Evangelio de hoy

MARTES VII DE PASCUA

Evangelio según San Juan 17, 1-11a

“Glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: “Padre, ha llegado la Hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Ésta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti”. Palabra del Señor.

Meditación

El texto nos presenta la oración sacerdotal de Jesús como “el acto fundacional de la Iglesia y la máxima expresión del ‘misterio pascual'” (Benedicto XVI). En ella expresa su glorificación e intercede por nosotros, y nos asegura su perenne presencia. “es una estrategia pastoral para consolar y fortalecer a sus discípulos ante la inminencia de su pasión” (San Juan Crisóstomo).

Jesús no pide sacar a los suyos de las dificultades cotidianas de la sociedad, sino pide que no caigamos en la mundanidad. El cristiano debe ser fermento que transforme el mundo con su testimonio de fe, esperanza y caridad. Pidamos que el Espíritu Santo nos ilumine y nos fortalezca para “no tener miedo ni callarse ante las injusticias y los desafíos actuales”

¡Gracias, Señor por ser nuestro Sumo y Eterno Sacerdote!