HOMILIA EN LA BENDICION E INAUGURACION DEL TEMPLO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS – BARRIO SAN FRANCISCO – ASUNCIÓN

13.08.18

Queridos Hermanos:

Hoy es un día de especial, de gran alegría para nosotros.

Comencemos por comentar la Palabra de Dios que ilumina nuestra celebración.

El Evangelio de San Juan es un hermoso testimonio sobre Jesús. El hecho es muy sencillo. Jesús se encontró con una mujer samaritana y le pidió de beber.

La mujer es samaritana y están muy cerca del monte Garizim, cuyo templo había sido destruido (4,20) y arrasado la ciudad de Siquem. Jesús pidió de beber, y era del agua de pozo, siendo que él daría el agua viva, que se asemeja al agua de río, que en este caso será el Espíritu de Dios. Se encontró con la hostilidad de dos pueblos y la división religiosa, que están llamados a la unidad como pueblo de Dios y a la continuidad de un centro dado por Dios. Y si bien, ese centro estaba entre los judíos, Jesús anuncia al mismo tiempo la supresión de los límites humanos de las religiones para que reine la adoración en espíritu y en verdad.

Qué bueno es que nos reunamos hoy en asamblea festiva, en esta nueva Parroquia de San Francisco de Asís, en el barrio San Francisco, para la bendición de esta casa de oración. Aquí muchas veces, iremos elevando nuestras oraciones, escuchando la Palabra de Dios y celebrando la Eucaristía, fuente y culmen de la Iglesia.

Decía San Agustín (sermón 336), al bendecir un templo en el norte de África, a comienzos del siglo V, que los templos somos nosotros los cristianos. Los templos, en la tradición cristiana, son figura de la Iglesia, porque en ellos se nos proclama la Palabra de Dios y es el lugar propio de los sacramentos de la salvación. Es donde el pueblo cristiano hace fiesta en honor de Dios y comienza a vivir en el orden de la gracia lo que espera vivir en la gloria.

Quien traspasa la puerta del templo, entra por el mismo Cristo y no sale de este espacio sin recibir el consuelo del perdón que dignifica su condición de hijo de Dios, porque se cumple lo que escuchamos del profeta Isaías: «Les daré en mi Casa y dentro de mis muros un monumento y un nombre más valioso que los hijos y las hijas».

Al escuchar la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía, estos dos momentos del rito santo, constituyen la razón primera y fundamental por la que hemos levantado este edificio. En él, queremos escuchar su Palabra salvadora y celebrar los misterios que nos santifican. En cada templo que dedicamos al culto, los cristianos nos congregamos en torno al altar, confesamos nuestra fe bautismal y nos alimentamos del Pan de Vida.

Hay en esto una singular paradoja, porque en realidad el verdadero templo somos nosotros, los que hoy estamos reunidos para su inauguración, porque este templo que nos contiene, estas paredes, con este techo y aún su sobria belleza interior, nos están representando.

Al hacer visible en el lenguaje del arte arquitectónico lo que es la Iglesia, son imágenes de nosotros mismos. Y hasta el más humilde de los templos nos recuerda que cada uno de nosotros somos piedras vivas, bien trabadas y unidas por el vínculo del amor fraterno, y Cristo viene a ser la piedra basal sobre la cual se levanta todo el edifico. Y aún más, en cada visita al templo se agita el agua de nuestro bautismo y se nos recuerda que «nosotros somos templos del Dios viviente» (2Cor 6,16).

Al entrar al tempo experimentamos su fuerza significante pues somos templos vivos del Espíritu Santo (cfr. 1Cor 6,19). Aquí también se cumple la sentencia del profeta: «Los colmaré de alegría en mi Casa de oración y será llamada Casa de Oración para todos los pueblos».

El templo es un lugar privilegiado del encuentro de Dios con su pueblo peregrino. Él, que no hace acepción de personas, escucha la oración del justo como la del pecador arrepentido, porque no deja de bendecir a quien se acerca con corazón contrito y espíritu humilde.  El espacio sagrado y el silencio invitan a la intimidad divina, a la oración serena, a la acción de gracias, a las lágrimas sinceras de la conversión y a la más profunda de las alegrías: el de saberse amado por nuestro Padre del Cielo. Jesús llamó al templo «la Casa de mi Padre» y nos ha invitado a orar en espíritu y en verdad. Por eso, tal vez, los templos cristianos tienen algo de la casa paterna, donde el hijo pródigo siempre es bien recibido.

En los domingos, -que es la pascua semanal – la Iglesia prepara la mesa del altar y recibe con alegría a sus hijos a celebrar al Dios de la vida. En el templo, también encontramos el regazo de ternura de la Virgen Madre para quienes la invocan, y el auxilio de nuestros amigos que viven en la comunión de los Santos. El Señor, que había anunciado que su cuerpo glorificado iba a ser el nuevo templo de los tiempos venideros (cfr. Jn 2,21), también se identifica con la fuente de agua vivificante que brotará de él. Estas palabras de Jesús se refieren al Espíritu Santo que todavía no había sido donado a los hombres; recién lo iba a donar después de su glorificación. Así lo expresa a sus discípulos: «Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se los enviaré (Jn 16,7). El Espíritu Don deberá brotar del cuerpo de Jesucristo, y eso acontece cuando ya muerto en la Cruz, «uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua» (Jn 19,30). Jesús se convierte así en un manantial de agua viva. Es el agua desbordante que brota del templo de su cuerpo, como un «torrente desbordante de la Sabiduría» (Prov 18,4).

