Evangelio de hoy

Sábado de la 24ª Semana del Tiempo Durante el Año

Evangelio según San  Lucas 8, 4-15

“El que tenga oídos para oír, que oiga”

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: “El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno”. Y una vez que dijo esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”. Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender. La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia”. Palabra del Señor.

Meditación

Santa Hildegarda, virgen y doctora de la Iglesia, fue abadesa benedictina, escritora, mística, filósofa, teóloga, compositora de música, experta en ciencias naturales y medicina, consejera de príncipes, papas y emperadores. San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia fue jesuita, gran teólogo, defensor de la sana doctrina, asesor de papas. En tiempos de Jesús se utilizaban las comparaciones y las parábolas (narraciones que recogían elementos de la cotidianidad para comunicar un mensaje, normalmente oculto, donde los destinatarios debían usar todas sus facultades para comprender el mensaje, iluminados por la fe). Usaban este género rabinos, hombres de la calle, escritores apocalípticos, entre ellos, Jesús, con gran profundidad humana y una limpidez literaria difícil de encontrar en esa época. Quienes no están dentro del camino del discipulado, no podrán entender su sentido verdadero.

La Palabra de Dios se compara a una semilla que se arroja a la tierra; y sólo si la acoge y colabora con ella ofreciéndole su alimento y cobijo verdadero, la semilla podrá fructificar. Sólo cuando el ser humano la recibe y la cultiva voluntariamente puede florecer el germen de esa Palabra en su corazón. Algunos aceptan dicha Palabra y, otros, la rechazan; otros aceptan inicialmente y terminan en un fracaso; y otros, por ser inconstantes o por exceso de problemas de este mundo llegan a asfixiar y a destruir la tierna vida de la plantita que debe crecer, enseñando al desapego de las cosas del mundo centrándose sólo en Dios.

Se condenarán quienes no se preparan para acoger la semilla de la Palabra de Dios en el corazón. Estamos en el mes de la Biblia, y queremos que el ministerio de la Palabra de Dios, está al servicio de todos, sin privilegiar a ningún sector. Prediquemos en terrenos fértiles, áridos y secos. Así Dios nos mira: a todos y, en todos quiere sembrar su amor para que crezca el contenido de la misericordia en cada corazón.

Perdón Señor porque muchas veces ha llegado a nuestros corazones tu Presencia y tu Palabra, pero nuestro corazón, no estaba preparado como lugar fértil para germinar el amor misericordioso. Ayúdanos a tener corazones bien dispuestos y a seguir preparándonos con humildad y hasta, en ocasiones, humillaciones para que continúes tu obra salvadora. Gracias por ser generoso en sembrar siempre y con tanta paciencia en nuestras vidas, esperando encontrar una tierra fértil para acoger adecuadamente el proyecto del reino. Amén.