Jornada Mundial de los Comunicadores Sociales 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
2. La solemnidad de la Ascensión del Señor nos sitúa espiritualmente en la montaña de Galilea. Allí, Jesús resucitado se encuentra con sus discípulos. El Evangelio nos dice algo profundamente humano y esperanzador: Al verlo, ellos se postraron, aunque algunos todavía dudaban(Mt 28,17). Jesús no espera discípulos perfectos para confiarles la misión. Se acerca también a quienes tienen fragilidades, temores y dudas. Y a ellos les entrega el anuncio más grande y la misión más universal:
3. Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado(Mt 28,18-20).
4. La Ascensión no es una despedida triste, ni una ausencia de Cristo. Es el comienzo de la misión de la Iglesia. Jesús asciende al Padre, pero permanece con nosotros de una manera nueva y definitiva. Él mismo nos promete: Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo(Mt 28,20).
5. Antes de subir al cielo, el Señor anuncia también: Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos(Hch 1,8). El discípulo no anuncia con sus solas fuerzas. La misión nace del Espíritu Santo. Es el Espíritu quien nos da valentía, sabiduría y discernimiento para comunicar la Buena Noticia en medio del mundo.
6. La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta a los discípulos mirando al cielo mientras Jesús asciende. Y los ángeles les preguntan: Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo?(Hch 1,11). Esta pregunta también resuena hoy en nosotros. La Ascensión no nos invita a escapar del mundo, sino a comprometernos más profundamente con la historia humana iluminándola con el Evangelio.
7. Por eso hoy celebramos también la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Incluso podríamos decir: celebramos la Jornada de las Comunicaciones de la Buena Noticia del Evangelio. Porque todos los discípulos y seguidores de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6), estamos llamados a comunicar su vida, sus enseñanzas, su verdad y su misericordia, para que todos los pueblos crean que Él es el Señor, el Mesías y Salvador.
8. Así como los primeros discípulos transmitieron la Buena Noticia a través de la palabra anunciada de pueblo en pueblo, también comenzaron muy pronto a utilizar los medios escritos disponibles en su tiempo para contar lo que habían visto, oído y vivido con Jesús el Mesías. Los Evangelios, las cartas apostólicas y los primeros testimonios de la fe fueron escritos en papiros y pergaminos, copiados pacientemente a mano y transmitidos de generación en generación. Con el paso de los siglos, la humanidad fue desarrollando nuevos instrumentos de comunicación. La invención de la imprenta con letras metálicas reutilizables para imprimir textos, realizada por Johannes Gutenberg hacia el año 1450, marcó un cambio histórico extraordinario, permitiendo la difusión más amplia de la Biblia, de libros, panfletos, diarios y revistas.
9. Más adelante surgieron el telégrafo eléctrico, el código Morse y también la taquigrafía moderna en el siglo XIX. Luego apareció el teléfono en 1876 (hace 150 años). Después llegaron la radio, la televisión y, ya en el siglo XX, los primeros satélites para comunicaciones globales. Más tarde aparecieron las computadoras, internet, los teléfonos móviles, los teléfonos inteligentes, las redes sociales y ahora progresivamente la inteligencia artificial. Son instrumentos y formas de comunicación que han progresado enormemente a lo largo de los siglos y que hoy pueden convertirse en herramientas providenciales para anunciar el Evangelio y comunicar la Buena Noticia de Jesucristo al mundo entero.
10. Pero muchas veces los verdaderos medios de comunicación fueron las personas mismas, quienes transmitieron el Evangelio con la propia vida, con el testimonio, con la entrega y hasta con el martirio. Antes incluso de muchos instrumentos tecnológicos, la fe se comunicaba de corazón a corazón, de comunidad en comunidad, mediante hombres y mujeres transformados por el Espíritu Santo.
11. Podemos pensar en nuestros santos paraguayos, San Roque González de Santa Cruz y sus compañeros mártires, quienes fueron verdaderos comunicadores de la Buena Noticia. Ellos abrieron caminos de evangelización, fundaron pueblos y comunidades, aprendieron las lenguas de los pueblos originarios y anunciaron a Cristo con palabras, pero sobre todo con sus vidas. Guiados por el Espíritu Santo, escribieron con su testimonio el relato vivo del Evangelio. Su vida fue el mensaje; su fidelidad fue la comunicación más creíble de Jesucristo Salvador. Como San Roque González y compañeros mártires, quienes escribieron páginas de gloria, no con pluma ni tinta, sino con su propia sangre derramada por amor a Cristo y al Evangelio.
