Evangelio de hoy

VIERNES DESPUÉS DE CENIZA

Evangelio según San Mateo 9, 14-15 

 “Y Entonces ayunarán”

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. Palabra del Señor.

Meditación

En este tiempo de cuaresma se nos pide ayuno y abstinencia: El ayuno es privarse de la comida que normalmente hacemos. Se pide que en ese día no se coma nada de lo que solemos comer, lo que se nos permite es comer pan y tomar agua. La abstinencia es privarse de comer carne y de algunos lujos en nuestra alimentación ofreciendo por una intención. Pero el ayuno o abstinencia no tienen sentido sin la oración, porque llegar a ayunar es una Gracia, pedida y concedida por Dios porque somos frágiles y débiles, necesitados de recibir lo que Él nos quiere dar con su Gracia.

La penitencia esencial que Dios pide es el servicio a los hermanos necesitados: liberarlos del hambre, de la opresión, del frío, de la desnudez, de la ignorancia, de la injusticia. El necesitado es nuestro hermano, a quien ayudamos con una mirada de fe, viendo en cada uno de ellos al mismo Cristo, pues todo lo que hagamos por los pequeños, lo hacemos por Cristo; en ese contexto Dios escucha nuestra oración, y nos salva, nos acoge regalándonos su misericordia. Lo que en definitiva Jesús hace es denunciar proféticamente el formalismo religioso de aquella época que no trascendía en practicar obras de misericordia.

El Esposo está con nosotros y es tiempo de compartir con Él, quien se manifiesta a través de los mendigos, los presos, los enfermos de distintas layas, las personas pobres y en situación de calle, las personas que no tienen trabajo y están sin techo, las personas que pasan hambre, los indígenas siempre olvidados y marginados en nuestro sistema social, los que no tienen voz para defenderse en este mundo, etc. En ese servicio desinteresado y con profunda mirada de fe, viendo a Cristo que vive en cada hermano, es donde se encuentra la verdadera alegría, porque “con Cristo nace y renace la alegría” (EG 1).

Perdón Señor por no alegrarnos profundamente con tu llegada a la historia humana y a nuestra historia particular, pues tantos problemas hoy día nos dan mucha tristeza y, a veces, desesperanza. Ayúdanos a vivir siempre alegremente el don de tu Presencia y tu Palabra, que nos iluminan a ser cada vez más generosos y solidarios con los hermanos que más necesitan en nuestra sociedad. Gracias por renovarnos, por revitalizarnos al invitarnos a participar de la boda eterna celebrando la victoria sobre el pecado y la muerte. Amén.