Adalberto Martínez Flores, primer cardenal en la historia de Paraguay

 «El Evangelio es para todas las latitudes»

 

«Una pastoral indígena no es solo darles lo necesario para su supervivencia sino también buscar soluciones profundas a sus problemas de tierra, techo y trabajo»

Autor: Rodrigo Moreno Quicios

 

«Cuando el Papa abrió las ventanas de su balcón para anunciar los nuevos cardenales, mi hermano me llamó, pero pensé que no podía ser porque otras veces ya sonó mi nombre y fueron bulos», cuenta con sencillez a Catalunya Cristiana Adalberto Martínez Flores. Es el primer cardenal en la historia de Paraguay y ha venido a Roma para tomar posesión de la iglesia que, como a cada purpurado, le ha asignado el Papa. En su caso, la basílica de San Giovanni a Porta Latina. También para promover la canonización de una primera santa para su país, la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, más conocida como Chiquitunga.

 

Adalberto Martínez Flores fue creado cardenal el 27 de agosto junto a otros purpurados de países hasta ahora sin representación como Timor Oriental o Mongolia. Con ellos, Francisco ahonda en su empeño de formar un Colegio Cardenalicio más similar a la distribución de los católicos en el mundo. «El Santo Padre tiene un corazón universal y una mirada especial hacia las periferias», opina Martínez Flores. Un ejemplo: en 2013 Asia y Oceanía sumaban once cardenales electores y ahora son 24, más del doble. Los italianos, en cambio, eran 28 y a finales de 2023, según vayan cumpliendo los 80 años, serán solo la mitad, 14.

 

El cardenal paraguayo subraya la comunión que vivió antes del consistorio con los nuevos purpurados. «Tuvimos una oportunidad breve de encontrarnos y creo que lo importante fue haber sido mirados por el Santo Padre. Nos dimos cuenta de que el Evangelio es para todas las latitudes», cuenta. También para todos los idiomas. Adalberto Martínez Flores explica que Paraguay dispone de dos lenguas oficiales, castellano y guaraní, y que un 80% de sus habitantes se manejan mejor en la lengua indígena. «Gracias a una evangelización inculturada se ha logrado mantener el idioma», celebra el paraguayo, quien considera «revolucionario para la época» el modo en que jesuitas y franciscanos transmitieron la fe en su país.

 

Implicado en la pastoral indígena

 

Adalberto Martínez Flores cuenta que, cuando el Papa le impuso la birreta, le dijo que «este nombramiento no ha sido un homenaje tanto a mi persona como a la fe del pueblo paraguayo». Y reivindica los 475 años de la única arquidiócesis del país, de la que es arzobispo, Asunción. Fue la primera del Río de la Plata y se creó «para ordenar y organizar la vida de los indígenas». Elogia la labor que allí tuvieron las reducciones jesuitas para salvar a los primeros pobladores del tráfico de esclavos.

 

Es un testigo que intentan recoger. «En todo el Paraguay existe la Coordinación Nacional de Indígenas», explica el purpurado. No son muchos en el país, aproximadamente 120.000 de una población de 7 millones. Sin embargo están en el centro de la mirada de religiosos, religiosas y «un equipo de personas que realmente ha entendido que una pastoral indígena no es solo darles lo necesario para su supervivencia sino también buscar soluciones profundas a sus problemas de tierra, techo y trabajo».