12. También podemos recordar con gratitud a nuestro siervo de Dios, el presbítero Julio César Duarte Ortellado, quien siendo párroco en Ybycuí, fue un verdadero transmisor del pastoreo evangélico. Con sencillez, cercanía y profundo amor pastoral, ayudó a muchos fieles a cambiar su estilo de vida, orientándolo hacia el estilo de vida de Jesucristo, Buen Pastor y Señor. Con su testimonio sacerdotal abrió caminos de encuentro, tendió puentes entre comunidades y fortaleció la comunicación fraterna entre las personas. Su vida nos recuerda que la evangelización más profunda nace de la coherencia, del servicio y de la santidad vivida cotidianamente. Él también fue un verdadero comunicador de la Buena Noticia con su palabra, pero sobre todo con su vida entregada al pueblo de Dios.
13. Y tampoco podemos olvidar el luminoso testimonio de nuestra beata María Felicia de Jesús Sacramentado, conocida cariñosamente como Chiquitunga, quien plasmó en su vida, en sus escritos y en sus diarios espirituales un profundo testimonio de amor a Cristo. Sus palabras nacidas de la oración, del servicio y de la entrega total al Señor han calado profundamente en el corazón de nuestra patria y continúan comunicando esperanza, alegría y santidad a tantos jóvenes y familias. Su vida fue también un mensaje vivo del Evangelio, mostrando que la verdadera comunicación nace de un corazón unido a Dios y abierto al amor hacia los demás.
14. En continuidad con este espíritu evangelizador y misionero, el Papa León XIV, en su mensaje para esta 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, nos invita a comunicar el Evangelio utilizando responsablemente los medios actuales, sin perder nunca el sentido profundamente humano de la comunicación. El Santo Padre nos recuerda que la tecnología debe estar al servicio de la persona humana y no la persona sometida a la tecnología. Por eso nos deja una expresión profundamente iluminadora: Custodiar voces y rostros humanos.
15. Dios ha querido al ser humano como interlocutor suyo. Como decía san Gregorio de Nisa, Dios ha impreso en cada persona su rostro, un reflejo del amor divino. Custodiar los rostros y las voces humanas significa entonces conservar ese sello sagrado e indeleble del amor de Dios presente en cada persona.
16. El gran desafío de la comunicación hoy no es solamente tecnológico; es profundamente antropológico y espiritual. Custodiar rostros y voces humanas significa también cuidarnos a nosotros mismos, proteger nuestra dignidad, nuestra verdad y nuestra capacidad de relacionarnos auténticamente.
17. El Papa León XIV advierte que la inteligencia artificial puede brindar ayuda y asistencia en muchas tareas comunicativas, pero también puede llevarnos a evitar el esfuerzo de pensar por nosotros mismos, conformándonos con respuestas automáticas, recopilaciones estadísticas o informaciones superficiales que debilitan nuestra capacidad crítica, reflexiva y humana.
18. El riesgo es grande. Pero el desafío no consiste en rechazar la innovación tecnológica, sino en orientarla éticamente y ser conscientes de su carácter ambivalente. Nos corresponde alzar la voz en defensa de la persona humana, para que estos instrumentos sean realmente aliados al servicio de la verdad, de la justicia y del bien común.
19. Las agencias de noticias y los medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados únicamente al beneficio o a la manipulación prevalezcan sobre la fidelidad a la verdad y los valores profesionales. La confianza del pueblo se gana con transparencia, responsabilidad y búsqueda sincera de la verdad, no con amplificaciones artificiales o contenidos manipulados.
20. Sabemos también del mal uso de la inteligencia artificial para crear discordias, difundir falsedades, denigrar personas, manipular imágenes y voces, generar acoso digital, ciberacoso y violaciones de la intimidad humana. Muchas veces se utilizan perfiles anónimos para tirar la piedra y esconder la mano, destruyendo reputaciones y sembrando odio.