Al bendecir este templo, expreso un anhelo: que las personas que entren por esa puerta, las familias con sus hijos, los niños, jóvenes, adultos y ancianos, los sanos y enfermos… y cuantos podrán encontrarse aquí en este magnífico templo, se sientan como en su casa y así tengan la oportunidad de un feliz encuentro personal con Jesús. Que todos los que deseen pasar gusten de la fuente de la misericordia divina. Confíen y «descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes» (1Pe 5,7).

Estoy seguro que después de ese encuentro con el Señor, su amistad les dará una nueva orientación a sus vidas y se convertirán en discípulos misioneros de su causa, porque «la Misión es el amor que no podemos callar», dice el Papa Francisco.

Demos gracias por esta Casa de oración, que ya se constituye en el centro espiritual del Barrio San Francisco. Gracias por el altar donde los cristianos ofrecemos nuestras pobres oraciones y sacrificios, con la esperanza de alcanzar misericordia del Dios compasivo y clemente. Gracias por estar dedicado este templo a San Francisco de Asís, en nombre del Papa Francisco, pues, ese santo de la paz y de la ecología, seguirá protegiendo este Barrio con su incesante intercesión.

Un poco de historia

Después de la visita al Paraguay del Papa Francisco, el Presidente de la República, don Horacio Cartes se sintió con un mayor compromiso para con nuestros hermanos necesitados de la Chacarita y comenzó el proyecto del Complejo habitacional del Barrio San Francisco, que ahora es ya una hermosa realidad, una sinfonía de amor y de caridad, en honor al Papa y en auxilio a los queridos chacariteños y vecinos de Zeballos.

Como Pastor de esta Iglesia particular de la Santísima Asunción he querido acompañar está proceso de cambio, de nueva vida de estos hermanos nuestros. Hemos asumido este desafío de acompañar a la gente, e inmediatamente hemos asignado a la Pastoral Social y a un sacerdote del presbiterio para acompañar a los beneficiarios en sus necesidades en el orden espiritual y social.

De esta manera,  tras acompañar la mudanza el día 11 de diciembre  del primer grupo de habitantes del Barrio he autorizado la celebración de la Eucaristía los Domingos y Fiestas de guardar y gracias a la colaboración de las instituciones presentes en el barrio y los fieles se ha podido realizar en forma ininterrumpida hasta hoy como también los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los enfermos.

En lo que respecta a lo social, pocos días después tras firmar un acuerdo con Itaipú, la Secretaría de Acción Social y Senavitat, se concretó y comenzó a funcionar el comedor de niños y de adultos mayores que deseamos siga sirviendo a la comunidad.

Con gran alegría hoy recibimos este templo en honor a san Francisco ya terminado. Es un regalo de Dios para la comunidad para adorarlo en Espíritu y en verdad. ¡Que mejor que agradecer a Dios sacándole el mayor provecho posible!

Hermanos y hermanas de este barrio: ¡No se conformen solo con la Misa Dominical! Que este sea un lugar para estar con el Señor, quien estará esperándoles, en su templo y el sagrario, para escucharles y sanarles física y espiritualmente, de modo que sigan construyendo sus familias cristianas y sean parte activa de la nueva comunidad parroquial.

Sea para ustedes lugar de encuentro para la formación de nuestros niños y jóvenes, en la Iniciación de la Vida Cristiana y en la formación de matrimonios y de familias cristianas al servicio del barrio.

Contamos no sólo con un hermoso y espacioso templo sino también con la necesaria infraestructura y equipamiento para la formación y para los encuentros de reflexión en pequeñas comunidades y así desde aquí salir para llegar a los hermanos con la Palabra de Dios y atraerlos hacia Cristo y la Iglesia.

Nos queda a nosotros la misión de construcción la comunidad viva! Para ello, cuento con ustedes para que como lo viene haciendo un pequeño grupo de fieles junto con la religiosa que les acompaña, sigan animando a todos a través de las visitas a las familias, el rezo del Santo Rosario en los bloques y manzanas, de manera que no sólo esté lleno el templo todos los domingos sino se formen pequeñas comunidades en las que se profundice la fe, se crezca en la oración y se practique la caridad con los más necesitados.

Esta es una tarea de todos. El barrio San Francisco ¡es un desafío de nueva vida! A esto se llega con el esfuerzo de ser mejor cristiano y ciudadano, cada día, bajo la intercesión de nuestra Madre la Virgen de la Asunción!

Agradezco al Señor Presidente, don Horacio Cartes, a Itaipú Binacional, a Senavitat, a la Secretaría de Acción Social, a Hábitat global, a la Schola Cantorum, a la Policía Nacional, por todo el esfuerzo realizado, en favor de estos hermanos nuestros y les insto a seguir trabajando ya que esta misión apenas se ha iniciado.

Que el Señor les recompense a todos y que la Virgen de la Asunción, patrona de nuestra Arquidiócesis y del Paraguay  cuya fiesta ya estamos celebrando en su víspera, les bendiga y acompañe.

+ Monseñor Edmundo Valenzuela Mellid

Arzobispo de la Santísima Asunción