Por ley de la nación, el cuarto domingo de abril está dedicado a la familia en el Paraguay, con el objetivo de resaltar su rol fundamental como cimiento de la sociedad. Esta vez el Día Nacional de la Familia (Ley N.º 5425/2015) lo celebramos en el contexto del Año dedicado al Bien Común.
El Papa León XIV destaca a la familia “como un don y una tarea” y considera crucial fomentar la corresponsabilidad y el protagonismo de las familias en la vida social, política y cultural, promoviendo su valiosa contribución en la comunidad.
El Santo Padre reconoce que “…Hoy en día hay auténticas amenazas a la dignidad de la familia, como, por ejemplo, los problemas relativos a la pobreza, la falta de trabajo y de acceso a los sistemas de salud, los abusos a los más vulnerables, las migraciones, las guerras”.
A estas amenazas enunciadas por Su Santidad, hay que agregar el relativismo moral potenciado por un mundo tecnológico digital que impacta en la institución familiar debilitando la comunicación directa, cuestionando los valores tradicionales y fomentando un individualismo y aislamiento que debilitan los lazos afectivos.
La familia desarrolla una función de formación humana insustituible; es la primera escuela de valores sociales, de comunión, de libertad y de solidaridad. Es también custodia y defensora de la vida, ámbito donde toda persona es acogida, cuidada y educada en el amor. El testimonio de los padres educa a los hijos en el respeto de la dignidad humana de cada persona, en los valores éticos y morales; allí se comienza a honrar a Dios y a ejercer la libertad con responsabilidad. De ahí que la familia sea también cuna de vocaciones, donde nacen y maduran las primeras llamadas al amor, al servicio, al matrimonio cristiano, al sacerdocio y a la vida consagrada.
En cada hijo, en cada esposa o esposo, “Dios nos encomienda a su Hijo, a su Madre, como hizo con San José, para ser, junto a ellos, base, fermento y testimonio del amor de Dios en medio de los hombres. Para ser Iglesia doméstica y hogar donde arda el fuego del Espíritu Santo, difunda su calor, aporte sus dones y experiencias para el bien común y los convoque a todos a vivir en esperanza”.
La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En la familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario… ninguno de sus miembros debe sufrir por encontrarse en necesidad (Deus Caritas Est, 25b).
El Estado paraguayo reconoce la familia como fundamento de la sociedad en el artículo 49 de la Constitución Nacional y dispone que se promoverá y se garantizará su protección integral, algo que aún dista de cumplirse cabalmente porque subsisten condiciones estructurales de pobreza, hay inequidad en la distribución de tierra, el acceso a los servicios de salud sigue con falta de medicamentos y de todo tipo de insumos y servicios, y no se dan las condiciones de protección social a todos los ciudadanos.
En el Paraguay la figura de familia tiene características que no podemos desconocer y exige abordarlas desde un enfoque pastoral: la mujer cabeza de familia, madres solteras, la ausencia del padre, la familia extendida donde la abuela está al cuidado de los nietos, las familias heridas por la migración, separaciones, la orfandad de hijos con padres separados o distanciados, la violencia intrafamiliar, feminicidios, abusos de niños y otros atropellos a la dignidad de las personas.
La familia es promotora del bien social y del bien común; allí se aprende que el lema de este año —“Denles ustedes de comer”— comienza en la mesa compartida del hogar, en el cuidado mutuo, en el pan repartido, en la solidaridad cotidiana, en la fe vivida y transmitida de generación en generación. La familia sigue siendo esperanza de la patria y primera escuela de fraternidad.
Por eso, en este año dedicado al Bien Común, pidamos a Dios por nuestras familias, por nuestra comunidad, por la Iglesia y por la sociedad nacional para que cuidemos y fortalezcamos la familia y la vida plena de cada persona humana, en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural.
Que la Sagrada Familia de Nazaret —Jesús de Nazaret, María y José de Nazaret— acompañe a nuestras familias paraguayas, las fortalezca en las pruebas, las sostenga en la esperanza y las haga verdaderas artesanas del bien común.
Asunción, 26 de abril de 2026
✠ Adalberto Cardenal Martínez Flores
Arzobispo Metropolitano de Asunción
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