y fortaleza espiritual. Las lecturas de hoy nos hablan del Espíritu Santo, de la fidelidad a Cristo y del amor capaz de permanecer aun en medio del sufrimiento y de las pruebas. Jesús nos dice en el Evangelio: No los dejaré desamparados”.

Cristo no abandona a su pueblo. Cristo no abandona a quienes sufren. Cristo no abandona a quienes cargan cruces pesadas en la vida. Cristo permanece junto a los que lloran, a los enfermos, a los perseguidos y a quienes luchan por el bien.

  1. Hoy, 10 de mayo, celebramos también la vida de San Damián de Molokai, porque un día como hoy, en 1873, llegó a la isla de Molokai para comenzar su misión entre los leprosos abandonados. Molokai, ubicada en el océano Pacífico norte, perteneciente al archipiélago de Hawái, era en aquel tiempo un lugar de aislamiento, descarte y destierro para las personas enfermas de lepra, separadas de la sociedad y prácticamente condenadas al abandono.
  2. Aquel joven misionero de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María había partido años antes desde Bélgica hacia Hawái, respondiendo generosamente al llamado de Dios. Allí conoció la dramática situación de los leprosos enviados a Molokai. Muchos vivían sin atención, sin consuelo y sin esperanza. Entonces el Padre Damián se ofreció voluntariamente para ir a vivir con ellos.
  3. Antes de partir había dicho: “Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo”.

Él quiso hacerse presencia de Cristo entre aquellos hombres y mujeres abandonados. Quiso vivir con ellos, sufrir con ellos y compartir sus heridas. En el fondo, quiso cumplir las palabras que escuchamos hoy en el Evangelio: No los dejaré desamparados”.

  1. San Damián quiso que aquellos enfermos no se sintieran huérfanos, ni abandonados por Dios ni rechazados definitivamente por la sociedad. Fue hacia los últimos, hacia los descartados, hacia los olvidados, para hacer visible allí la cercanía y la misericordia del Señor.
  2. Y la segunda lectura de hoy parece describir toda su vida: Mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal”.

San Damián sufrió haciendo el bien. Sufrió sirviendo. Sufrió amando. Sufrió entregando la vida por aquellos que el mundo rechazaba.

  1. No se limitó solamente a predicar. Organizó trabajo para los enfermos, construyó viviendas y capillas, consiguió ayuda del extranjero, cuidó personalmente a los más abandonados y devolvió dignidad y esperanza a toda aquella comunidad.
  2. Con el tiempo él mismo contrajo la lepra. Y cuando comprendió que la enfermedad había comenzado a destruir su cuerpo, arrodillado ante el crucifijo dijo: “Señor, por amor a Ti y por la salvación de estos hijos tuyos, acepté esta terrible realidad”. La enfermedad deformó lentamente su cuerpo, y algunos comentaban cuánto había cambiado físicamente desde su llegada a Molokai; pero él, con profunda fe y serenidad espiritual, repetía: No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios”.
  3. Y aquí comprendemos profundamente la Palabra de Dios de hoy: Mejor es padecer haciendo el bien”. Porque existe el sufrimiento de quienes aman, sirven y entregan la vida por los demás. Pero también existe el sufrimiento causado por quienes hacen el mal, provocando dolor y muerte en otros.
  4. Hoy nuestro corazón recuerda también al fiscal paraguayo Marcelo Pecci, asesinado hace cuatro años, el 10 de mayo de 2022, mientras cumplía su misión al servicio de la justicia. Su muerte conmocionó profundamente a nuestro país y a la comunidad internacional. Todavía las investigaciones continúan en curso buscando esclarecer plenamente las responsabilidades de este crimen que golpeó dolorosamente a nuestra sociedad.
  5. Y detrás de estos hechos aparece muchas veces el rostro oscuro del sicariato organizado y de estructuras criminales que se organizan para matar, sembrando miedo y violencia, dando la espalda a los mandamientos de Dios, especialmente al mandamiento: No matarás”. Cuántas veces los autores morales buscan esconderse detrás de manos ensangrentadas, utilizando a otros para ejecutar delitos y crímenes, mientras ellos mismos permanecen ocultos en las sombras de la impunidad y de la ambición.
  6. Y también, refiriéndonos a esa palabra de la segunda lectura: Mejor es padecer haciendo el bien, que padecer haciendo el mal”, el fiscal paraguayo Marcelo Pecci sufrió y padeció la muerte haciendo el bien, buscando servir a la justicia y defendiendo a la sociedad frente al crimen organizado.

Pero frente a esa cultura de muerte, la Palabra de Dios nos recuerda que siempre será más grande quien entrega la vida por el bien y por los demás. Y aquí resuenan también las palabras de Jesús: No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

El amor del Señor crucificado es el testimonio más elocuente de que Él entrega la vida por nosotros. Cristo vivió plenamente ese amor en la cruz. Y también tantos hombres y mujeres que, sirviendo a los demás, terminan sufriendo por defender la verdad, la justicia y el bien común.

Por eso también debemos reconocer la importancia y la exigencia ciudadana de agotar todos los recursos de la justicia para esclarecer plenamente y hacer justicia en el caso Marcelo Pecci y en tantos otros crímenes que permanecen impunes hasta ahora. Una sociedad no puede acostumbrarse a convivir con la impunidad, porque cuando la verdad no se esclarece y la justicia no llega, el sufrimiento de las familias y del pueblo continúa abierto.

  1. La Palabra de Dios nos recuerda hoy que quienes causan sufrimiento y muerte no solamente dañan a otros, sino que también terminan destruyéndose interiormente por sus propias maldades. El pecado termina esclavizando el corazón humano y multiplicando el dolor en la convivencia nacional e internacional.
  2. Por eso necesitamos pedir al Espíritu Santo, que el Evangelio llama hoy “Espíritu de la verdad”, que ilumine las conciencias, fortalezca la justicia y abra caminos de conversión.
  3. Hoy también existen muchos “Molokai” en nuestra sociedad: los pobres olvidados, los ancianos abandonados, los enfermos solos, las familias heridas, los jóvenes atrapados en las adicciones y las personas descartadas por el mundo.

Y el Señor nos pregunta:
¿Quién se acercará a ellos?
¿Quién llevará esperanza?
¿Quién hará visible el amor de Dios?

  1. Jesús dice: Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. Y el gran mandamiento de Cristo es el amor. No un amor superficial o solamente sentimental, sino un amor concreto, capaz de servir, acompañar, defender la verdad y cargar la cruz del hermano.
  2. El ejemplo de San Damián de Molokai nos muestra el camino contrario al egoísmo y al crimen: el camino de la entrega, del servicio, de la compasión y del amor que construye vida.
  3. Que el Espíritu Santo, prometido por Jesús en el Evangelio de hoy, nos conceda fortaleza para amar con generosidad, servir con humildad y permanecer fieles aun en medio de las dificultades.
  4. Y que San Damián de Molokai interceda por nuestra patria y por el mundo entero, para que nunca falten hombres y mujeres capaces de entregar la vida por el bien, por la verdad y por amor a Cristo. Amén.

Asunción, 10 de mayo  de 2026

 

✠ Adalberto Cardenal Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de Asunción