21. Por eso el Papa León XIV insiste en la necesidad de una alfabetización mediática y ética de la inteligencia artificial, para no dejarnos arrastrar por la desinformación o el descontrol tecnológico, sino aprender a utilizar estas herramientas con responsabilidad y discernimiento moral.
22. Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar verdaderamente a la persona humana. Necesitamos custodiar una comunicación profundamente humana, capaz de transmitir verdad, compasión, respeto y encuentro.
23. Y en medio de todo esto, la Iglesia tiene una misión inmensa: anunciar a Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida(Jn 14,6). No una verdad virtual o manipulada, sino la verdad viva y real de Cristo resucitado, que camina con nosotros y desenmascara todas las falsedades que destruyen la dignidad humana.
24. Jesús ha venido para liberar al ser humano de toda mentira, manipulación y oscuridad. También hoy quiere iluminar el mundo digital, las redes sociales y las nuevas tecnologías con la luz del Evangelio.
25. Que los medios, las redes y las nuevas tecnologías sean instrumentos para comunicar la Buena Noticia de Jesucristo y no caminos de deshumanización. Que sepamos custodiar siempre los rostros y las voces humanas, porque en cada persona resplandece la imagen de Dios.
26. En este día queremos también expresar nuestra gratitud y cercanía a tantos comunicadores, periodistas, trabajadores de prensa y servidores de la comunicación que, con honestidad y sacrificio, buscan comunicar la verdad en medio de tiempos difíciles. Vivimos en una cultura marcada muchas veces por la llamada posverdad, donde las emociones, las manipulaciones ideológicas o los intereses particulares terminan teniendo más fuerza que los hechos objetivos y la verdad misma. En ocasiones se intenta construir relatos falsos, distorsionar la realidad o sembrar confusión para manipular la conciencia de las personas. Frente a ello, el auténtico comunicador está llamado a servir a la verdad con valentía, ética y responsabilidad.
27. Agradecemos profundamente a aquellos comunicadores que investigan con seriedad, que buscan la verdad con honestidad intelectual y que trabajan por una sociedad más transparente, más justa y más humana. Muchos de ellos quizás no se definan cristianos, pero son hombres y mujeres de buena voluntad que comprenden que sin verdad no hay justicia, sin verdad no hay confianza y sin verdad no puede construirse la paz social.
28. Recordamos también con respeto y gratitud a tantos periodistas y comunicadores que en nuestro país han sufrido amenazas, persecuciones e incluso han perdido la vida por denunciar injusticias, corrupciones, violencias y estructuras de muerte. Sus voces muchas veces resultaron incómodas para quienes quisieron callar la verdad. Recordamos, entre otros, al periodista Santiago Leguizamón, asesinado por su compromiso con la verdad; a Pablo Medina, cuya labor periodística denunció vínculos oscuros entre el crimen organizado y la corrupción; y más recientemente al fiscal paraguayo Marcelo Pecci, quien, buscando justicia y verdad, sufrió la violencia criminal. Sus vidas nos recuerdan que la verdad muchas veces tiene un costo alto, pero también que el silencio frente al mal nunca puede ser el camino.
29. Que la sangre derramada por tantos servidores de la verdad no quede estéril ni impunes. Que su memoria nos impulse a construir una cultura de la verdad, de la justicia y de la responsabilidad ética en la comunicación. Necesitamos comunicadores valientes, libres de manipulaciones, capaces de custodiar la dignidad humana y defender el bien común.
30. Y nosotros, como discípulos de Jesucristo, estamos llamados a comunicar siempre desde la verdad y el amor. Porque Jesús no sólo anuncia la verdad: Él mismo es la Verdad (cf. Jn 14,6). En Él encontramos la luz que desenmascara la mentira, sana las heridas y reconcilia los corazones.
31. Que María Santísima, Madre de la Iglesia, acompañe y proteja a todos los comunicadores sociales de Jesucristo, que Él mismo nos ha dicho: Yo soy el camino, la verdad y la vida(Jn 14,6), para que sus voces y sus trabajos sean siempre instrumentos de encuentro, fraternidad, esperanza, justicia y paz; comunicadores capaces de iluminar las oscuridades de nuestro tiempo con la luz del Evangelio y de custodiar siempre la dignidad de toda persona humana.

                  Asunción, 17 de mayo  de 2026

 

✠ Adalberto Cardenal Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de Asunción