1. En este 1 de mayo, Día del Trabajador, en el que la Iglesia celebra a San José Obrero, elevamos nuestra acción de gracias a Dios por todos los hombres y mujeres que, con el esfuerzo de sus manos y el compromiso de sus vidas, contribuyen a la construcción de una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

2. Desde el Arzobispado de la Santísima Asunción, queremos dirigir una palabra cercana de reconocimiento y de esperanza a todos los trabajadores de nuestra patria. En cada uno de ustedes se manifiesta la dignidad del trabajo humano, que no es solo medio de sustento, sino también camino de realización personal, familiar y social.

3. San José fue carpintero, un humilde y fiel artesano que, con el trabajo de sus manos, sostuvo a la Sagrada Familia; y en su taller de Nazaret, Jesús aprendió no solo un oficio, sino también el valor, la dignidad y la alegría del trabajo bien hecho, como expresión de amor, servicio y entrega a los demás. Así, el trabajo humano, iluminado por el ejemplo de San José, se convierte en camino de santificación y en una forma concreta de colaborar con la obra creadora de Dios, construyendo la familia y aportando al bien común de la sociedad.

4. Un aspecto que caracteriza profundamente a San José, ya destacado desde la encíclica Rerum Novarum de León XIII, es su relación con el trabajo. En él encontramos la síntesis entre fe y vida, entre esfuerzo humano y confianza en Dios.

5. En nuestra realidad nacional, el mundo del trabajo presenta desafíos que no podemos ignorar. Muchos hermanos y hermanas viven en condiciones marcadas por la inestabilidad, la falta de garantías y la ausencia de protección social. Aunque trabajan con esfuerzo y dignidad, no cuentan con los derechos básicos que aseguren su bienestar y el de sus familias.

6. Esta situación genera una profunda vulnerabilidad, ya que muchos trabajadores no tienen acceso a servicios de salud, jubilación ni seguridad ante enfermedades o accidentes. A ello se suman dificultades estructurales que afectan especialmente a quienes tienen menos oportunidades educativas o a quienes, ante la falta de empleo formal, deben recurrir al trabajo independiente para subsistir.

7. También es necesario reconocer que muchas pequeñas unidades productivas, en su esfuerzo por sostenerse, enfrentan limitaciones que las llevan a operar fuera de los marcos formales. Esta realidad interpela a toda la sociedad y nos invita a buscar caminos que promuevan condiciones laborales más justas y sostenibles.

8. Estas dificultades afectan de manera particular a los jóvenes que buscan su primera oportunidad laboral; a las mujeres, que sostienen sus hogares, y a tantos trabajadores del ámbito rural que muchas veces permanecen invisibles.

9. A esta realidad se suma el testimonio de tantos compatriotas que buscan horizontes de trabajo fuera del país. Nos acordamos hoy de manera muy especial de nuestros trabajadores en otros países, quienes, como migrantes y con esfuerzo, sostienen a sus familias desde la distancia. Así también, de quienes se encuentran sin trabajo y lo buscan con angustia y perseverancia, confiando en que no les falte la oportunidad de una vida digna.

10. Ante este panorama, estamos llamados a renovar nuestro compromiso con el trabajo digno, que garantice el sustento y respete la dignidad de cada persona. El desafío es construir una sociedad donde el trabajo sea verdaderamente un derecho accesible para todos.

11. El trabajo no es solamente una actividad económica; es participación en la obra creadora de Dios. Cada trabajador, cualquiera sea su tarea, colabora con el Señor en la construcción del mundo y sirve al bien común con sus talentos.

12. Una familia sin trabajo queda expuesta a múltiples dificultades: tensiones, fracturas e incluso la tentación de la desesperanza. Por ello, es un deber de todos promover condiciones que hagan posible una vida digna.

13. A la luz del testimonio de San José, pedimos a Dios la gracia de trabajar con honestidad, responsabilidad y espíritu de servicio, valorando cada tarea como parte de una misión mayor.

14. En este día, expresamos nuestro reconocimiento y cercanía a todos los trabajadores: a quienes sostienen sus hogares con sacrificio, a quienes sirven en silencio y a quienes buscan una oportunidad con perseverancia.

15. Que San José, fiel servidor del Señor, nos inspire a vivir la entrega generosa y la solidaridad, especialmente con quienes más lo necesitan.

16. Encomendamos a todas las familias del Paraguay a su protección paternal, para que puedan vivir con dignidad, paz y esperanza.

17. Que el Señor bendiga a todos los trabajadores de nuestra querida nación, dentro y fuera del país.

01 de mayo de 2026

 

✠ Adalberto Cardenal Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de Asunción