En la tradición popular, el día de hoy es conocido como el VIERNES DE DOLRES. Como una forma de tener presente el misterio de la cruz, muerte y resurrección del Señor se recuerda a la Virgen Dolorosa, que estuvo  al pie de la cruz junto a su hijo Jesucristo. Todo eso forma parte de nuestra tradición popular litúrgica y religiosa aquí en Paraguay y muchos otros lugares.

La virgen maría está íntima y estrechamente unida al misterio de la cruz de su hijo Jesús.

Por este motivo a continuación compartimos con ustedes un antiguo himno litúrgico conocido como “Stabat Mater” (Estaba la Madre), es una secuencia atribuida al Papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Se la data en el siglo XIII. La misma medita sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo.

Stabat Mater

Se encontraba la Madre dolorosa
junto a la cruz, llorando,
en que el Hijo moría,
suspendido.

Con el alma dolida y suspirando,
sumida en la tristeza,
que traspasa el acero
de una espada.

Qué afligida y qué triste se encontraba,
de pie aquella bendita
Madre del Hijo único
de Dios.

Cuánto se dolía y padecía
esa piadosa Madre,
contemplando las penas
de su Hijo.

¿A qué hombre no va a hacer llorar,
el mirar a la Madre de Cristo
en un suplicio tan tremendo?

¿Quién es el que podrá no entristecerse
de contemplar tan sólo a esta Madre
que sufre con su Hijo?

Ella vio a Jesús en los tormentos,
sometido al flagelo,
por cargar los pecados
de su pueblo.

Y vio cómo muriendo abandonado,
aquél, su dulce Hijo,
entregaba su espíritu
a los hombres.

Madre, fuente de amor,
que yo sienta tu dolor,
para que llore contigo.

Que arda mi corazón
en el amor de Cristo, mi Dios,
para que pueda agradarle.

Madre santa,
imprime fuertemente en mi corazón
las llagas de Jesús crucificado.

Que yo pueda compartir
las penas de tu Hijo,
que tanto padeció por mí.

Que pueda llorar contigo,
condoliéndome de Cristo
todo el tiempo de mi vida.

Quiero estar a tu lado
y asociarme a ti en el llanto,
junto a la cruz de tu Hijo.

Virgen, la más santa de las vírgenes,
no seas dura conmigo:
que siempre llore contigo.

Que pueda morir con Cristo
y participar de su pasión,
reviviendo sus dolores.

Hiéreme con sus heridas,
embriágame con la sangre
por él derramada en la cruz.

Para que no arda eternamente
defiéndeme, Virgen,
en el día del Juicio.

Jesús, en la hora final,
concédeme, por tu madre,
la palma de la victoria.

Cuando llegue mi muerte, yo te pido,
oh Cristo, por tu madre,
alcanzar la victoria eterna.