Evangelio de hoy

MIÉRCOLES II DE PASCUA

Evangelio según San Juan 3, 16-21

“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único ”

Dijo Jesús: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es condenado, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios”. Palabra del Señor.

Meditación

      Dios nos ama ciertamente. San Juan Crisóstomo recuerda las expresiones de San Juan y de San Pablo para que valoremos la vida nueva en Cristo.

     “Silenciando todo lo que Cristo ha hecho para nuestra utilidad y solaz, vuelve casi obsesivamente al tema de la cruz, al decir: – La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros pecadores, murió por nosotros. De este hecho, san Pablo intenta elevarnos a las más halagüeñas esperanzas: – Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! El mismo Pablo tiene esto por motivo de gozo y de orgullo, y salta de alegría escribiendo a los Gálatas: – Dios me libre de gloriarme si no en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Comentario sobre Rom 8,22).

     Cada Año, pues, al culminar los recorridos de la via crucis nos disponemos a celebrar la via lucis, durante la cincuentena pascual. San Juan Pablo II decía ante las preguntas de los jóvenes: “La respuesta silva en el viento. Pero no en el viento que todo lo dispersa, sino en el soplo y voz del Espíritu (Jn 3,8; Ap 22,17). Se trata de recorrer “un solo camino, Cristo. Por eso les digo: en las encrucijadas donde convergen los muchos senderos, pregúntense sobre el valor de la verdad de todas sus opciones. Aunque la decisión sea difícil y dura, y que la tentación del desaliento resulte insistente” (Bolonia, 1997).

¡El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó!

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/
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