JÓVENES, PRIMAVERA DE ESPERANZA

Mensaje por el Día de la Juventud y de la Primavera

21 de septiembre de 2026

1. Primavera, tiempo de esperanza

Queridos jóvenes: «Alégrate, joven, en tu juventud; que tu corazón disfrute

mientras eres joven» (Ecl 11,9). Hoy celebramos la juventud y la primavera.

La primavera es tiempo de esperanza: después de un tiempo en que las

ramas parecen secas, vuelven los brotes, aparecen las flores y la vida se

renueva. También ustedes están llamados a ser primavera de esperanza: a

levantarse, florecer y dar buenos frutos allí donde Dios los ha sembrado.

2. Un corazón sabio para vivir

Rezamos con el salmista: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que

adquiramos un corazón sensato» (Sal 89 [90],12). No se trata solamente de

contar los años, sino de aprender a vivirlos con sabiduría. La juventud es

tiempo de sueños, proyectos y decisiones. Pidamos al Señor sabiduría para

elegir bien, orientar nuestros pasos y descubrir qué quiere Dios de nuestra

vida.

3. Cristo pasa y llama

Hoy, 21 de septiembre, es la fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista.

El joven Mateo tenía su trabajo, sus proyectos y su manera de organizar la

vida. Pero un día Jesús pasó, lo miró y le dijo: «Sígueme». Mateo se levantó

y lo siguió (Mt 9,9).

Jesús entró en su vida y cambió sus proyectos. No para quitarle sus sueños,

sino para abrirle un horizonte nuevo y una misión mucho más grande. Como

Mateo, ustedes también tienen sueños y proyectos. Y en medio de ellos

Cristo pasa y llama. Los invita a levantarse, seguirlo y hacer de la propia

vida un don para los demás.

4. Llamados a florecer y dar frutos

En esta primavera, el Señor los llama a florecer y dar buenos frutos, los

frutos del Espíritu Santo: «amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fidelidad»

(cf. Gál 5,22-23). Una vida joven florece verdaderamente cuando estos frutos

comienzan a aparecer en la familia, entre los amigos, en el estudio, en el

trabajo y en la comunidad.

Cada joven tiene dones y capacidades que Dios ha sembrado en su corazón.

No los entierren. Háganlos crecer y pónganlos al servicio de los demás.

5. La familia, tierra donde también florecemosQueridos jóvenes, valoren también a sus familias. Sus padres y sus

hermanos forman parte de la tierra donde Dios los ha sembrado y

donde aprendemos a amar. A veces habrá diferencias, incomprensiones

y dificultades, pero no dejen de dialogar, escuchar, perdonar y agradecer.

Agradezcan a sus padres por la vida, por sus esfuerzos y sacrificios, tantas

veces silenciosos. Sean cercanos a sus hermanos; cuídense y apóyense

mutuamente. Y cuando en una familia haya heridas o dificultades, que

ustedes puedan ser también sembradores de reconciliación, respeto y paz.

Que la primavera comience también en casa.

6. Jóvenes que ayudan a otros jóvenes

Sabemos que no todos los jóvenes pueden mirar el futuro con la misma

esperanza. Hay jóvenes desorientados; jóvenes sin trabajo, sin posibilidades

de estudiar o con un futuro incierto; jóvenes cautivos de las adicciones, de

la violencia, de la soledad y de tantas situaciones que apagan sus sueños.

Hay jóvenes caídos y postrados que necesitan una mano amiga para

levantarse. Por eso necesitamos jóvenes que sean esperanza para otros

jóvenes: que sepan escuchar, acompañar, tender la mano y caminar junto

al que atraviesa momentos difíciles. Que ningún joven quede solo al costado

del camino.

7. Levántate y sigue caminando

Hay una expresión muy hermosa en el llamado de Mateo. El Evangelio dice:

«Él se levantó y lo siguió» (Mt 9,9). Primero se levantó; después comenzó

a caminar detrás de Jesús.

También hoy Cristo dice a tantos jóvenes: ¡Levántate! Levántate del

desaliento, de la frustración, de aquello que te esclaviza, de la sensación de

que no tienes futuro. Déjate ayudar cuando sea necesario y ayuda también

a otros a ponerse de pie.

Queridos jóvenes: florezcan donde Dios los ha sembrado. No permitan

que les roben la esperanza. Que sus estudios, trabajos, sueños y proyectos

se conviertan en servicio, fraternidad y compromiso con quienes más

necesitan.

La primavera nos recuerda que siempre es posible volver a florecer.

Que Cristo renueve en ustedes la esperanza y haga de cada joven una

semilla de vida nueva para sus familias, nuestra Iglesia y nuestra sociedad.

¡Feliz Día de la Juventud y de la Primavera!

Adalberto Card. Martínez Flores

Arzobispo de Asunción